Histórico
12 agosto 2012David De la Peña

Londres 2012: México y un oro al ‘grito de guerra’

Empecemos por el final. No siempre hay que empezar por el final, claro, pero en los Juegos Olímpicos lo bonito es el final. Lo bonito es el podio y las medallas. La televisión muestra las caras emocionadas de los deportistas, y nosotros nos quedamos con esos pocos segundos de satisfacción. Detrás hay horas de sufrimiento, de preparación, de entrenamiento y de esfuerzo. Claro, la casa hay que empezar a construirla por los cimientos, pero qué bonito es sentarse a mirar desde el tejado cuando todo ha terminado. Hoy los mexicanos se subieron a lo más alto, disfrutaron de su medalla de oro, y escucharon con pasión el himno, el gran invitado de unos Juegos Olímpicos. Y no hay mejor manera para empezar a analizar la final de fútbol de estos Juegos de Londres que el himno mexicano.

Brasil llegaba como la gran favorita. En primer lugar, porque su preparación para el torneo comenzó después de que en el verano de 2011, el equipo quedase apeado de la Copa América. Su condición de anfitriona en el próximo mundial les liberaba de jugar la fase clasificatoria, por lo que Mano Menezes se dedicó a preparar a este equipo para el objetivo del oro en Londres 2012. Aunque suene sorprendente, la selección más laureada en la historia de los mundiales nunca se había subido a lo más alto del podio olímpico, y todo lo que no fuese ser primeros iba ser considerado un fracaso. Dos platas y dos bronces, realmente, alejan bastante la idea de considerar el fútbol brasileño un fracaso en los Juegos Olímpicos. Por lo tanto, el marketing e influencia de la canarinha hicieron aprovechar esa necesidad para vender su actuación y nivel, casi, como una obligación por ganar. Pero otras selecciones tenían otras metas que alcanzar. Lógicamente México no tenía la carga de ser considerada una de los mejores equipos de fútbol de la historia, pero sin duda también arrancaba el torneo con una urgencia histórica que podría provocar mucha ansiedad, ya que el país no ganaba una medalla en deporte colectivo  desde que en 1936 su selección de baloncesto lograse el bronce en los Juegos de Berlín.

Así que, puestos en situación, retomamos el tema del himno. Porque, evidentemente, para cualquier deportista que sube a lo más alto del podio es un orgullo tremendo escucharlo con la medalla de oro al cuello, pero rara vez podrá empezar a escucharlo y sentirse tan identificado como lo debieron hacer ayer los chicos de Luis Fernando Tena. Extraoficialmente, el título del himno era la primera línea de la composición, y es sin duda la que resume a la perfección la actuación del equipo frente a Brasil en Wembley: “Mexicanos al grito de guerra”. Una actuación basada en la solidaridad, el compromiso y la ayuda. Probablemente la única manera de poder doblegar a una selección canarinha repleta de muchas de las más rutilantes estrellas del fútbol sudamericano.

Mano Menezes ya había tomado frente a Corea del Sur la decisión de sentar a Hulk para meter a Alex Sandro de inicio. Algo que quizá liberó más a Neymar y limpió por momentos la defectuosa salida de pelota de los brasileños, probablemente su mayor problema. Con Sandro como mediocentro único y Rômulo-Alex Sandro como interiores arrancó la final en Wembley. Pero el panorama se tornó desolador desde los 40 segundos, ya que un fallo en la entrega de Rafael permitió a Peralta poner por delante al equipo Tricolor. La estructura que tenía en el césped Brasil facilitó a los mexicanos agruparse y cerrar líneas de pase. México utilizó en la final a Marco Fabián como enganche puro, dejando a una de las grandes estrellas del torneo, el hombre del Santos Laguna, Peralta, como único punta. Eso hizo que el repliegue fuese muy riguroso, ya que las dos líneas de cuatro eran muy sólidas. Herrera y Aquino cerraban los carriles exteriores, y el trabajo de Enríquez y Salcido en el doble pivote hizo que el equipo se juntase con mucha solidez cuando era Brasil quien tenía posesión. Sin duda, la base del  éxito del equipo de Tena fue el constante sistema de ayudas y la solidaridad de esa línea de 4 centrocampistas. Un 4-4-1-1 con una basculación de gran nivel, y una actuación de la línea defensiva formidable.

Menezes rectificó a la media hora de juego, y decidió quitar a Alex Sandro para meter a Hulk. Fue una medida bastante lógica, sobre todo ante la pobre fluidez en la base de la jugada que tenía el equipo. Oscar podría recibir más centrado y Neymar y Hulk en los carriles exteriores. Dos futbolistas absolutamente determinantes, y sobre todo, y lo más importante para que el parche fuese eficaz, muy atrayentes. Crear ventajas desde el exterior para poder aclarar el cambio de orientación o incluso intentar que alguno de ellos desequilibrase por sí solo. Sin embargo, México se adaptó de maravilla a las circunstancias. La defensa sobre Neymar resultó muy similar a la que sufrió en los cuartos de final de la pasada Copa Libertadores, cuando Santos se enfrentó a Vélez. Aquel día, Gareca le situó a Peruzzi en el lateral, apretándole la espalda y no dejándole girar, a Cubero ofreciendo a ayuda desde el mediocentro, y a Augusto Fernández como volante de banda ayudando a Peruzzi. La propuesta de Tena fue idéntica: Jiménez le encimaba desde el lateral, Herrera ayudaba por delante y Enríquez cerraba la diagonal. La gran solidaridad y el trabajo de Salcido para proteger el cambio de orientación hizo el resto.

Pero además del gran sentido colectivo merece la pena destacar dos hombres que resultaron absolutamente decisivos en la final. El primero, Oribe Peralta. El delantero del Santos Laguna hizo los dos tantos, con una facilidad tremenda para encontrar el remate. Sin estar excesivamente conectado al juego fue absolutamente resolutivo. El segundo, probablemente la mayor sensación de estos Juegos Olímpicos: Diego Reyes. El central del América se ha mostrado, a sus 19 años, como un futbolista solvente, intuitivo, eficaz, y además, con buena salida de pelota.

El fútbol mexicano sigue creciendo. El oro olímpico es la continuación a una serie de buenas actuaciones en torneos recientes, como el campeonato sub 17 logrado el año pasado, y el acceso a semifinales logrado en el Mundial sub 20, también en 2011. Desde el luego el éxito de un oro olímpico ya es de por sí una satisfacción enorme, pero conseguirlo en este contexto, ante Brasil y esperando una medalla colectiva 76 años, hace que lo logrado por esta selección quede en el recuerdo de todo el pueblo mexicano. El final del torneo fue escuchar el himno en lo más alto, pero, por suerte, a esta selección le queda mucho camino por recorrer.

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