Histórico
28 agosto 2012Jose David López

Champions: Atenas, torturador de entrenadores

La profesión de técnico en el fútbol es, día tras día, una labor en auge. La sapiencia táctica supera en numerosas ocasiones las habilidades técnicas de los jugadores en el propio césped y con mayor asiduidad que nunca, su papel genera un mayor impacto sobre los conceptos futbolísticos actuales. Sin embargo, su soledad y el compromiso natural y perenne con los resultados cosechados, son su sepulcro cotidiano. Un mal endémico que les obliga a mantener una intachable regularidad para mantener sus cargos, esos que aún hoy, pese al rol fundamental que poseen, son una simple butaca con la sombra despótica del presidente sobre el fondo.

Todos ellos dependen de decisiones controvertidas y pocas veces lógica tomadas por quienes adquirieron un poder superior a base de euros o acciones. Presidentes que, en su gran mayoría, son incapaces de ofrecer cordura y continuidad para el crecimiento del grupo y la aparición de automatismos genéricos que hagan mejorar el global. Cualquier campeonato del mundo refleja una enorme urgencia por lograr resultados y, si estos no llegan, el primero que asume la culpa con su puesto es el técnico. En Grecia, esas cuestiones son aún más extremas, pues no existe margen de error ni tarde accidentada, sino proyectos abortados e incoherentes cambios de rumbo. De todos ellos, los banquillos de Atenas son especialmente frágiles a bloqueos o malas rachas y así lo demuestra, mejor que nadie, el Panathinaikos.

El equipo Trifylli (trébol), es una constante permuta de proyectos vacíos. No hay tiempo para crecer, formar una línea de trabajo específica y tomar profundidad en conceptos tácticos. Los jugadores, muchas veces llegados de manos de uno de estos técnicos efímeros, apenas tienen regularidad o consistencia pues, meses más tarde, quien les animó a la aventura es parte del pasado. Como consecuencia, el Panathinaikos lleva años sin poder desestabilizar a su vecino Olympiakos (dejando a un lado el doblete’ del año pasado) y, lo que es peor, acumula una plantilla donde hay hueco para futbolistas de roles disparatados. Jóvenes que se han estancado (aún dolía ver a Ninis en las gradas o en el banquillo sin minutos hasta que ha decidod salir al Parma), veteranos de guerra que terminan sus días con la nómina bien repleta de euros (Govou o Luis García hace poco) o iconos del fútbol heleno que hace mucho tiempo dejaron de ser primera línea competitiva (Katsouranis, Karagounis o Seitaridis, que sigue en nómina pese a no jugar nada).

Así, el Panathinaikos ha experimentado en apenas cinco años el paso de siete entrenadores diferentes: Alberto Malesani, Hans Backe, Jasminko Velic, Víctor Muñoz, José Peseiro, Ten Cate, Nikos Nioplias y ahora, el ex del Málaga, Jesualdo Ferreira. Un técnico, además, curtido en ml batallas cuya mentalidad ganadora tocó fin en Oporto (al que elogié continuamente) y con una clara postura hacia ofertas económicas de buen agrado hasta que decida finiquitar su carrera (en Málaga ya han tomado nota de ello). Y es que la capital griega comparte esa fugacidad en sus proyectos deportivos pues el AEK (hace poco dirigido por Manolo Jiménez), suma ocho entrenadores en una década y el Olympiakos, nada menos que veinte en los mismos años donde se convirtió en claro referente heleno.

Una alocada gama de entrenadores que pasaron sin pena ni gloria por el OAKA (un estadio Olímpico que no reverdece las extintas noches de ‘infiernos’ griegos) y que no sobrevivieron a las extremas exigencias de Nikos Pateras, un presidente tan adinerado como agitador. El reto es el de siempre, levantar la Super Liga griega anualmente, regresar a la Champions y dar una buena imagen porque, de lo contrario, el cambio en el banquillo ya es natural. Tanto, que a Nioplias (su antecesor) no le sirvió con ganar el ‘doblete’ del pasado curso pese a una sequía de seis años. Atenas resistió a los persas, aniquiló paganos y ahora es especialista en torturas entrenadores…

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