Histórico
23 agosto 2012David De la Peña

Barcelona: Tito Vilanova y el reto de gestionar recursos

Ya lo cantaba La Fuga: “Maldito Abril, solo viene a recordarte, que ya no eres feliz”. Y es que, aquel 27 de abril de 2012, en aquella rueda de prensa, había hueco para todo. Había hueco para acordarse de cualquier frase. Hueco para acordarse de Coldplay y su Viva la vida, o hueco para recordar a Russel Crowe y su Gladiator. Cada uno tendría sus sensaciones, pero viendo a Pep Guardiola en segundo plano, a la izquierda de los flashes, mientras hablaba Sandro Rosell, me parecía como si por dentro estuviese parafraseando a La Fuga, dando a entender a todo el mundo, que en ese mes de abril se le acabó la ilusión.

Esa mesa, con Pep Guardiola a la izquierda, Andoni Zubizarreta a la derecha, y Sandro Rosell en el medio, traía la noticia que ningún culé quería escuchar: el entrenador más exitoso en toda la historia del Fútbol Club Barcelona dejaba su cargo. Según sus propias palabras, era una decisión que venía tiempo rondándole la cabeza. No es de extrañar, viendo su política interna a la hora de renovar, y los matices que adornaron sus discursos durante los cuatro años que estuvo en el cargo. Los culés querían, pero la lógica llevaba a pensar que el ciclo de Pep Guardiola en el Barça no iba a ser demasiado largo.

Así que el anuncio corrió como la pólvora. Rosell confirmaba que el de Sampedor no iba a renovar, y todas las redacciones deportivas del mundo se encendieron. Desde la misma ciudad condal hasta Nueva York. The New Tork Times, O Globo, webs asiáticas… Todo el planeta fútbol, ese 27 de abril, tenía la misma noticia de cabecera. Y claro, la trascendencia era tal, que los minutos que estuvo el Barcelona sin entrenador fueron un hervidero de especulaciones. ¿Blanc, Bielsa, Villas Boas, Luis Enrique? ¿Quién iba a ser el privilegiado que iba a dirigir esa plantilla de ensueño? La noticia que Rosell iba a dar sorprendió, pero tuvo una gran acogida: El nuevo entrenador del Fútbol Club Barcelona iba a ser Tito Vilanova. Proyecto continuista, ya que el nuevo entrenador había aportado mucho a esta exitosa etapa del club blaugrana. Un binomio con Pep en el que el aprendizaje había sido recíproco, y unos futbolistas a los que Vilanova conocía de primera mano. Cierto que durante el verano las especulaciones fueron muchas. Los planteamientos del Barça durante la última temporada de Guardiola habían sufrido muchas modificaciones, y el aficionado blaugrana estaba expectante acerca de lo que se podía encontrar en este nuevo curso.

No se esperaba algo diferente en el apartado de altas y bajas. Como venía siendo habitual últimamente, el Barcelona se ha apuntalado con algún nombre concreto, pero sin hacer grandes cambios en la plantilla. Se marchó Keita y llegó Song. La mejoría es evidente, porque al despliegue que ofrecía el malí, se suma una mayor capacidad de asociación e imaginación cerca del área, más juventud y un futbolista más familiarizado con la base de la jugada. Y como segunda incorporación, Jordi Alba. La baja de Abidal obligaba a fichar otro hombre para el lateral izquierdo, pero además ofrecía una posibilidad de jugar con más asiduidad con defensa de 4. Lo cierto, es que son dos fichajes que enriquecen mucho la plantilla. La afición se ilusionaba con las incorporaciones, pero como comentamos, estaba expectante por ver qué se iba a encontrar cuando el balón echase a rodar.

Y las dudas se despejaron en el debut liguero frente a la Real Sociedad. El Barça jugó con un 4-3-3 muy equilibrado. En defensa, Dani Alves y Jordi Alba en los laterales, con Mascherano y Puyol en el centro de la defensa. En medio campo, Busquets como mediocentro, con Xavi y Fabregas como interiores. En punta, dos extremos muy abiertos, en este caso Pedro y Tello, con Messi en esa famosa posición de falso nueve. El funcionamiento fue sensacional. Tello y Pedro abrían mucho el campo, (algo que también ocurría cuando el equipo jugaba en 3-4-3), pero recibían la ayuda de sus parejas externas (Jordi Alba y Dani Alves), por lo que se generaba un espacio dentro clave para asociarse, pero que además permitía la posibilidad de cambiar la orientación del juego con hombres externos clavados en el perfil opuesto. Esa fue la principal noticia del esquema, aunque la agresividad de Fabregas para llegar arriba y acompañar a Messi, y la soltura de Xavi para dar el apoyo cercano a Busquets o ser importante en la frontal del área, también merece ser destacado.

Sin duda, una puesta en escena muy ilusionante, y que podría resumirse en una palabra que quizá faltó en ciertos momentos la temporada pasada: equilibrio. Tanto por fuera, como por dentro. Por supuesto, la tremenda plantilla de la que dispone Tito Vilanova ofrece muchos interrogantes. El papel de Song, quizá como suplente de Busquets (donde, personalmente, tengo ciertas dudas), como jugador rotación de los interiores o como acompañante en un doble pivote. También será interesante ver la estructura cuando coincidan Iniesta y Fabregas, donde quizá el manchego deba jugar como extremo, perdiendo el equipo un hombre fijando en la línea de cal. Por supuesto, el papel de Villa o Alexis Sánchez, que tampoco tienen el perfil Tello o Pedro en los extremos y que modificarían la estructura en la fase ofensiva.

Lo que es obvio es que Tito Vilanova dispone de un abanico de posibilidades amplísimo. Frente a la Real Sociedad vimos un mecanismo equilibrado y tremendamente eficaz, diseñado para producir por dentro, y bien acabar por fuera, o devolver la jugada al interior o al otro perfil. Pero hay que estar expectantes para ver el planteamiento frente al Real Madrid, y en partidos venideros, cuando al equipo se vayan sumando hombres importantes y que harán modificar esa estructura que vimos en el debut liguero, más sencilla pero absolutamente coherente y eficaz. Y es que, sin duda, el gran reto que tendrá Tito Vilanova será gestionar este tremendo elenco de estrellas para que cada día ofrezcan buen rendimiento colectivo. La primera gran prueba, contra el gran rival. Llega la Supercopa.

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