Histórico
14 agosto 2012Jose David López

Tottenham: Villas-Boas, entorno ideal y última oportunidad

Roman Abramovich se encaprichó. Y cuando un millonario decide que en su club, Chelsea, se debe llevar a cabo una renovación de base, cuyo origen sea un nuevo técnico vanguardista que impulse el recambio generacional en busca de nuevos argumentos competitivos, normalmente encuentra aquello que estaba buscando de manera inmediata. El elegido era André Villas Boas. No le importó desembolsar 15 millones de euros para liberarlo de su anterior contrato en el Oporto que todo lo había ganado meses atrás con velocidad, extremos y pegada, ni tampoco pagar otros 8 millones más que aún quedaban pendientes del contrato anual que restaba al anterior entrenador (Carlo Ancelotti). El ruso estaba decidido a involucrarse en un compás de espera que limitara el poder de un vestuario cada vez más veterano, que recondujera el proyecto con caras nuevas y que consiguiera encauzar un guion competitivo saltándose la última página de éxito que estaba por llegar.

Y es que pese a que Villas-Boas abanderaba el que hace ahora un año era el más apetecible de los proyectos Premier y casi del fútbol europeo, su puesta en escena careció de identidad, ambición, ideas y, desde luego, de defensores. Porque el mismo Abramovich que había removido tierras para contratar al luso, solo tardó ocho meses en sacarlo de su vestuario, abatido por la enorme distancia respecto a los líderes de la Premier, dolido por la incapacidad competitiva de un banquillo sublevado a su entrenador (increíble la fuerza y el poder que demostraron tener en la raíz del club los más veteranos como Lampard, Drogba o Terry que habían quedado apartados en un segundo plano) y sin terminar de escudar lo que había estado mentalizando en su cabeza. Un nuevo Chelsea no se iba a construir en meses y en cuanto los resultados negativos evidenciaron graves problemas entre jugadores y entrenador, el giro fue completo en busca de una solución de emergencia. La gracia divina del ‘Dios Fútbol’ y casi la milagrosa aparición de Roberto Di Matteo, acabaron por tumbar más aún el fugaz periplo de Villas-Boas por Stamford Bridge una vez que el técnico vio desde su casa como aquellos mismos jugadores se convertían, ya sin sus doctrinas, en campeones de la FA Cup y de la Champions League.

Pero como si nada hubiera pasado, desapareció del mapa, no volvió a personificarse ante los medios y silenció sus pensamientos interiores. Apenas meses después, está de regreso, apareció de nuevo en Londres y otra vez para dirigir a uno de los mejores proyectos competitivos de la Premier. Cambió el oeste por el norte, pero el Tottenham ha preferido ‘limpiar’ de su expediente el caos generado en su corta etapa Blue, ratificando incluso el día de su presentación que el nuevo entrenador “tuvo éxito en el Oporto, al que llevó a una temporada invicta en su campeonato nacional y al título de Europa League, siendo el gerente más joven en ganar un título europeo en la historia”. Ni rastro del Chelsea. Ni rastro del caos. Y no solo el que lo acompañó en su estancia londinense, sino el que el propio entorno del Tottenham mantuvo estas últimas fechas con uno de los iconos de los banquillos del fútbol inglés, un Harry Redknapp que pasó de ser el deseado futuro seleccionador, a quedarse huérfano de defensores y aislado en la penumbra de los retos malogrados.

Villas Boas vuelve a ser valiente, aunque el salto esta vez parece más adecuado a la mentalidad de un equipo que sí pretende crecer en base a su figura vanguardista y que, de igual manera, está capacitado por plantilla y economía, a complacer todas sus demandas de mercado. “Nunca estuvo en mi mente volver tan rápido a los banquillos. Es real y cierto. Pero el Tottenham se ajusta mejor a mí de lo que cualquier otro club ahora mismo. Existe más de un sentido de pertenencia aquí. El club tiene tradición, historia, admiración y un pasado verídicamente real. El Chelsea, por ejemplo, tiene su tradición también, pero ha cambiado drásticamente desde que fuera comprado en 2003. Esto es diferente. Llego mejor preparado y aunque somos gente emocional y respondemos a los sentimientos de venganza, sería un paso en falso si me tomo las cosas de esa manera. Este club de fútbol es mucho más importante que yo.  No quiero que la gente vea esto como una misión personal”, ha destacado en sus primeras ruedas de prensa como entrenador.

El panorama en White Hart Lane es desolador en lo que respecta a continuidad y muy a pesar de que Villas-Boas ha firmado por cuatro años, la realidad es mucho más cruel con los que han accedido a sentarse en su banquillo. El portugués es el noveno entrenador en quince años y su misión será romper la etiqueta de ‘alternativa’ de un Tottenham que jamás dio la cara ante los ‘gigantes’ de la Premier y que siempre cedió en los momentos de máxima necesidad. No ganan nada desde la Carling de 2008 (con Juande Ramos en su banquillo), quizás demasiado desde un punto de vista inversor (sigue siendo de los que mayores gastos acumula en mejorar su plantilla) aunque no tanto desde la perspectiva de potencial en sus rivales. Sigue manteniendo una excelente reputación por su conocimiento técnico y la creación de equipos bien organizados capaces de jugar al fútbol en un estilo atractivo-ofensivo y ahora, además, compartirá ambiciones a medio-largo plazo para el desarrollo de jugadores de talento, pues tendrá a su disposición y en exclusiva, un nuevo Centro de Formación.

“Este club tiene una reputación de su forma de jugar. Se puede decir que hay una historia maravillosa sobre un fútbol atractivo. Sé que hay responsabilidades que vienen con este trabajo y que seré el primero en aceptar el fracaso si eso es lo que sucede. Aquí no existen facciones (defendió de paso a su principal valedor, el presidente Daniel Levy y lanza piedra a Roman Abramovich), se quiere construir un buen proyecto con personas que sí tienen entendimiento en fútbol y las estructuras sin muy buenas”. Un mensaje de renovación, nuevas metas, aroma a pequeña venganza y, desde luego, una estabilidad más próxima a lo que esperaba hace meses en el otro barrio de Londres, lejos de donde ahora parece haber encontrado un reto más adecuado para su estilo de gestión. Será su segunda y, seguramente, última opción en la Premier.

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