Histórico
9 junio 2012Francisco Ortí

Holanda: La infancia blanca de Ruud Dil

Por alguna extraña razón en ocasiones el ojo humano es incapaz de percibir las cosas más obvias. Tras el miedo, la inseguridad o simplemente la falta de atención se oculta una realidad que todo el mundo asume como normal, pero el propio implicado. Así transcurrió en Holanda la infancia de  Ruud Dil, un niño como cualquier otro que llevaba una vida tan normal como la de cualquier otro.  Iba a la escuela por la mañana, como los demás, y por la tarde jugaba a fútbol en el equipo del barrio, el Rozendwarstraat, como los demás. Ruud Dil creció pensando que era un chico completamente normal hasta que por el trabajo de su padre tuvo que mudarse al norte de Ámsterdam y allí su vida cambió para siempre. En su primer día de escuela sus nuevos compañeros le insultaron y se burlaron de él. Entre lágrimas le explicó a su padre lo que le había sucedido y éste le explicó que aunque era un chico normal algunos no lo veían así por su color de piel.

Ruud Dil era negro. Ruud Dil era y es Ruud Gullit. Hijo de un emigrante de Surinam, George Gullit, y una holanda, Ria Dil, Gullit creció desconociendo que su color de piel podía suponer un problema. No fue hasta los nueve años cuando descubrió que era de raza negra, algo que en la década de los setenta y la primera mitad de los ochenta se había convertido en una barrera en Holanda. La masiva inmigración procedente del Surinam provocó un rechazó por parte de los holandeses hacia las personas de raza negra, temiendo que esa mano de obra de bajo coste dejara sin empleo a los nativos. Para Gullit, sin embargo, fue una excusa para unirse al otro chico ‘diferente’ de su nuevo equipo, un tal Frank Rijkaard.

El racismo en Holanda se ha diluido durante los últimos años, pero hubo un tiempo en el que estuvo tan arraigado que Ruud Gullit lo sufrió en sus propias carnes incluso después de haberse convertido en una estrella nacional al ganar la Eurocopa de 1988 y haber recibido el Balón de Oro. Durante el Mundial de 1990 en Italia, Holanda perdía el encuentro que estaba disputando frente a Alemania y los aficionados holandeses lo pagaron con los ‘tulipanes negros’. Los jugadores procedentes de las Antillas Rijkaard, Gullit y Aron Winter fueron pitados e insultados cada vez que tocaban un balón. Stanley Menzo, el tercer portero de Holanda en aquel Mundial y también de origen antillano, se mostró muy crítico con el comportamiento de la afición holandesa. “Me dio mucha pena que trataran así a algunos de nuestros jugadores más importantes. Es algo que no tiene ningún sentido y debe parar cuanto antes“, declaró tras el encuentro.

En Holanda los duelos de la Oranje frente a la Mannschaft trascienden a la rivalidad deportiva y son entendidos como la reedición de la guerra que mantuvieron ambos países. La derrota frente a Alemania en el Mundial de 1990 hirió al país en su orgullo y los holandeses señalaron como culpables a los jugadores antillanos, acusándoles de no sentir la importancia del partido por ser de un origen diferente. Acusaciones, por supuesto, completamente irracionales. Gullit, por ejemplo, nació en Holanda y siente tanto odio hacia los alemanes como cualquier otro holandés. Rijkaard, por el contrario, es más sosegado que el que fuera su compañero en el Milan, pero en aquel partido estuvo muy alterado e incluso perdió las formas con aquel tristemente celebre escupitajo que lanzó contra Rudi Voller.

En cualquier caso, aquel encuentro provocó un brecha entre los internacionales antillanos y los de raza blanca que ha tardado mucho tiempo en cicatrizar. Durante los años siguientes jugadores procedentes de Surinam como Edgar Davids, Patrick Kluivert o Clarence Seedorf protagonizaron varios incidentes durante las concentraciones de la selección holandesa. El problema del racismo había traspasado las fronteras de la Oranje y se habían establecido guetos dentro de la propia selección. 23 jugadores con un objetivo común y, sin embargo, separados por su origen o raza. Tras el fracaso en la Eurocopa de 1996, la federación holandesa intentó atajar el problema y Guus Hiddink, el seleccionador de Holanda en ese momento, trazó un plan maestro. Se rodeó de viejas glorias del fútbol holandés: Johann Neeskens, Ronald Koeman y Frank Rijkaard.

Los he contrado porque creo que me pueden ayudar a mejorar la calidad de los entrenamientos“, explicó Hiddink. El motivo real era otro. Con la presencia de técnicos de distintas razas, iconos e ídolos de sus jugadores, provocaría que ambos guetos volvieran a unirse para convertirse en un equipo. Funcionó. “El ambiente es estupendo, contamos con un grupo muy maduro”, señaló Frank Rijkaard poco después de iniciarse el Mundial de Francia 98, dando a entender que las rivalidades entre ambas partes habían quedado enterradas. Estos días, el racismo ha vuelto a estar de actualidad en la selección holandesa, pero no desde dentro, sino procedente desde el exterior. La Oranje de Van Marjwick cuenta con varios jugadores de raza negra que fueron insultados por su color de piel durante el último entrenamiento realizado por los holandeses en Cracovia. “Todos hemos escuchado esos gritos de mono y es algo que no se puede aceptar. Si los volvemos a escuchar nos iremos“, amenazó Mark Van Bommel. La contundente reacción del capitán de la Oranje demuestra que la herida del racismo dentro de la selección holandesa ha cicatrizado completamente. El problema quedó el pasado. Si siempre hubiera sido así tal vez Ruud Dil nunca hubiera descubierto que era negro.

Síguenos también desde Twitter y Facebook

Holanda: La infancia blanca de Ruud Dil, 5.0 out of 5 based on 2 ratings

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche