Histórico
25 octubre 2012Jose David López

Twente: Manu Sánchez, su gloria ‘ochentera’

Su avión, procedente de Ámsterdam con escala en Barcelona, acababa de aterrizar en el aeropuerto del Prat. Quince minutos de retraso, para no perder la costumbre. Instantes, que se hacían eternos pues en Valencia, en el entonces más comúnmente denominado estadio Luis Casanova, esperaban su presentación. “Al final no llego y se lo piensan dos veces. Lo mismo me devuelve a Holanda. Hace mucho tiempo que deseaba que llegara este momento. Tenía muchas ganas de volver a España. ¡Voy a jugar en el fútbol español¡”.

Y es que, nada menos que 17 años después, pasando además por su Terrassa natal, Manuel Sánchez Torres, tendría su primera gran oportunidad en la Liga. Tenía un correcto castellano, dificultado en ocasiones por un acento que delataba sus años en Holanda porque, con sólo 7 añitos, su familia decidió coger las maletas y buscar una vida mejor en Almelo, Holanda, ruta cotidiana para los españoles desempleados en los años 60-70. Manu había encontrado en el fútbol su particular éxito y durante nada menos que 193 partidos, se convirtió en el goleador del Twente (73). Siete temporadas, criado en su cantera e icono de un club que hoy ante el Villarreal, le recuerda en el Arke Stadion.

Aquél agosto de 1985, el Valencia pasada por una situación muy delicada y, entrenado por Alfredo Di Stéfano, necesitaba mordiente ofensiva. Tan mala era la situación atacante del club, que hasta el dibujante de comics Francisco Ibáñez, en una tira de Mortadelo y Filemón, lanzaba mensajes: “Le tiraré este dardo envenenado y lo dejará más débil que la delantera del Valencia”. Por ello, buscando soluciones, apostó muy fuerte por Manu Sánchez, que había sonad meses antes para Real Madrid y Atlético. Venía de lograr buenas cifras en la Eredivisie, aunque la cruel realidad es que se iba a utilizar su contratación como la del ‘salvador’, un rol que le iba a pesar en exceso.

Muy vinculado al estilismo de la época, sobre todo en el que predominaba en esa Holanda que a él lo crió, Manu hacía visible su melena despeinada, unas enormes patillas sin final concreto y un bigote con toques postizos. Un personaje que, desde luego, conseguía que todos en la ciudad del Turia, lo arroparan a su llegada como el fichaje mediático que iba a cambiar la pesadilla valenciana. Era un extremo derecho muy desequilibrante, con mucha llegada al área y velocidad en la ejecución de sus regates pero en la Liga, por desgracia, lo único que pudo mostrar fueron sus constantes errores de definición (sólo marcó un gol). Cierto es que la situación era tan gris, que ese mismo año el Valencia acabó descendiendo. Para buscar continuidad, siguió en 2º división pero con problemas para mantener minutos de juego, fue devuelto a Holanda.

Nunca más volvió a ser el mismo pues aunque logró alargar su carrera cinco años más en la Eredivisie, (en la que puedes pronosticar en soccer odds), una grave lesión de rodilla lo retiró a los 33 años. Desde entonces, pasó a ser trabajador social con discapacitados, aunque sin dejar de lado el fútbol, pues sigue entrenando a un club menor como el DVO 71. “Mi período en el Twente sigue siendo la mejor parte de mi carrera. El amor de la afición y la atmósfera que teníamos cada partido era única. Nunca vi nada igual”. Hoy, desde aquellos graderíos, podrá recordar sus tardes de gloria en Enschede.

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