Histórico
17 julio 2012Jesús Camacho

Luis Figo: El Saramago del fútbol (2000)

Tomamos de nuevo el mando de nuestra sección de Balones de Oro. Un recorrido detallado por todos los jugadores que han sido capaz de levantar el mayor premio a nivel individual del mundo del fútbol. Llegamos al nuevo siglo con Luis Figo.

Ser icono de una generación no es nada sencillo pues sobre ti recaerá en primer lugar la responsabilidad de los éxitos y fracasos de tus coetáneos. Si a ello le sumamos la frase comparativa citada por un personaje del calado del tristemente desaparecido José Saramago - autodidacta por excelencia y último gran literato de las letras lusas- en la que manifestaba que se sentía como ‘el Figo de la literatura’ y la condición de futbolista inquieto de nuestro personaje, que no dudó en cambiar de aires en momentos cruciales de su carrera -por los que quedó estigmatizado con un perfil que no le benefició-, podremos componer la figura de Luís Filipe Madeira Caeiro Figo -Luis Figo-, uno de los mejores jugadores portugueses de todos los tiempos.

La suya una historia que comienza en el año 1972 en el hospital São Jorge do Arroios, en Lisboa, donde vio la luz por primera vez un chico que se crío en el seno de una modesta familia. Hijo único del matrimonio compuesto por Antonio y María Joana, que regentaban una tienda de ultramarinos en la freguesia portuguesa Cova de Piedade, del concelho de Almada. Enclave mágico para un pequeño que comenzó a tomar contacto con el balón, a los ocho años en el Barrocas B, modesto club de su barrio. Cova de Piedade le vio crecer, y ser feliz persiguiendo una pelota en la rúa de los sueños. El União Futebol Clube “Os Pastilhas”-que debe su nombre a su patrocinador, una marca de píldoras digestivas-, le brindaría continuidad en aquel camino que le convertiría en estrella. Pronto con la modesta casaca de “Os Pastilhas” logró captar la atención de los ojeadores de Sporting Club.

Por aquel entonces Luisito se mostraba como un niño inquieto, que destacaba en la escuela por su inteligencia para los números y las matemáticas, pero su destino aunque ligado a los números no le llevó al mundo de la ciencia sino al del deporte y el fútbol, su otra gran pasión. Un chaval que quiso ser futbolista a toda costa, pues cuentan que en las inferiores de Sporting Clube, prefería quedarse sin comer para poder entrenar sin descanso hasta la caída del Sol. Una cantera a la que perteneció y con la que integró en aquella segunda mitad de la década de los ochenta, una veta dorada de fútbol que constituyó una de las mejores generaciones de la historia del fútbol portugués.

Figo se convirtió en icono de la “Generación de oro” aquella que logró reverdecer añorados días de gloria vividos con Eusebio, Torres, Coluna y compañía. Y aunque les faltó coronarse en el ámbito internacional con un gran torneo en categoría profesional, los comienzos no pudieron ser más esperanzadores. Los recordados Paulo Sousa, Fernando Couto, Joao Pinto, Abel Xavier, Rui Costa, Rui Bento, Jorge Costa, Capucho y Figo. En el caso de este último campeón de Europa sub-16 en 1989 y dos años más tarde campeón de Europa juvenil de la mano de Carlos Queiroz. Luis era indiscutiblemente la gran estrella de aquella hornada de futbolistas, un interior o extremo diestro que por calidad y velocidad te podía salir por ambos perfiles y tirarte un buen centro o un magnífico disparo. Verle era toda una gozada pero para sus rivales sin duda era como escuchar, como jugar un fado, pues los malos momentos y el fatalismo se apoderaban de los defensores cuando se veían impotentes para frenar al genial futbolista lisboeta. Un talento en potencia que un 1 de abril de 1990 debutó oficialmente con el primer equipo del Sporting ante el Marítimo, con tan solo diecisiete años. La suya una generación de futbolistas que brillaron individualmente con sus respectivos equipos, pero que acabaron convirtiéndose en la “generación perdida” por la ausencia de una conquista internacional a escala profesional.

En todo caso con Luis Figo nos topamos de bruces con la historia de un extraordinario futbolista que brilló tanto a nivel individual como de club, pues el luso llegó a tocar la cima del mundo con su bota derecha. No en vano fueron varios clubes los que se rifaron al genuino talento de la freguesía de Cova da Piedade. Queiroz le convirtió en futbolista clave del Sporting, donde exhibió su tremenda calidad y su disparo. Recuerdo haberle visto por primera vez en un partido de la Copa de la UEFA de 1994, choque en el que Figo trajo en jaque a toda la defensa del Real Madrid. Aquel día Valdano también le vio y pujó insistentemente por su fichaje, aunque sin llegar a las cifras que pretendía el conjunto lisboeta por deshacerse del que por entonces era su gran diamante. Especialmente teniendo en cuenta que Figo negociaba su pase a Italia con dos equipos de primer nivel al mismo tiempo: Parma y Juventus.

Una primera piedra en el camino del joven futbolista luso -que de forma consciente o inconsciente se las ingenió para rodear de polémica todos y cada uno de los traspasos que protagonizó a lo largo de su carrera-. En esta ocasión por una duplicidad de contrato que bien pudo haberle acarreado una sanción mínima de dos años, pero que con la irrupción en escena del Fc.Barcelona –que pagó la nada despreciable cantidad de 230 millones de las antiguas pesetas- quedó en nada. Llegó al Barcelona recomendación expresa de Johan Cruyff, que vio en el juego del luso la idónea figura capaz de hacer olvidar al genial Michael Laudrup –que mantenía serias diferencias con el holandés-. Pese a llegar con aquella complicada misión y en delicados momentos deportivos para la entidad azulgrana, pronto se convirtió en ídolo. La marcha de Cruyff trajo un vacío técnico que la entidad cubrió con la llegada de Bobby Robson y Louis Van Gaal, pero el rendimiento de Figo no se resintió, sino todo al contrario creció de forma exponencial, al punto de convertirse en uno de los estandartes del club. Una Supercopa de España, dos Copas del Rey, dos Ligas, una Recopa de Europa y una Supercopa de Europa adornaron su etapa azulgrana, en la que fue sin duda uno de los futbolistas más queridos por la afición, hasta aquel año 2000, en el que entre otras cosas firmó una sensacional actuación individual en la Eurocopa de Naciones.

Un verano aquel del 2000 tremendamente movido en la vida deportiva de Figo, pues Florentino Pérez le utilizó como gran baza electoral para desbancar a Lorenzo Sanz y dinamitar al conjunto azulgrana presidido por Joan Gaspart. Una jugada maestra y una muestra de poder con la que el Real Madrid –José Veiga mediante- inició un nuevo modelo de gestión, el primer galáctico de la ‘era Florentino’. La razón 10.000 millones de las antiguas pesetas -su cláusula de rescisión- con los que dinamitó el mercado y la Liga. Una negociación complicada con Florentino, pues si alguna de las partes –jugador o candidato- no cumplían lo pactado, debía indemnizar a la otra con 5.000 millones de pesetas. Cantidad esta que se negó a pagar Gaspart por la permanencia de Figo en el club azulgrana. Como diría el otro una cuestión de puro y vil metal, que retrató a todas las partes y no dejó en muy buen lugar al futbolista, por el peso que tenía tanto para el equipo como para la afición, una delicada decisión en la que probablemente se equivocó en las formas.

En todo caso una decisión que le convirtió en el eterno traidor de los aficionados azulgranas, pero que le permitió vivir una nueva etapa en la que consiguió completar su palmarés con la conquista de la Copa de Europa y la Intercontinental. La oportunidad también de jugar en otro grande del fútbol mundial y junto a estrellas de la talla de Zidane, Raúl, Roberto Carlos, Fernando Hierro… Por el medio su regreso al Camp Nou, en la mayor pitada que se recuerda y una de las tardes más tristes –la del cochinillo- por el comportamiento nada cívico de un sector de la afición blaugrana, que jamás le perdonó semejante traición. En cualquier caso lo que debe quedar en el recuerdo es el Figo futbolista, el “Saramago del fútbol”, fútbol en estado puro, su regate, su disparo, su entrega y su calidad. Cualidades que le llevaron en aquel año 2000 a ser elegido Balón de Oro por la revista France Football, teniendo así el honor de suceder en el palmarés del fútbol luso a toda una leyenda como Eusebio.

La pequeña gran historia de un futbolista que también recibió el FIFA World Player en 2001, un chico al que el Barcelona hizo grande, que maduró junto a Guardiola y disfrutó con Ronaldo. El mismo que años después fue acogido por el Real Madrid, donde Raúl lo integró y Zidane le acompañó a la gloria. Y aquel futbolista que tras salir del Madrid, tomó distancia en las filas del Inter de Milan, donde además de ganar títulos, vivió sus últimos años como jugador, dándonos a todos el tiempo suficiente para que los amantes del fútbol en estado puro le recordáramos.

Todos los Balones de Oro en nuestra sección Exclusiva

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