Histórico
15 noviembre 2012Ariel Judas

Brasil: La polémica crucifixión de Neymar

La Conferencia Nacional de Obispos de Brasil puso el grito en el cielo. La portada de la edición del mes de octubre de la revista Placar es de alto impacto. Bajo el titular “La crucifixión de Neymar” el delantero del Santos aparece como el Cristo pintado en el siglo XVII por Diego Velázquez. La cantidad de fieles de la iglesia católica en el mayor país de Sudamérica decrece año tras año ante el avance de otras opciones religiosas. La imagen del dueño del mohicano más popular del mundo sobre la cruz molestó al influyente colectivo de prelados y a algunas organizaciones laicas, que se plantean la posibilidad de llevar su indignación ante los tribunales locales.

Neymar es uno de los personajes públicos más relevantes de Brasil en la actualidad. Entre otras cosas su imagen vende automóviles, indumentaria deportiva, teléfonos celulares, productos bancarios y refrescos. Pero pese a su enorme popularidad -o tal vez debido a ella- es el jugador más cuestionado del país. La crucifixión de la que habla el periodista Breiller Pires en su artículo para Placar se refiere al permanente hostigamiento que dentro del fútbol local, en varios medios deportivos y en las tribunas de los estadios se ejerce sobre la figura del astro.

Cai-cai. Así llaman en Brasil a los futbolistas que, ante el menor roce del rival, aterrizan sobre el terreno de juego en busca de obtener alguna  ventaja. Y en su país Neymar es hoy considerado eso… Un cai-cai. De acuerdo con Placar todo comenzó con unas declaraciones de Rogério Ceni registradas hace un año. “Ni siquiera el 50% de las entradas sufridas por Neymar son faltas. Pero sí en el 50% de los casos hay simulación”, aseguró entonces el arquero del São Paulo. Desde ese momento hasta el grito de “Neymar pipoqueiro” (“Neymar perdedor”, o “Neymar fracasado”) de la afición del estadio Morumbí en uno de los últimos amistosos de la selección el linchamiento público del crack fue en aumento, hasta alcanzar el punto de ebullición.

Hace pocos días Neymar fue expulsado durante el partido que Santos jugó ante Grêmio. El 11 respondió con un pisotón descalificador a una falta cometida por Pará y terminó viendo el encuentro desde el vestuario. Jornada tras jornada el delantero es objeto de una amplia gama de agresiones. Algunas de ellas llegan a destino. A otras consigue gambetearlas. Y en algunas ocasiones exagera la gravedad de las mismas. Neymar no es diferente a los demás. La simulación forma parte de la cultura del fútbol brasileño y sudamericano, incluso a nivel formativo. No es el primero y no será el último en emplearla. No hay nada excepcional o especial en su proceder. No es, bajo ningún concepto, el máximo intérprete de esta modalidad. Parece, entonces, fuera de lugar señalarlo como el símbolo exclusivo y excluyente de una forma de ser aceptada, fomentada y asentada desde hace décadas. La picardía, la viveza mal o bien entendida, es exigida por el hincha y muchos canales de información u opinión a cualquier jugador o técnico cuando la oportunidad abre la puerta. Todos parecen tener carta blanca para ejercerla en el Brasileirão, menos el carismático goleador peixe.

Los árbitros de la primera division de Brasil sancionan un promedio de 7 faltas cometidas contra el de Mogi das Cruzes en cada partido de la Série A. El cociente baja a cerca de 5 en una competición como la Copa Libertadores y probablemente la estadística caiga aún más si tomamos en cuenta los partidos de la selección en competiciones oficiales recientes, como los Juegos Olímpicos. Eso alienta a quienes postulan que el atacante cuenta con protección oficial en su país. Una verdad a medias, teniendo en cuenta el grado de violencia que en más de una ocasión puede verse cuando NJr92 encara a sus rivales. La máxima figura de Brasil a menos de dos años de la organización de la Copa del Mundo es objeto de una implacable cacería en su país, como la define alguno de sus compañeros. Los volantes de marca y los defensas de los equipos contrarios, en general incapaces de controlarlo jugando al fútbol, no son sometidos al escarnio público. “Siga, siga”, o “Todo pasa”, se diga como se diga eso en el ambiente futbolero paulista o carioca. De Neymar, que no es un prototipo de delantero físico, se espera que soporte las embestidas y que calle. Que siga cumpliendo su rol de chivo expiatorio perfecto.

Compañeros de equipo como el volante Arouca y su entrenador Muricy Ramalho alzaron la voz para pedir clemencia para el delantero, dentro y fuera de la cancha. El técnico incluso ha recomendado a Neymar que deje Brasil a la brevedad, para poner fin a la persecución de la que es objeto. En medio de la polémica, nadie baja al goleador santista del podio de máxima estrella del fútbol brasileño, interno y externo. Su club -que ya busca refuerzos de categoría para la temporada 2013- no finalizará la liga en posiciones destacables, pero vive su mejor momento económico gracias a la mera presencia del espigado futbolista sobre el terreno de juego. Algo similar ocurre con la selección, que reclama su presencia en cada partido que le toca disputar de aquí a la Copa del Mundo. Amor y odio, casi en partes iguales. Neymar, como muchas grandes figuras del fútbol mundial, divide aguas. Y en Brasil, mientras reparte su tiempo entre su condición de ídolo y culpable en oferta, espera que alguien lo baje de la cruz del escarnio público.

También te interesa: Camisetas: Nuevas Nike Santos 2012

Síguenos también desde Twitter y Facebook

 

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche