Histórico
16 junio 2012David De la Peña

Polonia: Obraniak, el rebelde de sangre franco-polaca

La adaptación de Ludovic Obraniak a la selección absoluta de Polonia, al parecer, no resultó sencilla. Y es que, aunque el futbolista del Girondins de Burdeos se apresuró a desmentir la idea que indicaba un rechazo por parte del grupo, lo cierto es que declaraciones a una publicación francesa desataron los rumores. Obraniak comentó que sentía que el grupo le trataba con indiferencia, y la idea cobró aún más forma cuando su compañero Perquis (también integrado en la selección siendo natural de Francia), declaró en una radio francesa que en los inicios fueron considerados “las sobras del país galo”.

La poca fluidez en la comunicación (Obraniak apenas habla polaco) alimentaron la idea, y lo cierto es que todos estos factores hicieron temer que la adaptación en el campo podría resultar aún más complicada. Obraniak nació y creció en Francia, y tuvo sus inicios en las categorías inferiores del Metz. Su carrera ha estado ligada a la Ligue 1, donde entre el propio Metz, el Lille, y recientemente el Girondins de Burdeos, ha ido acumulado su experiencia. Las raíces de su abuelo, nacido en Pobiedziska, hicieron que la federación polaca se pusiera en contacto con él, en vistas a aumentar el nivel de la selección de cara a la Eurocopa que iban a disputar como anfitriones.

Lo cierto es que la reacción de Obraniak tras ser sustituido por Smuda en los minutos finales del Polonia – Rusia, han sido aprovechados para sacar a relucir estos presuntos problemas que parecían enterrados, siendo incluso una opción que mire desde el banquillo el partido decisivo, siendo el elegido el buen futbolista del Trabzonspor Adrian Mierzejewski. Lo cierto es que la actitud y aportación de Obraniak dejan en entredicho las dudas sobre su implicación, sobre todo si tenemos en cuenta que apretó en el mercado invernal al Lille (actual campeón, y, como hemos visto a posteriori, equipo con potencial para clasificar a la Liga de Campeones), para ser traspasado a un Girondins de Burdeos que por aquel entonces se ubicaba en la zona baja de la tabla.

La búsqueda de minutos y la ilusión de poder representar a Polonia en esta Eurocopa parecían en ese momento su principal preocupación. Su aportación en el Lille era escasa. En primer lugar por el esquema que habitualmente utiliza Rudi Garcia, ese 4-3-3 donde los tres hombres de medio campo forman una importante columna vertebral (Balmont-Mavuba-Cabaye), absolutamente complementarios y con un papel decisivo en el funcionamiento del equipo. En segundo lugar por la gran competencia que tenía en los extremos, (posición a la que se puede adaptar bien, a pesar de sentirse más cómodo jugando como mediapunta). En un costado la gran estrella del Lille, Eden Hazard, dejaban tan solo un puesto, que solía ser para Joe Cole o Dimitri Payet. El primero, opción de experiencia, y, como se ha demostrado, de buen nivel, y el segundo llegaba como un fichaje ilustre tras su fantástica temporada en el Saint-Etienne.

Con este panorama, Obraniak no dudó en buscar minutos para llegar a tono a la EURO, y lo cierto es que la sensación es que acertó plenamente. Gillot, un técnico fantástico no acababa de dar con la tecla en el Girondins, y el equipo estaba bastante lejos de mostrar las razones por las que había sido contratado: emular a un Sochaux que probablemente tuvo tramos el curso anterior en el que practicó el mejor fútbol del país. La situación era muy grave, no solo alejado de la zona europea, si no incluso coqueteando con los puestos de descenso. Un equipo con el potencial de su plantilla, ya lo hemos visto en otras ocasiones, puede tener graves problemas para salir de las últimas posiciones. El factor psicológico entra en escena, y futbolistas que han hecho la pretemporada con unos objetivos, de repente se encuentran ante la obligación de pelear por otros muy distintos.

Sin embargo, Gillot no solo sacó al equipo del pozo, si no que además acabó metiéndolo en la próxima edición de la Europa League. Cierto que el cambio de esquema, y la incorporación del lateral derecho Mariano resultó fundamental para ello, pero no menos cierto es que el papel de Obraniak tras su fichaje resultó absolutamente decisivo. Gillot ubicó una línea de tres centrales, dos carrileros con mucha profundidad, N’Guemo como mediocentro puro, dos puntas muy móviles, y en el centro de todo ello, la influencia de Plasil y Obraniak. Obraniak con libertad ha hecho una segunda vuelta maravillosa, mostrando su pegada, su buen tacto en espacio reducido, y su facilidad para asociarse.

Ahora tendrá precisamente enfrente a Plasil, con quien tan buen binomio ha formado en el Girondins, peleando a vida o muerte por una plaza en los cuartos de final de la Eurocopa. Cierto que la reacción del futbolista tras el cambio estuvo fuera de lugar, pero no es menos cierto que es una reacción provocada por el ansia de contribuir, por las ganas de aportar. Smuda parece haber aceptado las disculpas públicas del jugador, e incluso la web oficial de la selección polaca ha publicado dichas declaraciones. Veremos si finalmente es o no de la partida, pero lo cierto es que parece evidente que si Polonia pretende tener opciones, dejar en el banquillo un Ludovic Obraniak que ha mostrado tanto recientemente, podría ser contraproducente.

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