Histórico
29 septiembre 2012Jose David López

Argentina: Los nombres peculiares de la Nacional B

“Las ratas ya deben de estar corriendo con la plata. Yo me preparé como relator para contar historias lindas de River, para contar cosas malas como perder campeonatos, pero jamás para relatar momentos tan tristes como éstos. Hay que ser hijo de puta para sacudir a River y para reventarlo como lo reventaron ¡Qué hijos de puta que son, cómo lo hicieron mierda! No se van a poder esconder. Se tendrán que ir de la Argentina“. Son palabras terribles de Atilio Costa Febre, narrador famosísimo en Radio Mitre de Argentina y uno de los primeros que el pasado 26 de junio de 2011, mostraba su dolor por el descenso incomparable de River Plate. Un ‘golpe’ sin igual que se extendió por todo el país y que obligaba al ‘Millonario’ a jugar en Nacional B.

Una categoría donde acuden aquellos clubes que no pudieron estabilizarse en la élite, que aglutina jóvenes promesas en busca de un protagonismo que amenaza con no llegar jamás y que reparte dramáticos relatos financieros en números rojos. Una categoría absolutamente desconocida para el exterior del país hasta que allí se insertó a River. La grandeza y fama del equipo del Monumental, generó un interés inusitado por todos los detalles que circulen alrededor de la Banda. Gracias a su presencia en las catacumbas, pudimos conocer de primera mano las singularidades de un campeonato pleno de curiosos detalles que cuenta con los nombres más peculiares del planeta.

Un intendente de Merlo, (Luis Monetti) partido de la provincia de Buenos Aires Oeste, fue el motivo para que se oficializara el nombre de Club social Deportivo Merlo. Un equipo que en los años 60 no tenía ni estadio ni socios, con lo que la AFA estuvo a punto de hacerlo desaparecer cuando promovió el decreto de que esas instituciones debían desaparecer. En cuatro meses de prórroga lograron levantar una ‘casa’ gracias a Monetti, que les regaló unos terrenos para evitar la desafiliación. No sólo es curioso su nombre, sino su apodo. Y es que uno de los técnicos clave en su historia, José Manuel Moreno, murió en los años 70. Era conocido como el ‘Charro’, algo que extrapoló a su club para la historia debido a su fornido bigote y su gran sombrero. Tanto, que hasta su mascota sigue esa línea, la de Yosemite Sam (personaje Looney Tunes).

También en Buenos Aires se ubica el Centro Atlético y Deportivo Almirante Brown (homenajeando al club pionero Almirante Brown Atletic Club, que desapareció a principios del siglo pasado), un club que recuerda la figura del primer almirante irlandés nacionalizado argentino que otorgó su vida al servicio de su patria de adopción con aventuras en el mar. Sus colores se adaptaron a los de Peñarol en sus primeros años de vida y su estadio aumenta las singularidades en torno al club pues recibe el nombre de Fragata Presidente Sarmiento (primer buque escuela moderno que tuvo Argentina construido específicamente con ese fin).

El club más popular de Mar de Plata es el Aldosivi, apodado El Tiburón y que cumplirá el próximo año su centenario. El nombre del club proviene de las dos primeras letras del apellido de sus fundadores, Allard, Doulfus, Sillard y Wiriott. Eso sí, la ‘w’ final se cambió por ‘v’ ya que no existía esa tecla en la máquina que usaron para telegrafiar oficialmente su nombre a los estamentos deportivos. Sus colores iniciales eran el rojiblanco pero recibieron una donación de una tienda del barrio y en su agradecimiento, empezaron a vestir de verde-amarillo e incluso durante algunos años, su nombre oficial fue el de Defensores del Puerto.

Este año descendió Sportivo Desamparados, que refleja claramente ese punto singular que genera un interés añadido. El equipo de la ciudad de San Juan, de 92 años, fue fundado por estudiantes muy futboleros de la Quinta Agronómina, que decidieron su particular nombre por la plaza donde se reunían, añadiendo ‘Sportivo’ posteriormente para manejarlo en un entorno deportivo. La Vírgen de los Desamparados intenta apiadarse de ellos, un club que ascendió hace sólo dos años y que es apodado ‘Los Vívoras’.

Sin embargo, habiendo sido River Plate con su descenso el causante de este repentino interés por una categoría tan olvidada, es llamativo toparse con su propio enemigo, un Boca, aunque en este caso, Boca Unidos. Un club ubicado en Corrientes, al noreste del país y en el barrio Cambá Cuá. No tiene campo propio (usa el de su enemigo natural, Huracán de Corrientes)  y su mayor hito fue hacer que 5.000 socios viajaran todos en moto a un partido de ascenso hace 30 años. Eso sí, como ‘pesadilla’ de River, cumplieron su papel a la perfección porque hace unos meses lo han vencido (1-0).

Nombres exclusivos de un fútbol que ha perdido trascendencia en los últimos años, que no consigue generar figuras como antaño y que malvive en la escasez, pero que siempre despierta interés pasional por todo lo que lo rodea. Y es que sólo allí, una noticia caótica (descenso de River) puede convertirse en el inicio de una gran aventura. La aventura del saber.

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