Histórico
9 junio 2012Jose David López

Portugal: Cristiano Ronaldo y su ‘Euro-Balón de Oro’

Más de 150 puntos de diferencia respecto al segundo clasificado, campeón de la Champions League, Mundial de Clubes, Premier League y Community. Cuatro títulos adonados con 43 goles y la aureola de estrella mediática del gigantesco Manchester United. Ese fue el año 2008 que llevó a Cristiano Ronaldo a su primer y hasta ahora único Balón de Oro, un premio que pese a la dubitativa opinión generalizada que arrastra en los últimos años (sobre todo desde que se uniera al FIFA World Player como único galardón individual cada curso), determina quien es el rey del fútbol mundial. Desde esa temporada donde abanderó la reactivación de los Red Devils, el portugués ha quedado ensombrecido, instalado en un cartel de perenne secundario que por su ambición ganadora, no le permite mantener el sueño en paz.

Su fichaje por el Real Madrid respondía a mil objetivos globales, pero también personales, pues de blanco y en el considerado mejor equipo de la historia, su mística multiplicaría adeptos y su imagen generaría muchísimo más impacto. Pero ese gran reto individual volvía a ocultar una realidad automatizada ya en su interior, la de retarse anualmente con el que ya le había ganado terreno como estrella mundial, un Leo Messi (ese año 2008 fue segundo), que lo ha superado desde entonces. Este curso, las estadísticas han sido similares entre ambos e incluso hay quien cree que la presencia y determinación del luso ha superado el valor de lo aportado por el argentino. Con equilibrio a nivel de clubes, la diferencia entre ambos la marcarán los torneos continentales y sin posibilidad de fase final en América para el culé, la lógica evidencia que este 2012, Cristiano Ronaldo tiene en su mano renovar el entorchado de su salón. Y todo para por romper una nueva barrera, la que le impide brillar con su selección, Portugal.

Porque si hay algo que ha igualado a los dos mayores artistas del balón en los últimos cursos es su incapacidad para encontrarse cómodos con la camiseta nacional. Un debate que gira, polemiza y hasta se radicaliza, pues la afición ha silbado en más de una ocasión a su estrella (en este caso, vistiendo de luso o albiceleste). Cristiano ha perdido ya demasiadas batallas como para permitirse un nuevo tropiezo a gran escala, un nuevo golpe moral a ojos del mismo planeta que puede resituarlo como abanderado de oro a final de campaña. Siendo un niño con pendientes en sus orejas, vio como el ‘milagro heleno’ de 2004 (cuando Grecia superó todas las expectativas y ganó la Eurocopa) le arrebataba un torneo continental que hubiera impulsado desde su adolescencia su fama. En 2006, una batalla ante la Francia de Zidane (quien marcó diferencias con un penalti), sacó del Mundial a una generación formidable que desaparecía sin títulos. En 2008 fue Alemania, en cuartos y en 2010, antes aún, se cruzó en octavos con una Selección española ya arrolladora.

“No voy a pensar mucho en ello, pero al mismo tiempo no puedo negar que algo dentro de mí sí lo tiene presente (Balon de Oro)”, apuntó hace unas semanas. Al tiempo, su seleccionador Paulo Bento, defendía su status como estrella pero no salvador eterno de los males de su selección: “Cristiano siempre ha estado a un gran nivel. En la fase de clasificación nos ha ayudado mucho pero seguimos pensando que no debemos aliarnos a ningún jugador para que resuelva todos los problemas. Intentaremos hacerlo como equipo y habrá algunos jugadores que nos ayudarán a resolver determinados problemas, en su caso gracias a su talento y dinamismo, Cristiano es el más indicado”.

La fase previa donde Portugal ha tenido que superar incluso una ‘repesca’ (ante Bosnia), hace prever que la dinámica sigue siendo la de una selección con más individualidades que fuerza colectiva, con más egos a controlar que discursos a analizar, con más imprevisibilidad que fuerza mental y, desde luego, con una indiscreción peligrosa. Problemas y obstáculos que Cristiano Ronaldo debe superar y liderar pues no solo está en juego su capacidad para impulsar a un vestuario como capitán e icono mundialista, sino el rol que le haga regresar de nuevo a su verdadero fin, el del trono del fútbol mundial. Una buena Eurocopa, situando nuevamente a Portugal como alternativa, como colectivo ambicioso y unido en torno a su figura, le abriría las puertas hacia su segundo Balón de Oro. Un reto que motiva. Un reto que presiona. Un reto sólo para los ‘elegidos’.

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