Histórico
23 junio 2012Jose David López

Francia: La ‘otra integración’ del césped

En plena campaña de relección a la Presidencia de Francia, buscando los votos de la ultraderecha y temiendo ya lo que poco después se confirmaría como su adiós al poder, Nicolás Sarkozy gritó sin censuras sus ideas de ‘integración’: “Francia no puede seguir recibiendo tantos extranjeros. Miren la situación de España, de Portugal, de Grecia, de Irlanda. ¿Creen que el poder adquisitivo de los españoles ha sido preservado? No se puede regularizar a todos los que lleguen a nuestro país, sino que hay que usar un examen de francés a toda persona que quiera venir a Francia para garantizar que será capaz de integrarse”. La voz del estado francés en ese momento, que había fracasado ya en su ley anti-gitanos y que promovía una ley de delincuencia extranjera, volvía a refrendar sus ideales más radicales.

Hay quien cree que en esa dinámica pro-globalización, la idea de nación no debe estar vinculada con una etnia o raza, pero precisamente en Francia hay un ende absoluto que actúa como apaciguador o exaltador de todas esas impresiones. El encargado de liderarlo y dirigirlo, incluso mucho más allá de lo estrictamente profesional, es Laurent Blanc, actual seleccionador del combinado galo y foco de máximo interés deportivo y político. Presionado, ha abordado en varios momentos públicamente el contratiempo que supone para el país formar a jóvenes en sus categorías inferiores que luego, en edad adulta, pasan a defender los colores de otro equipo nacional por sus orígenes familiares. Y es que tras ser tachado de intolerante, cada cierto tiempo tiene que recalcar sus ideales en términos que nunca debería analizar un simple entrenador de fútbol, pero a los que se ve obligado para mantener una relativa tensa calma.

“No es la gente de color lo que me da problemas, ni los norteafricanos. No tengo ningún problema con ellos. El problema es que esa gente tiene que comprometerse con Francia y hay que tratar de ayudar a que se comprometan. Si sólo hay, y hablo con crudeza, negros en los centros de formación y esos negros se sintieran franceses y quisieran jugar con Francia, eso me parecería bien“, aclaró Blanc. Y todo, porque la ‘huida’ de estos chicos criados y generados pro sus propias escuelas, estarían cerrando muchas puertas a franceses que sí se sienten como tal y que, con la única opción de su nación como selección elegible, sí podrían formar un entorno aparentemente más ‘afrancesado’ y apacible.

Y es que el propio presidente de la Federación Francesa, Fernand Duchaussoy, ha intervenido en multitud de ocasiones intentando frenar los ataques a la cúspide de su organigrama deportivo. Algo que se repite cada cierto tiempo desde que en 1998, en el Mundial de Francia, las estrellas que llevaron a Les Bleus a la élite y a su primer mundial de fútbol, respondieran al perfil de chicos criados en suelo galo pero de origen extranjero. Desde entonces, esas premisas dieron confianza y fuerza a quienes buscan una selección más globalizada puesto que, en esa etapa, se hablaba de la selección como un perfecto ejemplo de poder cosmopolita. Justo desde ese reinado, el caos se adueñó del vestuario hasta explotar por los aires en las últimas fases finales donde Francia ha sido escandalizada por polémicas y roces entre los propios jugadores.

“Estoy indignado. Es una mezcla sorpresiva, injusta y escandalosa. Como nos manejamos muy bien con la selección de Francia, hay gente que siempre está intentando desestabilizarnos“. El Frente Nacional, partido de derechas, no tardó en añadir de boca de su vicepresidente, Louis Aliot, que estaba “sorprendido de que los líderes del fútbol francés se vean obligados a introducir cupos para blancos pues deberían tomarse en cuenta las cualidades deportivas”. Para ello, utilizó a un icono de aquella generación de 1998, asegurando que Liliam Thuram, es “francés como ustedes y yo, pese a haber nacido en territorio externo”. El propio jugador, metido también en debates políticos, sí defendió a los jugadores y al seleccionador, asegurando que “es un problema falso porque los mejores jugadores van a jugar para la selección francesa y los otros que decidan no hacerlo allí, será porque no se ven con capacidad y van a jugar para otros países”.

Y en esa dinámica se fracasó en la Eurocopa 2008, al igual que en Sudáfrica 2010 (con enfrentamientos, desaires y hasta rumores de peleas en el vestuario por partidarios a unos ideales u otros). Hoy, la selección debe dar la cara nuevamente y lo hará con once ‘franceses’ debatiblemente enfocados por la polémica pues, como viene siendo habitual, la mitad de ellos pertenecientes a orígenes extranjeros. Una ‘integración’ ajustada por la política donde el fútbol juega un papel absolutamente determinante. Solo ganando habrá paz. Solo ganando, todos lo olvidarán unas horas.

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