Histórico
26 junio 2012Francisco Ortí

Italia: Alessandro Diamanti, aprendiendo a esperar

Bolonia no es ni muy grande, ni muy bonita, ni alberga ostentosos monumentos. Quizás sea una de las ciudades italianas más austera en ese sentido y en apariencia puede ser considera “del montón”. Sin embargo, esconde miles de secretos sin los cuales resulta imposible comprender la verdadera esencia de la ciudad y que sólo se pueden descubrir con la ayuda de un guía. El mío, lo recuerdo perfectamente, se llamaba Luigi Albino. Como buen italiano cuidaba su peinado al detalle; vestía enfermizamente a la moda, al límite entre lo elegante y lo hortera; y, por encima de todo, era un charlatán de esos capaces de maquillar la realidad únicamente con la palabra. Así fue como disfrazó las Dos Torres de Bolonia, Asinelli y Garisenda, como un monumento arquitectónico.

Lo que él vistió de desafío contra la gravedad y era en realidad un difícil ejercicio de equilibrio, dos torres visiblemente inclinadas. Torcidas, para ser exactos. En la edad media las torres se convirtieron en un rasgo característico de Bolonia y las familias más acaudalas las construían como símbolo de poder. Cuanto más alta era la torre mayor era el poder de la familia. Los Garisenda quisieron construir la suya tan rápido que el arquitecto no tuvo tiempo de hacer bien los cálculos y creció torcida. Otra versión dice que la culpa de la desviación la tiene el mal estado del terreno sobre el que se levantó. Mientras que en la Divina Comedia, Dante explica que la Torre Garisenda se inclinó al intentar besar una nube sin esperar a que el viento la acercara. En cualquier caso, las tres versiones tienen un punto en común: la impaciencia. Una impaciencia que también ha marcado la carrera de otro símbolo de Bolonia, en este caso de su equipo de fútbol: Alessandro Diamanti.

Con la marcha de Marco Di Vaio al fútbol estadounidense (ha fichado por el Montreal Impact este verano), Diamanti se convierte en el principal y único referente del conjunto rossoblú, un club en el que parece que, a los 29 años, ha encontrado definitivamente su casa. Desde muy joven, ha carecido de la habilidad de esperar. Debía conseguirlo todo lo más pronto posible y de la forma más rápida posible, dando el segundo paso antes que el primero y atrollepándose a sí mismo. Vertical, directo y sin rodeos. Un trequartista sin pausa. Así vive dentro del terreno de juego y también fuera de él. No hace falta más que echar un vistazo rápido a su curriculum para descubrir que la impulsividad ha marcado su carrera.

Estuvo un año en el Prato, otro en el Empoli, otro en el Fucecchio y seis meses en la Fiorentia Viola. Luego dos años en el Albino Leffe y regresa al Prato para despegar definitivamente su carrera. Después de haber pasado vagando sin rumbo en las catacumbas del fútbol italiano, Diamanti explota y ofrece su mejor versión en el Prato. Sin embargo, seducido por un reto de más alcurnia decide cambiar de nuevo de equipo y ficha por el Livorno, que le abre las puertas de la Serie A. Allí confirma lo mostrado en el Prato, pero dos años después, sin concederse tiempo para asentarse en un lugar, se deja llevar por su impaciencia y ficha por el West Ham de Gianfranco Zola. Su impacto en Londres fue inmediato. Marcó ocho goles con los Hammers y firmó un contrato por cinco temporadas. Sólo cumplió una. Tras acabar su primera temporada en la Premier pidió al West Ham volver a Italia. “Nos dijo que echaba de menos Italia“, confiesa David Gold, presidente del West Ham.

Los hammers pagaron 8 millones de euros por él. Un año después, pese a su buena temporada, se vieron obligados a venderlo por 2,2 millones al Brescia, quien, por cierto, todavía no ha ingresado el dinero. Negocio ‘redondo’ para el West Ham. En cualquier caso y como venía siendo habitual en Diamanti, sólo aguantó un año con los Biancoazzurri y el pasado verano se mudó a Bolonia, para jugar junto a Marco Di Vaio. Volvió a brillar para ayudar al Bolonia a lograr la salvación y ganarse la convocatoria de Cesare Prandelli para disputar, contra todo pronóstico, la Eurocopa 2012 con la selección italiana. “Mi historia es cómo una fábula“, comentó Diamanti cuando conoció que estaba entre los 23 elegidos de la Squadra Azzurra.

Sin embargo, no fue hasta el pasado encuentro contra Inglaterra de cuartos de final cuando Diamanti hizo sonar su nombre en la Eurocopa 2012. Había pasado inadvertido hasta entonces, pero en el duelo ante los ingleses su impaciencia, esa incapacidad para frenar, se convirtió en su mejor virtud. Su impulsividad cambió la cara del partido y se convirtió en un revulsivo para Italia. Diamanti se alzó como el protagonista del encuentro y también de la victoria al anotar el penalti decisivo gracias a un consejo de última hora de Buffon. “Nunca imaginé que viviría algo así“, aseguró tras el partido. Sin contar con minutos en la Eurocopa 2012, por primera vez en su carrera Diamanti supo esperar su oportunidad y ésta acabó llegando. Esta vez Diamanti fue capaz de esperar a que la nube llegara a la torre y puede que lo haya conseguido justo a tiempo para enderezar su carrera. Bolonia no sería un mal lugar para hacerlo.

Síguenos también desde TwitterFacebook

Italia: Alessandro Diamanti, aprendiendo a esperar, 5.0 out of 5 based on 2 ratings

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche