Histórico
20 junio 2012Jesús Camacho

Euro 2012: Los porteros campeones de Europa

Desde los tiempos de Ricardo Zamora no se conocía en la vieja Europa a un portero con tanto carisma y poder de influencia generacional como Lev Yashin. Portero sobrio, elegante que pese a ser un innovador empedernido encandiló a los puristas con  su sentido de la anticipación y su agilidad, el perfil arácnido de Lev creó conciencia y consciencia de una evolución en la cruda posición del guardameta. De manos grandes, hombros robustos, Lev se lanzaba cuando era necesario, pero cuando lo hacía, el tiempo se detenía para degustar la técnica de un guardameta que dejó el sello y la impronta de un genio.

Yashin dominaba la posición de forma magistral, la colocación, el mando de su defensa. Imponía absolutamente a todos, sus rasgos acentuados y su planta magnífica parecían corresponder al equivalente físico de un personaje mitológico: la etérea sombría e imponente figura de un animal arácnido. La “Araña negra” que tejió su leyenda dejando tras de sí sueños dorados y puños elevados como flechas hacia el universo eterno de los grandes superhéroes del cómic legendario de la pelota. Ese fue Yashin, icono de una generación de futbolistas soviéticos, sucesor de un legado no escrito y primer portero en defender la meta del campeón de la Eurocopa. Un modelo, un ídolo al que muchos siguieron sus pasos y que en la lista cronológica de los grandes porteros que reinaron en Europa, ocupa el primer puesto, el más recordado pese a la grandeza de quienes le siguen.

En el año 1964, su primer sucesor. La esbelta figura de un chopo que proyectó su sombra por la leyenda, que al igual que Yashin adoptó  el color negro y los guantes de lana para defender el juego de tronos del fútbol europeo. Su nombre José Ángel Iribar y su título real el de sucesor dinástico del trono, figura básica de la selección española que se proclamó campeona de la Eurocopa en Madrid, en Chamartín, que fue testigo de la citada sucesión, la competición que les enfrentó pero escenificó la admiración del meta vasco y el color negro que les unió en los 107 x 70.

Y en la línea sucesoria de porteros campeones de Europa encontramos el perfil eterno de un guardameta, que en 1968 jugaba su cuarto partido internacional y se proclamaba legítimo sucesor al trono de la Eurocopa. Dino Zoff, ‘Dino Nazionale’ prototipo del guardameta ideal, por entonces mecánico de automóviles del Friuli, daba inicio a su reinado, al corolario de grandes guardametas que le vieron reinar durante años, sin estridencias, con la sobriedad por bandera y la colocación como arma.

En Sepp Maier, el fútbol encontró al arquetipo del portero alemán, dotado de unas condiciones atléticas muy destacadas y unos reflejos absolutamente felinos que le permitieron suceder en el trono de la Eurocopa al inolvidable Dino Zoff en 1972. Conocido como el “Gato de Anzing”, sus reflejos eran de tal magnitud que no hubiera tenido problemas para atrapar patos sobre el césped. Y pudo repetir Sepp en 1976, pero una genialidad de Panenka le hizo abdicar con un globo anti gravitacional que le dejó absolutamente clavado, vencido sobre la línea de lo imposible.

Ivo Viktor se encargó de sucederle y Checoslovaquia encontró en él al más digno sucesor de Planicka el “Gato de Praga”. En los años setenta mejor portero de la antigua Checoslovaquia  logró paliar su carestía de centímetros con otras cualidades que le adornaban. Destacó por su agilidad, leía el juego, siempre se posicionaba bien e hizo de la regularidad su máximo adalid. Su empate a cero en Wembley en el Mundial del 66 le definió, 66 tiros se registraron sobre la meta del portero checo, que mantuvo su portería a cero con grandes intervenciones. Y en aquella Eurocopa de Panenka se recuerdan especialmente sus intervenciones en la prórroga ante Alemania, que dejaron viva a la selección para la decisiva tanda de penaltis. Ivo Viktor el pequeño gran rey de Europa fue galardonado con el premio del mejor portero del campeonato y ese mismo año acabó tercero en el Balón de Oro.

Harald Toni Schumacher le sucedió en el ochenta y aunque la mayoría le recordemos por su brutal entrada, por la forma en que materialmente “atropelló” al francés Battiston en plena semifinal en el Mundial de España, en el 82, el alemán fue un portero de clase mundial y digno sucesor del inolvidable Sepp Maier. Su complexión física era lo más similar a un refrigerador: una enorme estatura y una fortaleza física que realmente impresionaba a los rivales. Si algo caracterizó al portero alemán fue su personalidad, su visión de la posición de guardameta es todo un tratado que merece la pena recordar: “También es muy importante intimidar al delantero contrario. Cuidado, deben pensar, ahora me acerco a la puerta, y ahí de guardia no hay una sombra, sino un portero contundente, un dragón delante de su cueva; un hábil y ágil diablo. Esta zona de 16 metros es el terreno soberano, toda esta zona es la portería misma. Tengo que proteger este templo. El delantero contrario tiene que darse cuenta de ello”

Pudo haber sido Luis Miguel Arconada, pues en la Eurocopa de Francia de 1984 no hubo mejor portero que el vasco, pero acabó reinando Joel Bats, ciertamente uno de los mejores porteros de la historia del fútbol francés. Un guardameta de 1,80 m. de estatura y 77 k. de peso que impresionaba por sus grandes reflejos y la enorme seguridad que transmitía en todas sus intervenciones. Destacaba además por su gran colocación y en aquella Eurocopa de Michel Platini lanzó el candado al mar de su portería, dejando actuaciones memorables con el gallo francés cantando sobre su camiseta mientras sus manos atrapaban imposibles.

Especies de manos que se enfrentan al gol, brotan de los reflejos, irrumpen por los brazos, saltan y desembocan sobre la luz, la estela de la pelota a zarpazos. Y en 1988 Hans Van Breukelen sucedió a Bats en el juego de tronos de Europa. Posiblemente uno de los mejores porteros holandeses de la historia y uno de los mejores guardametas europeos de la década de los ochenta. Un guardameta nacido para las finales, y predestinado para reinar en 1988, pues en la final de la Copa de Europa de aquel año, defendiendo la casaca del PSV, le detuvo un penalti decisivo al benfiquista Antonio Veloso. Y poco después en la final de la Eurocopa del 88, que ganó Holanda a la Unión Soviética por 2-0, le paró un penalti a Igor Belanov.

Y es que los guardametas son una especie diferente, acostumbrados a vivir al borde del milagro, de lo concebible e inconcebible, suelen entrar en las listas de beatificación de los aficionados al fútbol. Peter Schmeichel, el gran danés de la Dinamita Roja así lo hizo, pues fue valladar y figura icónica de la generación del ‘Milagro de Göteborg’. La imponente presencia de Schmeichel, sus amplias manos evitaron que Marco Van Basten les dejara fuera de la final abriendo las puertas al milagro. Cuatro Eurocopas le contemplan y su reinado en 1992 permanece inalterable en el recuerdo de los rolig.

Andreas Köpke, se convirtió en la Eurocopa de Inglaterra disputada en 1996 en el tercer portero alemán en levantar al cielo una copa Henri Delaunay. Muy seguro en todas sus acciones, Andreas defendió la portería alemana con gran firmeza y llegó a ser considerado como uno de los mejores arqueros del mundo. Dotado de grandes recursos técnicos y físicos, junto a Illgner y Kahn representó con brillantez la magnifica y tradicional escuela de grandes porteros alemanes.

La divina calva de Fabien Barthez, representó para muchos la rueda de la fortuna, besada ineludiblemente en un ritual previo a los partidos por Laurent Blanc, a Barthez le recordamos acciones de gran mérito y pifias que nos hacían dudar seriamente sobre su preparación técnica como portero. El caso es que el excéntrico Fabien es el único guardameta que ha mantenido a cero su portería en diez partidos de un Mundial y que sus excentricidades no impidieron que sucediera a Joel Bats como segundo portero francés en portar sobre sus sonoras manos el cetro europeo.

Antonios Nikopolidis, el “Clooney” del fútbol heleno vivió bajo los tres palos los momentos más dulces de la historia de su selección. Héroe nacional desde que en la Euro de 2004 de Portugal, su concurso fue decisivo para que la sólida línea defensiva griega solo encajara cuatro goles en todo el torneo. En su figura encontramos la visión y versión moderna de la épica griega, de sus reflejos podrían surgir innumerables apodos encomiásticos, referentes a los poderes sobrenaturales de un Dios que les hizo reinar en Europa. Nombrado mejor portero del torneo difícilmente Rehhagel hubiera podido hacer prevalecer el talento defensivo sin la presencia en el fondo de su equipo de un portero con tanta personalidad y cualidades como Nikopolidis el grande.

Y en la línea sucesoria del tiempo, trompetas suenan anunciando la llegada de un rey de manos lucientes, revistas de una piel de invencible corteza, manos inagotables, generosas fuentes de milagros y proezas. Manos afortunadas y reflejos que rompen maleficios, manos de santo, manos de Iker que recuerdan Yashines y Zamoras. Manos que ante Italia abrieron el camino al éxito de una generación maravillosa que suena a música cuando tiene la pelota y posee en Iker la herramienta del alma, su mensaje, su rama combatiente y empuñadura del reflejo. Iker Casillas, desde el año 2008 rey vigente de Europa, sus manos volando sobre el tiempo, sobre el sol, sobre la lluvia, sobre la primavera, sobre Ucrania y Polonia, pretenden obrar un nuevo milagro y convertirse en las primeras manos de portero que elevan por segunda vez en la historia al cielo de la leyenda una Eurocopa.

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