Histórico
25 junio 2012Jesús Camacho

Portugal: Fernando Chalana, el último fado del fútbol portugués

Suena un fado en el ambiente, el fútbol, su recuerdo se envuelve entre sus notas, transita como lamento nacido en la noche de los tiempos. Y aquel fado que quiere decir “hado” o sea destino, encuentra en la “melancolía de los dioses” la “melancolía del fútbol”, a la excelencia y fugacidad de nuestra existencia, también a la inmortalidad de la música, el lamento y la historia del fútbol portugués. Y en aquella inmortalidad, en su lamento eterno, la selección portuguesa sigue anhelando su cita definitiva con el destino, el éxito en una gran competición internacional. En el pozo profundo de la memoria colectiva, como lamento profundo que surge de las entrañas, del pasado, el quejido genial de talentos como Eusebio, Futre, Figo, Rui Costa, hacen sonar el fado de su fútbol con la “cítula” de los dioses. Para ellos, grandes entre grandes, el fútbol siguió siendo fado, pues este puso letra a sus propias tragedias acaecidas a tan solo dos yemas de la gloria.

Por ello ahora que Portugal siente orgullo del fado de su fútbol, pero intuye que ha llegando el momento de su cita con el destino, ahora que la arrolladora fuerza de la naturaleza, deja a su paso porteros caídos, defensas sentados y aficionados de pie. Ahora que Cristiano Ronaldo convierte el fado en catarsis a través de su imparable carrera y la simbología natural del indomable, quisiera recordaros la historia un pequeño futbolista que por talento y grandeza llevaba en sus botas la inmortalidad de aquella música. Un sello de nostalgia, de clamor y de búsqueda nos envuelve cuando Fernando Albino de Sousa Chalana, conduce con su pierna izquierda, su pierna derecha. Va a suceder algo, la grada murmura, Chalana la lleva, piensa y despierta de aquella aparente apatía genial. La menguada estatura de (1,65 m) y liviandad (62 kg de peso) de este loco bajito y pequeño genial, recordado entre otros apodos como “chalanix” el  asterix del fútbol luso y, el pequeño cyrano, está a punto de romper las leyes de la física con un regate, un pase genial de zurda o diestra, es igual.

Casi treinta años después aún se sigue planteando un enigma ¿era zurdo o diestro?, pues aun siendo zurdo de condición natural, poseía la poesía del ambidiestro. Sus interminables fintas eran ejecutadas preferentemente con la zurda, pero ¿y aquellos pases de maestro? Simplemente era genial, es más no se recuerda a un zurdo lanzando penaltis con la diestra como hizo ante los rusos en una ocasión. Como este pequeño genio surgido de Barreiro y formado en la cantera Barreirense, en la que dejó boquiabiertos a los técnicos de Benfica. Un chico que amaba el deporte por encima de todo y en sus inicios compaginó el fútbol sala con el atletismo, llegando a destacar en los Campeonatos Nacionales disputados en Lisboa, en los que acabó en quinta posición. Por tanto Chalana llegaba al fútbol con el repertorio técnico, la base del pequeño fútbol y la velocidad del atletismo. Talento y motor para un joven al que un incipiente bigote acabó convirtiendo en el perfil de un mago barbudo que con el báculo de la genialidad se ganó la admiración de sus congéneres. En 1974 el Benfica pagó 750 contos por Chalana, un precio que pareció excesivo para el Sporting por un futbolista juvenil. Craso error…

En la campaña 75/76 alternó sus actuaciones en el juvenil con las del primer equipo, debutando en Primera ese mismo año. Lo hizo de la mano de Mario Wilson, un 7 de marzo de 1976, en un encuentro de Liga, en el que Benfica venció tres a cero al Farense. Chalana que contaba con solo 17 años de edad entró al terreno de juego en el descanso, en sustitución de Toni. En tiempo record los aficionados quedaron atrapados, y colgados de su genialidad, pronunciar el nombre de Chalana era hablar de magia y es que al futbolista luso se le consideraba un prestidigitador de la pelota. En esa misma temporada se consagró Campeón Nacional Junior y senior y jugó con las selecciones junior, esperanzas y la absoluta. Concretamente debutó con la absoluta el 17 de noviembre de 1976 con tan solo 17 años, ocho meses después de su debut con Benfica.

Chalana como todo futbolista que usaba y abusaba de la técnica, de llevar la pelota cosida a su bota, fue objeto de marcajes implacables. Recibió mucho y tuvo que soportar un calvario de lesiones, que dio comienzo un 10 de noviembre de 1979, cuando una entrada de Brandão le provocó la rotura de ligamentos y la fractura del peroné de su pierna derecha. Si como dice Joao Moutinho, en Cristiano Ronaldo no encuentra puntos débiles, en la carrera del genial Chalana encontramos su principal debilidad en las lesiones sufridas, provocadas por entradas del rival o lesiones musculares que se convirtieron en su verdadero calvario, en cierta medida las “bruxas” que neutralizaron su magia.

Para el Mago de Barreiro, para el extremo zurdo, después de Eusebio, máximo baluarte del fútbol benfiquista, una fecha queda marcada en rojo de su calendario de creatividad: Año 1984, torneo Eurocopa de Naciones. La Europa que se inclinaba al reinado de Platini, y se rendía a los pies de Giresse y Tigana,  descubrió a un pequeño futbolista, desaliñado, barbudo, que reunía en el gran supremo del fútbol cualidades que le diferenciaron como futbolista excepcional. Chalana era puro fado, habilidad, velocidad, y magia, pero el lamento creativo de su fútbol se generaba en la fantástica soledad del genio, como el tango al borde del barrio, a ras de arrabal y potrero, como el fado a las puertas de los bares del puerto de Lisboa, en la calle tan varia como el mundo, y las lunas suburbanas de los sueños que edificó en su Barreiro natal.

El fútbol de salón y adoquín de Chalana, de aquel genio que deslumbró a Europa en Francia, dejando especial recuerdo de un 23 de junio de 1984, cuando en el “Velodrome” de Marsella, en una semifinal de la Eurocopa, Fernando se vistió de fado para cantar el lamento de una eliminación.  Un autentico partidazo que aún se recuerda por la estelar actuación de Chalana, por aquel inolvidable 3 a 2 entre la Portugal de Fernando Cabrita y la Francia de Michel Hidalgo. Por su aparición por la izquierda a quince minutos del final, para poner un balón medido a la cabeza de Jordao, que remató a la escuadra colocando la pelota lejos del alcance de Bats y neutralizó el gol de Domergue.

Por fin el fado portugués, las artísticas notas de un poético quejido parecían haberse citado con la inmortalidad del destino. La prórroga de un fado nocturno, un fado al anochecer, saudade del talento de Chalana, que en el minuto ocho irrumpió una vez más, (aunque por la derecha), para dejar sentado en tres ocasiones al mismo rival y poner un centro al segundo palo, donde Jordao remató picado, hacia el suelo, y sorprendió a Bats. Un 1-2 que pareció poner punto y final al fado, al lamento histórico de la selección portuguesa, pero que con el segundo gol de Domergue y la sentencia de Jean Tigana en el minuto 117, vio teatralizada la tragedia de una generación que encontró en Fernando Chalana a su mayor talento creativo.

Y como un fado en la lejanía os dejo este recuerdo, el de un genio que dio continuidad a su carrera en el Girondins, donde dejó retazos de su genialidad cuando las lesiones le permitieron interpretar su lamento. La música celestial que surgió de sus pies vendados de imaginación e impregnados de creatividad. Y en el desamparo metafísico de una selección que necesita imperiosamente una gran victoria, hoy quise musicalizar la nostalgia, la saudade de un futbolista sencillamente único, un poema cantado con el peso de la tradición, el fútbol interpretado con el peso del alma y visionado con el alma del torcedor. Cuando la música cesa y el silencio habla, solo nos queda la palabra, que vistiéndose de recuerdo, firma y pone punto y final a esta historia con dos líneas esparcidas por el suelo del tiempo: Simplemente Fernando Chalana, anudado al axioma de la pelota, exquisito, cristalino y el último fado del fútbol portugués.

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