Histórico
12 octubre 2012Francisco Ortí

España: la falsa realidad del estilo

El deporte y el aficionado al mismo son ávidos consumidores de mentiras. Sin importar que estas nunca cambien, uno las cree una y otra vez por la simple razón de que querer creer en una realidad mejor. Nunca hemos dejado de escuchar que este iba a ser el año tal o cual jugador que nunca conseguía escapar de la intrascendencia o que esta temporada sería por fin la de décima. Seguimos diciendo que la próxima semana comenzaremos la dieta y nos apuntaremos al gimnasio, y Charlie Brown insiste en patear ese balón de fútbol americano que Patty siempre le quita en el último momento. En definitiva, el deporte provoca que creamos unas mentiras en las que nunca confiaríamos en cualquier otro lugar.

La realidad de España y su fútbol es inmejorable. Tras ganar dos Eurocopas y un Mundial de manera consecutiva no sería necesaria mentira alguna para endulzar el día a día. Sin embargo, hay una. La del estilo, personificado en el doble pivote. La persistente presencia de Xabi Alonso y Sergio Busquets como eje en el centro del campo de la Selección española les ha convertido en el rasgo más reconocible de la mejor selección de la historia. Mientras el resto cambia, ellos son inamovibles, llegando a generar la ilusión de que el personal estilo de España no existe sin ellos. Una sensación falsa, hasta el punto de que en ocasiones la reiterada apuesta por el doble pivote pone en peligro el estilo.

Discutir las decisiones Vicente del Bosque es un acto que podría calificarse prácticamente de herejía. Pese a sus éxitos, el seleccionador español ha sido muy criticado desde el Mundial de Sudáfrica 2010 y los dardos se lanzaban con mayor insistencia contra el doble pivote. Sin embargo, el técnico salmantino repitió una y otra vez su plan, lo defendió tanto en la sala de prensa como sobre el terreno de juego, y como consecuencia llegaron los triunfos. El plan funciona, está claro. Frente a Alemania, Italia, Francia o Portugal, España ha dado lecciones de fútbol y así se ha coronado como una selección histórica que ha sido la primera capaz de ganar tres grandes torneos de manera consecutiva. Pero ahora no hablamos de enfrentarse a algunas de las mejores selecciones del mundo, sino a Finlandia, Georgia o Bielorrusia, en la fase de clasificación para el Mundial de Brasil 2014.

Durante la fase de clasificación para la Eurocopa 2012, España ya sufrió para sacar adelante partidos ante rivales a priori menores. Selecciones como Lituania o, más recientemente, Georgia se encierran ante los hombres de Vicente Del Bosque, provocando que apenas existan espacios y jugadores del perfil de Fernando Torres, mejores aprovechando espacios que creándolos, se atasquen entre un enjambre de enemigos. El plan de los oponentes cambia cada vez que se enfrenta a España. España, sin embargo, no cambia el plan, lo que provoca un desajuste entre el escenario del encuentro y el dibujo táctico presentado por Vicente Del Bosque en el que varios jugadores deben asumir una función innecesaria.

Con el 4-3-3 o 4-5-1, en función de opiniones, España cuenta con una firmeza defensiva que se ha traducido en unos excelentes registros, con récord de imbatibilidad en partidos oficiales y fases finales de grandes torneos. Sin embargo, no es necesario defender en partidos como el que se disputó contra Georgia en el primer paso del camino hacia el Mundial de Brasil 2014. El rival entrega irremediablemente la posesión a la Selección española y se encierra atrás para reducir al máximo los espacios, sabedores que las únicas amenazas llegarán por el centro con jugadas entrelazadas, y no se producirán disparos desde el exterior del área, ni balones laterales buscando un rematador. Esto provoca que España acapare la posesión del esférico con cuotas que superan el 70% de largo. Los rivales, por lo tanto, apenas tienen el balón en su poder para ser capaces de hacer daño. Deberían tener una eficacia máxima para batir a Casillas con menos de un 30% de posesión.

Las virtudes de Arbeloa quedan limitadas en este tipo de escenarios, y también las del doble pivote. Xabi Alonso o Sergio Busquets asumen un papel para el que sobra uno. Cualquiera de los dos se bastaría por si solo para ejercer de tapón en el centro del campo y defender en las contadas veces que España perdiera el balón. Por lo tanto, en este perfil de encuentros Del Bosque debería cambiar el guión y romper el doble pivote de los éxitos para evolucionar en el estilo. Ser menos previsibles es la clave ante rivales eminentemente defensivo. Pero, insisto, discutir a Del Bosque es casi una herejía. Mientras continúen llegando los éxitos, prefiero continuar creyendo en las mentiras.

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