Histórico
12 junio 2012Jose David López

Rusia: Shirokov, readaptación sin alcohol

Uno de cada cinco habitantes en Rusia muere por consumo excesivo de bebidas alcohólicas. El país más extenso del mundo es un enfermo embriagado, golpeado por el abuso indiscriminado de la más accesible de las drogas (pese a que está ‘prohibida’ hasta los 18 años) y anualmente avergonzado ante la Organización Mundial de la Salud (OMS) por sus nefastos registros en la lucha contra este peligroso vicio. Tumores, enfermedades cardiovasculares y cirrosis del hígado siempre vinculadas al abuso de alcohol que, por desgracia, ha encontrado su territorio ideal entre adolescentes (sólo en Rusia existen 60.000) pues dos de cada tres jóvenes rusos son consumidores diarios del afamado vodka. Tal obsesión existe de cara al futuro, que el presidente Dmitri Medvedev decretó la ‘ley seca’ para luchar contra esa “droga iniciática” que no pudo frenar con medidas similares, hace ya décadas, el mismísimo Mijail Gorbachov.

Por entonces, a finales de los 80, comenzaron a surgir con mayor asiduidad los llamados Last Chance Saloon (expresión referente a ‘la última copa’ tras una noche de fiesta), pues sólo allí se podía negociar clandestinamente la venta de bebidas espirituosas. Epicentros aptos a juerguistas con excesiva desvergüenza, animosos bailarines corbateados y chicas de dudosa reputación social. Allí, en sus primeros años adolescentes y cumpliendo con el porcentaje de jóvenes vinculados al vicio de la botella en la mano, nadie era diferente. Sin escalones sociales ni tribus urbanas diferenciables, las escenas más polémicas tenían como protagonistas a personajes televisivos o artistas en momentos de relajación, pero también existió lugar para un futbolista apartado de la esfera pública y bohemio en sus pensamientos. Singular, extremista y consumidor habitual de “Beluga” (el vodka más prestigioso de Rusia). Esa fue la vida del adolescente Roman Shirokov.

Anestesiado y paralizado por la falta de ambiciones en Dedovsk (un asentamiento a 40 kilómetros al oeste de Moscú que acabó convirtiéndose en una pequeña ciudad), los chicos tenían dos motivaciones personales para el futuro. Una hablaba de grandes resacas, júbilo diario y exaltación de sensaciones irracionales producto del consumismo desmesurado de aquella bebida que dominaba sus vidas. La otra, de labrarse un trabajo de la nada, sacrificándose 24 horas al día en busca de aspiraciones nada realistas ante la cercana sombra de la capital. Todos los chicos iban acumulándose en la cola del Saloon y Shirokov no fue una excepción. Hermanado con la pobreza desde su infancia, libró una dura batalla contra el alcohol, que le hizo entrar en una espiral incontrolable. Criado con una madre soltera obligada a trabajar horas extra mientras financiaba su carrera (el padre murió siendo Roman un niño), perdió el pilar, el mentor y la energía para leer inteligentemente el camino adecuado en el momento clave. Lo entendió tarde, perdiendo tiempo, fuerzas y dinero por el camino, aunque recuperando para el fútbol un rol casi desahuciado, el del llegador.

“Siempre tomábamos cerveza, vodka y a veces todo junto bien mezclado. Una vez perdimos el control y estuve casi dos meses ausente del mundo cuando apenas había salido a tomar algo con un amigo. Fue caótico. Eso fue a finales del año 2002 y la primera vez que entendí mis problemas con el alcohol. Estaba listo para terminar con mi hobby del fútbol y mi idea era conseguir otro trabajo”, explicaba con frialdad hace unos años, intentando no citar la pérdida de su padre como principal debilidad para caer en las tentaciones fáciles de su entorno. “Justo estaba decidiéndome a cambiar de vida cuando aquella salida de tono me envió al ejército con 20 años. Mi madre quiso que aprendiera, la había decepcionado y allí me obligaron a cambiar. Pertenecía a la cantera del CSKA de Moscú y hasta me habían prometido que seis meses después, sería parte del primer equipo pero después de aquellos meses alocados, me castigaron pintando paredes en la base de Vatutinki, cavando trincheras y ayudando a tender cables eléctricos. Dormía en el cuartel y a las seis de la mañana estaba en pie. Cuando salí de allí, el CSKA no quiso saber nada de mí y ese fue mi castigo”.

Con el inicio de una carrera profesional malgastada, Shirokov iba a tener una segunda oportunidad pero alejada del glamour y el potencial de lo que había desechado con anterioridad. Un amigo de su comunidad, Vyacheslav Komarov, estaba entrenando a un equipo de la Tercera División Rusa y le pidió unirse al humilde vestuario del Istra. Un club ninguneado (hoy noveno clasificado en la misma división dentro del grupo de Occidente) que le iba a imponer el respeto necesario para empezar de cero, sin sobresaltos y con la única receta del divertimento entre amigos que sacrifican su tiempo por amor a la pelota. “Komarov me supo ayudar, me hizo respetarlo y a partir de ahí empecé a reconstruir una carrera que había tocado fondo y que jamás iba a rencontrarse con la bebida. A los pocos meses, por motivos económicos, tuve que dejar el club pero por suerte para mí, había detenido mis costumbres con el alcohol. Algo se detuvo dentro de mí y supo que había perdido tiempo pero que no era demasiado tarde”.

Vidnoye FC, Saturn, Rubin Kazan, Khimki y, desde 2008, Zenit de San Petersburgo. El sacrificio encontró éxito nada más llegar a Leningrado, pues ese mismo año, el millonario club ruso iba a triunfar a nivel continental levantando la extinta Copa de la UEFA (en la final de Manchester ante el Rangers). Con el talento ya desarrollado como interesante mediocentro de corte defensivo, Shirokov iba a reinventarse. Una crisis de lesiones en la defensa, provocó incontables problemas en la zaga de un Zenit entonces entrenado por Dick Advocaat. El holandés, que aún no tenía confianza plena en Roman, decidió reajustar su posición a la línea de zagueros y precisamente en aquella final europea, acabó siendo clave en una posición desconocida para él (junto a Ivica Krizanac ). “Lo tomé con calma, mantuve la concentración y Advocaat sabía de mi capacidad por lo que, como insistió, no tuve dudas en aprovecharlo”. Adaptado a su nuevo rol, fue convocado para la Eurocopa 2008 y Hiddink le dio prioridad sobre el veterano  Sergey Ignashevich. El primer partido ante la España posteriormente campeona, le culpó como principal defecto ruso (4-1 para España) hasta el punto de no volver a tener minutos en todo el torneo y no ser llamado hasta dos años después.

Su singular personalidad, siempre ha levantado suspicacias. Ha sido capaz de increpar a periodistas públicamente (insultó a Viktor Gusev cuando este criticó su potencial), polemizar por su franca sinceridad en twitter (@ shirokovr15) con todo aquello que no le agrada, pelearse con su compañero Vyacheslav Malafeev (estuvieron casi un año sin hablarse) o permitirse el lujo de hablar de sus cosas en la columna que enfoca mensualmente en el diario RIA Novosti. Todo producto de aquella adolescencia que acabó en una exitosa carrera como centrocampista de élite en el Zenit. Habilidad para aparecer por sorpresa en posiciones de ataque, capacidad para incorporarse desde segunda línea, intuición hacia los espacios y un gran desempeño global, no sólo le han readaptado a posiciones más ofensivas, sino que es el ejemplo perfecto de lo que representa la figura del llegador en el fútbol actual.

De regreso a la selección (el día de su vuelta marcó gol ya en su nuevo rol) y como líder medular del Zenit, es un centrocampista completo en conexión total con el ataque y la defensa. Cinco goles en siete partidos en Champions esta temporada y alimento principal del sueño del gigante ruso (por encima de la contribución de Danny o Kerzhakov), Roman Shirokov tardó en florecer y en encontrar la vía hacia el éxito pero, como buen experto en alcohol, mejoró con los años.

También te interesan: El millonario linaje ruso del Zenit

Rusia: Shirokov, readaptación sin alcohol , 5.0 out of 5 based on 3 ratings

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche