Histórico
18 octubre 2012Jose David López

Arsenal: Jack Wilshere, un patrón desvalido

Las dotes de liderazgo de Jim Yong Kim siempre marcaron su rumbo. Fue elegido delegado en el colegio y su excelencia académica le otorgó una plaza en la prestigiosa Universidad de Brown, donde estudió antes de graduarse en Medicina-Antropología en Harvard. Allí creó Partners in Health, un proyecto de garaje y amigos, que hoy ofrece atención médica a millones de personas sin recursos en todo el mundo. Una ONG que atrae donaciones de las instituciones más influyentes del planeta. Tal fue su ascensión al éxito, que el mismísimo Barack Obama acaba de presentar a Kim como presidente del Banco Mundial. Joven brillante, eficaz, referencial y con proyección de futuro. “Los problemas del mundo son tus problemas y los míos, pero nada que los humanos no podamos arreglar”. Joven brillante, eficaz, referencial y con proyección de futuro. El timón del mundo financiero. El nuevo epicentro de las críticas en plena crisis.

En Inglaterra, la sostenibilidad económica ha mantenido el orden dentro de un evidente golpe global. Por ello, hace tiempo que todo inglés de calle, naturalmente pensativo pero ajeno a lo que no puede controlar, fijó sus miradas en el otro timón clave en estos momentos. Vieron cómo el líder del banco (Fabio Capello) terminaba expulsado por sus defensas al polémico capitán (Terry), como una ‘marioneta interina’ avisaba que sus intenciones no eran ocupar en cargo vacante (Stuart Pearce) y hasta como su estrella se apagaba con una sanción ya asumida (Rooney se perdió dos partidos de la Eurocopa). Sin embargo, tenían (y tienen) la esperanza de mantener su guía, de recuperar el camino exitoso, la identidad vanguardista de un cerebro avanzado y talentoso para romper su sequía en el césped. El mismo que no pisa verde desde hace más de un año. Su indefenso timón: Jack Wilshere.

“Cuando un chico no ha jugado en todo el año, necesita una buena preparación y una lenta pretemporada al inicio de la campaña. No podemos arriesgarnos y no lo hicimos. Hay que tener sentido común y lógica. Jack está destrozado pero es consciente de que nada ha salido como habíamos imaginado hace meses. Ahora lleva catorce meses fuera y vamos a ser lo más cautelosos posibles. Necesito partidos y va a ser progresivo”. Tan sincero como macabro ha sido Arsene Wenger a la hora de valorar la imposibilidad oficial de su joven organizador de cara a su participación en la pasada Eurocopa o en los posteriores Juegos Olímpicos de Londres. Y todo, evidentemente, obligo a mostrar una cara notablemente readaptada a las circunstancias.

Su pesadilla, la del fútbol inglés en masa, empezó en junio de 2011, cuando en una práctica con la selección dentro de una convocatoria, lo secó en el tobillo derecho. Aquella fisura empeoró en su puesta a punto en la gira americana. Aunque en principio iba a dejarlo inactivo hasta el mes de diciembre, sus constantes recaídas, pequeñas fracturas en la zona y modificaciones en su recuperación, no sólo han evitado que sea incapaz de participar en algún partido de esta campaña con el Arsenal, sino que ni tan siquiera pudo entrenarse con sus compañeros hasta hace unas semanas. Ahora, ya ha debutado con los reserves y se espera que en unas semanas lo veamos de nuevo como timón del Arsenal para empezar a gestar su aureola desde cero, la de un chico con todas las facultades para mejorar el futuro inglés pero con la responsabilidad de tener que hacerlo incluso estando lesionado.

El debate sobre la selección, perenne en la sociedad inglesa, no había entrado a valorar realmente una Eurocopa sin Jack Wilshere. El primer punto a analizar no debía ser cómo intentar reducir su pérdida en el global, sino cómo auto-depender de un joven de sólo 20 años que aún no ha alcanzado los 50 partidos en Premier y apenas alcanza 5 con los Three Lions. La respuesta no sería jamás tajante pues la realidad, por desgracia inglesa, es que las soluciones en la medular responden a un perfil completamente opuesto (Barry, Parker, Gerrard, Lampard, Milner, Rodwell o incluso Phil Jones). Experiencia, energía, vigorosidad y hasta más capacidad goleadora que el menudo organizador Gunner, pero nula identidad en una propuesta efectiva y efectista a partes iguales en busca de una base, de una raíz y de unos principios que alteren de una vez el ADN inglés en competiciones de primer nivel. Ese cambio necesario, partía de Wilshere, un timón tan decisivo como indefenso, tan irremplazable como necesario. Ya está de vuelta, pero aún desvalido. Pause.

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