Histórico
30 agosto 2012David De la Peña

Supercopa: Las claves del Real Madrid-Barcelona

Vivida una nueva versión de “El Clásico”, uno se da cuenta de la globalidad que va cogiendo el término. Estaremos en agosto, será un título menor, pero el planeta fútbol se paraliza cuando los dos gigantes de nuestro país se enfrentan. Desde luego, en tiempos de Gaspart o de Mendoza, el enfrentamiento era grande, sin duda, pero en ningún caso era tan global. Puede resultar repetitivo, y el brutal nivel que ambos han alcanzado puede desembocar en connotaciones negativas hacia nuestro campeonato. Bicefalia y saturación de enfrentamientos directos, las más reiterativas, pero no cabe duda de que, aún con los equipos faltos de su mejor tono, los Real Madrid – Barcelona de la época que vivimos nos dejan un contenido tremendo.

El Real Madrid afrontaba la vuelta de la Supercopa de España teniendo que remontar un 3-2, después de haber jugado tres partidos oficiales y no haber ganado ninguno, y con una versión de Cristiano Ronaldo, su futbolista más determinante, muy mejorable. El Barcelona, aunque había dejado ciertas dudas en su victoria liguera frente a Osasuna, llegaba con mejores ánimos, después de una buena carta de presentación frente a la Real Sociedad en la primera jornada de liga, de una buena victoria en el partido de ida de esta Supercopa, y, aunque no es noticia, con un Messi muy enchufado que sin terminar el mes de agosto ya había alcanzado la friolera de cinco goles oficiales.

Mourinho decidió volver a simplificar la propuesta, con el 4-2-3-1 e Higuaín como hombre más adelantado. Teóricamente, la influencia de Cristiano Ronaldo de esta forma sobre el resto de carriles es menor, y la estructura de salida del Real Madrid más básica, con Khedira y Xabi Alonso alineados para tratar de protegerse tras la pérdida. Además, los laterales tienen menos proyección, al dar apoyo a los centrales en la fase de salida. Es decir, el Real Madrid (como en los primeros partidos de esta temporada), volvía a lanzar una propuesta que se antojaba rígida, pero que ayudaría en el retorno.

Por su parte, Vilanova volvió de inicio al 4-3-3 (que con Messi tan retrasado acaba convirtiéndose en un 4-4-2 donde los dos hombres más adelantados fijan por fuera). La lesión de Dani Alves fue un problema porque, si ya de por sí, la estructura blaugrana concede muchos metros a Cristiano Ronaldo para que se despliegue por fuera, perder a Alves para medirse con el crack portugués en carrera se convierte en un déficit muy importante. Tanto, que Adriano acabó expulsado. Pero antes de la expulsión fue cuando vimos al Barcelona más plano y tremendamente superado. El cuadrado que formaron Busquets – Xavi en la base de la jugada, e Iniesta y Messi en la altura posterior, no encontró en ningún momento el escalonamiento necesario para abrir líneas de pase y someter al Real Madrid. El Barcelona no consiguió ordenarse a través del balón en campo rival, y por ello no pudo evitar que el Real Madrid saliera en contragolpe, puesto que no estaba bien agrupado en campo contrario para iniciar la presión.

El Barcelona no estuvo bien, pero por supuesto el Real Madrid tuvo mucho mérito en ello. Xabi Alonso y sobre todo, durante este tramo, Khedira, conseguían perfilarse y atacar el espacio en el momento correcto para desactivar las recepciones de Iniesta y Messi, y un Özil que hizo un gran partido en lo defensivo, anulaba la recepción de cara de Xavi y Busquets. Esto provocó que el Real Madrid robase con el Barcelona muy expuesto, e Higuaín, Di María y Cristiano Ronaldo podían salir lanzados y batirse con los centrales. Y, desde luego, aquí el Barcelona tuvo un problema grave, porque Mascherano sufrió al no encontrarse ante una situación en la que el Barça somete al rival y él tiene que anticipar o salir a cruces laterales muy largos. Falló ante situaciones menos cómodas, y el Real Madrid se aprovechó. Realmente, vimos a un gran Real Madrid en casi toda la primera parte.

Sin embargo, y curiosamente, el Barcelona mejoró tras la expulsión de Adriano. La situación de partida no facilitaba la apertura de líneas de pase, obligaba a los extremos a quedar aislados del juego, y además tenía en los laterales un apoyo en el juego exterior, pero no un elemento de profundidad. La expulsión hizo al sistema más flexible. Messi quedaba ligeramente más adelantado, Pedro partía de la derecha, pero no fijaba permanentemente, Jordi Alba se proyectaba con agresividad en el carril izquierdo, y Montoya era una opción profunda ante el movimiento de Pedro. Esto hizo que Xavi se escalonase con Busquets, y que Iniesta pudiera gestionar el carril interior izquierdo de una manera menos rígida. Y cuando el Barça puede pasarse la pelota, ofrece una mejor versión.

No fue suficiente para ganar el partido, aunque esa mejoría sumada a un futbolista tan influyente como es Leo Messi, hizo que al Bernabeu le entrase el miedo. El gol del astro argentino llegó en un momento dramático para los blancos. Cierto que la barrera de Casillas está, en cierto modo, mal colocada para defender el golpeo de un zurdo. Pero también es cierto que la primera parte del Barça no había sido buena, y que Messi apareció en un momento clave para darle aire a su equipo. El primer episodio ha sido para el Real Madrid, pero, desde luego, con las plantillas que manejan Vilanova y Mourinho, no hay ninguna duda de que este será la primera vez que oigamos, de muchas esta temporada, ese término tan global conocido como “Clásico”. Y por supuesto, las que vengan llegarán con todavía, más contenido.

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