Histórico
8 octubre 2012David De la Peña

Liga: Barcelona, Real Madrid y el clásico añejo

La época Guardiola dejó clara una sensación antes de cada clásico, y que probablemente se extendió hasta la final de la Copa del Rey, cuando José Mourinho logró la primera gran derrota del equipo culé. Esa sensación era la de la superioridad, la de la confianza, la de sentir que 90 minutos eran mucho tiempo y que navegase hacia donde navegase cada clásico, acabaría anclado en el puerto del Barcelona. Un 2-6, un 5-0, el libro de estilo del equipo de Guardiola en su máximo esplendor y la crispación de un Real Madrid que veía que al descomunal Leo Messi se unía un equipo que funcionaba como una máquina. Pues bien, la llegada de Jose Mourinho, copa primer año, liga segundo al margen, tiene como éxito haber eliminado esa sensación. Su equipo ya le mira a los ojos al Barça y no se siente inferior.

Por si fuera poco, a este detalle hay que añadir que el Barça, este año, ha bajado su nivel. Un equipo menos dinámico, al que le cuesta encontrar su verdadera identidad en base al juego de posición, y que encima llegaba al partido con las importantísimas bajas de Puyol y Piqué. De hecho, la alineación que presentó Tito Vilanova no tenía ni un solo defensa central natural, y la inclusión de Adriano en el once hizo que las especulaciones volasen, hasta el punto de que no era nada descartable la vuelta al 3-4-3 (que, por cierto, viendo la rigidez del Barça en la era Tito, hubiera resultado muy estimulante). Sin embargo, el Barça salió con línea de cuatro, con Mascherano-Adriano de centrales, y una estructura algo más compleja en campo rival, pero lejos de ser igual de efectiva por rendimiento que por nombres.

Busquets y Xavi se repartían la base, y Vilanova presentó estructuras diferentes en ambos perfiles de cara a  lograr una posesión a buena altura y una pérdida de calidad que impidiera que el Real Madrid se midiera de manera ininterrumpida con su diezmada defensa. En el perfil zurdo, Fábregas era el interior e Iniesta el extremo, intentando permutar la posición y ofrecer líneas de pase a diferentes alturas. En la derecha, Messi se acostaba allí para buscar su recepción. Quizá pensando Tito que en un lado el Iniesta-Cesc sería suficiente para superar a Khedira, y que el virtuosismo del astro argentino lo sería para ganar a Xabi. Sin embargo, el Barcelona no consiguió circular limpio por dentro prácticamente nunca durante la primera mitad, y el Madrid solo se vio superado con el enfrentamiento directo de Pedro con Marcelo, y con la profundidad de Jordi Alba (y no con claridad gracias a Di María) atacando la espalda de Arbeloa, exigido por el movimiento interior de Iniesta.

Así que, un Barça con tan pocos argumentos en campo contrario se vio superado. El Madrid no sufría, Khedira protegía la derecha con una sensibilidad tremenda para cruzar,  anticipar o parar, y Alonso en izquierda se clavaba forzando a Messi a un pase atrás, que además estaba muy bien protegido por un Özil bastante implicado. Así, el Madrid achicaba con comodidad gracias a Pepe y a Ramos, y el hecho de que el Barça no contase con Alexis hacía que su espalda estuviera desactivada. Como el Barça no agredía al Madrid, los despliegues no tenían que ser necesariamente muy verticales, y el equipo de Mourinho consiguió atacar en posicional con bastante ventaja, y fabricar acciones prodigiosas como la del 0-1, o la del palo de Benzema que hubiera significado el 0-2, pero que sin embargo resultó una activación para el equipo de Tito.

Pepe estaba haciendo (e hizo) un partido descomunal, pero falló en la jugada del empate, y sumado al error de Benzema provocó que el Madrid encogiera el pie y saliera de su campo con menos autoridad. El partido se equiparó y aunque al salir del descanso Özil acumuló unas cuantas recepciones que hicieron temblar al Barça, llegó un momento tras el gol de Messi en el que la balanza se inclinó del lado local. Messi tiene esto, es capaz de cambiar sensaciones, dinámicas. El 1-1 es aprovecharse de un error (aunque hay que estar ahí), pero el 2-1 es cosa de un genio. Fabricar la jugada, obligar a que te paren, y marcar en un arte que hasta no hace mucho tiempo no dominaba, la falta directa. Leo Messi es un genio y le había dado la vuelta a un marcador que perfectamente podía estar muy cuesta arriba.

Después, la entrada de Alexis modificó algunas posiciones, y el Barça empezó a dominar los espacios. Alexis en el sitio de Iniesta y este donde Cesc. El chileno salió para fijar la izquierda y por lo tanto sujetar a Arbeloa, que salía cómodo a encimar a Andrés, porque la profundidad de Jordi Alba estaba protegida por un Di María que si bien es cierto que no estuvo acertado con pelota, murió trabajando el carril derecho. Con Alexis sujetando a Arbeloa, Iniesta empezó a acumular recepciones en su zona favorita, y gracias a ello, Messi. Fue entonces cuando el Madrid empezó a sufrir de verdad, pero en el transcurso apareció un Özil que es fundamental para jugar contra el Barça, porque es el que mejor se detiene para que corra Cristiano, y él está más cerca de la transición que Benzema (el otro capaz de hacerlo). Y dejar solo contra el portero a Cristiano Ronaldo, es un bien muy preciado para tu equipo.

El partido acabó con el Madrid bastante desfondado y un Barcelona que se organizaba mejor alrededor de la pelota, y con un reparto de puntos que parecía dejar contentos a todos. Al Barcelona porque había sido inferior bastantes minutos y veía peligrar el resultado, y al Madrid porque salir del Camp Nou sin ver los temibles -11 puntos en la clasificación resultaba un alivio y al fin y al cabo, una opción tangible de disputar la liga teniendo en cuenta que el equipo va mejorando y que, por supuesto, estamos a principios de octubre. Pero existen más lecturas positivas, para el Barça, que encontró un ratito al final del partido en el que estuvo más cercano a lo que mejor sabe hacer, y para el Madrid, que la sensación de que el temible Barcelona de Leo Messi ya no está por encima suya, es una realidad.

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