Histórico
28 junio 2012Francisco Ortí

Italia: Mario Balotelli, el mal pensamiento del instinto

No hay cárcel más asfixiante que la de un mal pensamiento que se niega desaparecer y resuena una y otra vez. Y es que pensar, para algunas personas, es una práctica peligrosa e intentan escapar de ella a toda costa. Miguel de Unamuno lo ejemplifica perfectamente en la novela San Manuel Bueno, mártir, a través del personaje principal, Don Manuel, un párroco que trabaja sin descanso para mantener su mente ocupada y no concederse la oportunidad de “pensar demasiado“. La actividad representaba su plan de fuga para escapar de un pensamiento que le perseguía y al que no deseaba escuchar. Cuanto menos pensara, más feliz era.

El pensamiento, pese a todo, acaba encontrándole. Es habitual que en los países más desarrollados y organizados, como por ejemplo Suecia, se encuentran las tasas más altas de suicidio de todo el mundo. El motivo no es otro el exceso de tiempo para pensar. Los pensamientos se pueden convertir en amigos traicioneros en personas de mente desordenada o personalidad inestable. Y hay pocas personas que se ajusten mejor a esa descripción que Mario Balotelli. Es complicado encontrar una persona con la mente más desordenada o la personalidad más inestable que la del delantero de la selección de Italia y del Manchester City.

Por eso Balotelli es un hombre de instintos y no de pensamientos. Su figura es completamente opuesta a la de su compañero en la Nazionale Andrea Pirlo. Mientras el mediocentro de la Juventus de Turín seduce a través de la reflexión y la pausa, Balotelli renuncia a ella para jugar desde el instinto, tanto dentro como fuera del terreno de juego. No se concede tiempo para pensar, sino que  lo completa con constantes acciones. Grita, se desmarca, dispara sin sentido, prende fuegos artificiales o se cuela en una cárcel de mujeres. Hiperactividad provocada como plan de fuga de sí mismo. Escapa de sí mismo, de unos pensamientos que no quiere escuchar. Y, paradójicamente, ahí está su fuerza.

El instinto traiciona a Balotelli fuera del terreno de juego. Paradójicamente, el Balotelli futbolista vive de ese instinto. Sobre el césped no piensa, sólo actúa. Ahí radica su principal virtud futbolística. Es incapaz predecir sus movimientos puesto que ni el mismo los conoce antes de hacerlos. Sus cualidades físicas y técnicas son las herramientas con las que se expresa ese instinto y que, sin embargo, se atrofian cuando las guía un pensamiento. Y es que, como ha quedado claro durante esta Eurocopa 2012, Mario Balotelli es un futbolista genial cuando actúa desde el instinto, pero absolutamente vulgar cuando debe pensar.

Cada vez que se le ha dado tiempo para pensar, Balotelli se ha estrellado. Contra España, tras robarle el balón a Sergio Ramos, se plantó solo frente a Iker Casillas. Caminó varios metros totalmente solo, sin nadie que le molestara, mientras poco a poco se iba acercando a la portería rival y pensaba lo que haría. Y no hizo nada. Pensó y fracasó. Fue incapaz de tomar la decisión correcta. Lo mismo le sucedió en cuartos de final frente a Inglaterra. Recibió un pase genial desde el centro del campo para encarar a Joe Hart sin oposición. Mismo escenario, misma obligación de pensar y mismo desenlace. Fracaso rotundo. Balotelli se atascó, dudo entre regatear o pisar el balón y acabó ejecutando un híbrido entre las dos opciones que acabó en las manos del portero inglés.

Sin embargo, Balotelli no sólo ha mostrado su lado oscuro en la Eurocopa 2012, también su versión más genial, su versión instintiva. Fue contra Irlanda. Después de quedarse en el banquillo a causa de su mala actuación en las dos primeras jornadas, Prandelli le dio entrada en la segunda parte. Balotelli apenas tenía tiempo para demostrar su valía. Y cómo no tenía tiempo no pensó, actuó. Cuando un centro sobrevoló el área se inventó una volea imposible que acabó en el fondo de la red y así aseguraba el pase a cuartos de final para Italia. El instinto habló en esa ocasión y Balotelli brilló. En las semifinales ante Italia Balotelli volverá a mostrar esa dualidad. Alemania, por su parte, ya sabe como pararle. Sólo debe obligarle a pensar.

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