Histórico
30 octubre 2012Jesús Camacho

Alavés: Tardes de Copa en Mendizorroza

4 de mayo de 1930, Alavés y Barcelona se enfrentan en la ida de los cuartos de final de la Copa del Rey. Los azulgranas acuden a Mendizorroza con futbolistas de la talla de Arnau, Piera y un mago con cuerpo de langosta apellidado Samitier. Pero el estadio vitoriano ha dejado de ser terreno propicio y ha ‘bunkerizado’ su estadio en la inexpugnable pareja central compuesta por Ciriaco y Quincoces, que apoyados por el talento de futbolistas como Antero, Modesto y el goleador Olivares, ha dado el salto de calidad necesario como para poder competir al primer nivel. Es el segundo precedente de blaugranas y vitorianos en Copa, pues en la temporada 27/28 ya se habían enfrentado en semifinales, pero aquella tarde pertenece al sutil y ya débil recuerdo de otro tiempo que vistió de épica los colores vitorianos.

Beristain, Ciriaco, Quincoces, Rey, Antero, Miranda, Modesto, Echevarría, Calero, Unamuno, Albéniz, Ibarrarán. Formaron para el Glorioso, estamos ante el Alavés de los años veinte, uno de los históricos del fútbol nacional que junto al Real Unión y el Arenas de Getxo, marcaron la tónica del recio fútbol norteño. Las crónicas hablan de un encuentro de gran igualdad que se resolvió por la mínima diferencia y justicia a favor del conjunto vitoriano. Un match de sensación al que acudieron aficionados de toda la región para dotar a Mendizorroza de la solemnidad de las grandes tardes. Albéniz hizo el primero para el Alavés tras un cabezazo de Olivares y este mismo se encargó de batir a Uriach por segunda vez a pase de Ibarrarán en el 25 de la segunda mitad. En un partido enormemente disputado el equipo vitoriano pudo poner las cosas muy complicadas para la vuelta en Les Corts, pero un Samitier desaparecido, aprovechó el único despiste de la imponente defensa vitoriana para con un remate colocadísimo hacer el 2 a 1 en el minuto 73.

El Barça cayó en Vitoria y el buceo en los archivos históricos nos devuelven crónicas que destacan el magno partido en defensa de la pareja central formada por Ciriaco y Quincoces, que consiguieron neutralizar la mayoría de las combinaciones de unos desacertados atacantes azulgranas. Y es que bastaba con ver las evoluciones defensivas, la compenetración de aquella pareja para percatarse lo que se llevaban entre manos (más bien entre sus pies), pues para Ciriaco y Quincoces en el football nunca hubo bromas. Mucho menos para el gran Quincoces que tuvo que atravesar el desierto para llegar a ese primer punto de gloria y poder jugar en aquel Glorioso y su querido Alavés: Nacido en Baracaldo, el 17 de junio de 1905, Quincoces dio sus primeros pasos en el fútbol en las calles de un barrio en el que los remiendos de las pelotas de trapo, le condujo a equipos como el San Antonio y La Giralda. Posteriormente se trasladó a Vitoria con su familia y con trece años tomó contacto por primera vez con el primer equipo de la capital vitoriana, para jugar un encuentro frente a Osasuna de Pamplona. Quincoces logró embolsarse veinticinco pesetas de prima, pero para su desgracia no pasó la prueba y vio frustradas sus aspiraciones de quedar enrolado en el equipo vitoriano. Desilusionado, decidió regresar a Baracaldo, donde jugó una serie de partidos con el primer equipo, pero su corta edad se convirtió en un hándicap para él.

Aquella decepción no minó la moral de Quincoces, para un tipo como él, su sueño no podía haber concluido sino solo postergado en el tiempo, aquel en el que tenía le certeza de que encontraría el camino hacia la leyenda. Siguió luchando en el filial del Baracaldo, el Desierto, donde gracias a su gran proyección y sus sobresalientes actuaciones, logró proyectar la grandeza y dimensión del que por entonces era el mejor defensa del panorama futbolístico vasco. Paradójicamente aquella causalidad en la que creía y las condiciones naturales en las que basó su seguridad y sobriedad defensiva, propiciaron que ese mismo Alavés que lo había rechazado siete años antes, quemara todas sus naves para adelantarse en el fichaje a otros importantes conjuntos del País Vasco. Llegó al Alavés en la temporada 1925/26 y a partir de este momento, el equipo vitoriano dio un giro de ciento ochenta grados en su trayectoria, lo que antes eran derrotas se transformaron en éxitos. Había nacido el Glorioso encontrando un pilar fundamental en la sobria e imborrable figura de Jacinto Quincoces, que emergió poderoso en la historia del conjunto vitoriano con un pañuelo blanco anudado a su cabeza, sorprendiendo con despejes acrobáticos, mostrándose como todo un valladar inexpugnable y consolidándose como uno de los mejores defensas de la historia del fútbol español. Aquel que prosiguió brillantemente su carrera en el Real Madrid, donde su leyenda le llevó a ser considerado como mejor defensa del mundo en el Mundial de Italia 34 y formó junto a Ciriaco y Zamora, una defensa de leyenda.

Una línea de retaguardia cuyos matices embrionarios pudieron verse en las filas del Alavés de la segunda mitad de la década de los años veinte, equipo que en una tarde de mayo se impuso al Barcelona en Copa en Mendizorroza, donde Quincoces formó dupla en el centro de la zaga con otro mito llamado Ciriaco. El tándem defensivo más efectivo de la historia del fútbol español durante años, formado en 1925, cuando Ciriaco cruzó su camino en la ciudad vitoriana con su alter ego defensivo. Pues si Quincoces era la sobriedad, Ciriaco era la contundencia, Quincoces unos metros por delante y Ciriaco unos metros más atrás, donde su valentía, empuje y contundencia neutralizaba cualquier filtración producida en la zona de acción de Jacinto. Fueron los Rómulo y Remo de la historia defensiva del fútbol español y aquella pareja que militaba en la Segunda División en las filas del Glorioso, era ya considerada como el mejor bloque defensivo de España. Una pareja vital para la consecución del ascenso a Primera en la temporada 29/30, tras un apasionante duelo con el Sporting. Son Ciriaco y Quincoces, leyenda del Glorioso Alavés y pareja defensiva que neutralizó al ‘Mago’ Samitier en una tarde primaveral de Copa disputada en Mendizorroza.

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