Histórico
1 septiembre 2012Jesús Camacho

Atlético de Madrid: Radamel Falcao y la leyenda de Odín

Existe una historia con visos de leyenda pero fuerza de verdad que cuenta las peripecias de Odín, el tigre de bengala que come bajo el agua. Mientras la mayoría de los felinos detestan y temen el agua, Odín como buen tigre no solo no la odia sino que se siente cómodo y feliz en ella. Pero el caso de Odín, un tigre de bengala macho, que vive en el Six Flags Discovery Kingdom Zoo en Vallejo, cerca de San Francisco, va mucho más allá. El imponente felino que mide unos 10 pies de largo desde la nariz hasta la cola, es un excelente nadador a tal punto de que pesca bajo el agua como si fuera un pez. Odín parece tocado por el tridente de Neptuno para ser morador de los sueños abisales del gran azul.

Nada más dejar la leche, su entrenador descubrió su sobresaliente habilidad, cuando un trozo de carne fue lanzado a una alberca, y Odin saltó feliz a bucear y buscar su alimento. Odín pese a ser un tigre es como una criatura marina más y como tal puede ser considerado discípulo e hijo del gran Neptuno. Su historia que nada tiene en común con el fútbol en cambio encuentra un paralelo resquicio de esfericidad con la de otro felino que definitivamente se subió a la mitológica eternidad colchonera. Un felino, Falcao, cuya zurda de leyenda demostró en Bucarest que no solo no teme al agua, sino que esta viaja a bordo del carruaje marino de Neptuno, navegando firme por un mar inundado de asfalto y una corriente de fondo de matices rojiblancos, los del Atlético de Madrid.

Lo suyo como lo de Odín una leyenda con fuerza de verdad, la verdad de Radamel Falcao, el tigre colchonero que en el minuto seis de la final de la Europa League fabricó un majestuoso gol con el que demostró que no solo no teme al Dios de los mares, sino que de su pierna menos buena brota el poder y la fuerza del hijo de Saturno y Ops, hermano de Júpiter y gran señor de los mares: Neptuno.

Y posiblemente deberíamos haber caído en ello con anterioridad, deberíamos haber identificado en su felina condición de tigre colombiano, que a Falcao jamás le intimidó el agua, sino que como Neptuno eligió el mar colchonero como morada y su tridente para agitar los corazones atléticos. Aquellos que fueron testigos del paso por el Estadio Nacional de Bucarest de un terremoto colombiano que devoró la ilusiones de unos leones que por una noche se sintieron cachorros. Y es que el gol para Radamel, es lo que para Odín un trozo de carne en la alberca, se lanza decidido a pescarlo y devorarlo bajo el agua, donde la mirada extasiada de Neptuno le aguarda y reserva un lugar de privilegio en la historia y leyenda de una afición que como siempre festejará el triunfo a los pies de sus caballos de mar,  y junto a los delfines que juegan entre las hidroturbinas de su carruaje de concha.

Falcao como Odín se siente bien junto a Neptuno, pero como el felino de San Francisco tiene algo especial, está tocado por los dioses. Mucho más desde la histórica noche del 9 de mayo de 2012, en la que con doce goles se convirtió en máximo goleador de la Europa League y, con dos enormes tantos en la final, se subió para siempre en el carruaje de una fuente madrileña en la que una afición se encomienda a la mágica mitología de un Dios, que reconoció a otro de sus hijos en la mirada salvaje de un felino colombiano.No tuvo suficiente y ante aquellos que lo pretenden y lo buscan en el mercado, nuevamete surgió con otro ‘hat-trick’ arrollador para tumbar a un Chelsea impávido ante la fuerza atronadora de la bestia rojiblanca. Aquel que entre ceja y ceja lleva grabada a fuego la  palabra mágica del fútbol: el gol.

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