Histórico
29 junio 2012Jesús Camacho

España: Cuando nos toque morir, hasta la funeraria lo sentirá

La frase de Mark Twain (gran personaje), refleja de manera reducida, lo que nos ha hecho sentir la selección española hasta el día de hoy. Cuando esto acabe, cuando los nuestros mueran a la orilla de la gloria o logren la victoria con sus manos alzadas hacia la leyenda, nos percataremos de una jodida vez que vivimos de tal manera, que hasta la funeraria en la que se fabricaron los trajes de madera que vistieron los absurdos debates, sintió profundamente no haber sabido disfrutar el momento. Por ello me parece absurdo todo lo que se genera entorno a una selección, un equipo que morirá con la bandera de una idea que se viene gestando en el fútbol español desde hace veinte años. Una idea que podríamos atribuir a Cruyff, a su Dream Team, a la Quinta del Buitre, a La Masía, a Guardiola, a Luis, a Del Bosque, pero que no deberíamos olvidar que creció bajo el anonimato del educador del fútbol base de la cantera del fútbol español.

En la revolución mesocrática a la que dio comienzo Xavi Hernández en el campo del Jábac, del Jaba Carmelitano, con su camiseta blanca y su franja diagonal verde. En Fuentealbilla, donde Zidane encontró a su pequeño alter ego, en Lezama donde los leones aprenden a jugar al fútbol, en las entrañas de Nervión, en las que se gestó Jesús Navas, un pequeño pajarillo loco que nos hizo recordar otra gran frase de Mark Twain: “Cuando recordamos que estamos todos locos, los misterios desaparecen y la vida queda explicada” . Y la vida queda explicada en Camas, donde Curro dejó la esencia de Romero para que los chicos crecieran como Sergio y quisieran ser como Puyol, que desde la Pobla siente no estar presente, pero mucho más la pérdida de Miki, un joven paisano al que la fatalidad del destino le atropelló en la luz de la vida.

También en Móstoles, donde Iker mediante, hace tiempo que creen que los milagros existen, en Zaragoza, donde un salmantino comienza su humilde camino hacia las estrellas. En La Masía, donde Pepe Reina sufre y goza con el peso de la historia de un gran apellido y la presión de ser portero del Barcelona. Lugar en el que Víctor Valdés se pelea con la vida del portero, en aquel mágico desván de los sueños en el que Piqué y Cesc crecieron al ritmo e imaginación que les marcó Leo Messi. El prado de la imaginación canaria en el que Pedrito, que hoy goza de tratamiento de Sir y Don Pedro, tenía pie y medio fuera, hasta que fue rescatado y acogido en el seno filosófico de Pep Guardiola.

Justo en aquel campo de entreno Albert Benaiges sintió la marcha de un talento en potencia hacia las instalaciones valencianas de Paterna, en las que un joven correcaminos llamado Alba quedó extasiado ante la magia de un canario de Arguineguin, que hacía malabares en Valencia y hoy hace hechizos en Manchester. Y en los productivos campos de cultivo del talento, que es la hierba de Paterna, creció Raúl Albiol, un chico de Villamarchante espigado y apodado Chori. Porque esta España es pueblo, es Tuilla donde lloran porque Asturias perdió la representación goleadora de su siete, pero festejan que la bandera astur queda representada en la precisa pierna zurda de Mata y la calidad de Cazorla. También en Vallecas, donde Negredo deja atravesar su corazón por un rayo de sueños, y en las categorías inferiores del Kelme CF, desde donde Juanfran pasó de la cadena filial del Real Madrid a ser obrero de la banda y la pelota. Así como en Fuenlabrada y en Gastrar, una pequeña aldea del Concello de Boqueixón (A Coruña) en la que las ansias de un Niño que era inmensamente feliz con el Deja vu de la pelota, se vieron sumamente colmadas de rojiblanco. Pues esta selección, que para nada se reduce al universo Real Madrid y Barça, se fue gestando en una infinidad de coordenadas futbolísticas anónimas de España.

Y este equipo que crece en función del grupo, encuentra como iconos representativos del  colectivo, el sostén y la madurez de su juego, en el fútbol de dos medios que trabajan en la sombra para que otros brillen. Dos enormes estrellas para los que los elogios no son acentuados, pero que igualmente trabajan codo a codo entrelazando cometidos que llevan puliendo y desempeñando desde sus inicios: En Badía donde un niño de talante y salida de balón brasilera crece viendo a su padre, portero, jugar con los pies, mientras en la playa de la Concha, Julio Medem, cree descubrir a un actor en potencia sin percatarse de que acaba de dar un pase cuarenta metros a su hermano Mikel, que le espera al borde de la orilla creyendo que aquella pelota se la ha pasado Bernd Schuster. Pues cuenta nuestra historia reciente, que hasta la llegada de Luis, no se apostó decididamente por un modelo que a través del talento logró paliar las carencias en la condición física de base del futbolista español. Desde aquel órdago de tomo y lomo de Luis a la tan traída y mitificada furia española, la selección pudo encontrar por fin su lugar en la historia, su destino, un camino que le fue alejando de la furia y acercando paulatinamente cada vez más al balón.

Una furia para la que guardamos un profundo respeto y admiración, pero que tuvo que ceder un lugar preferente en la historia a la pelota, a una generación que encontró en Del Bosque la calma y la sensatez. La célebre mano izquierda de un comedido de la palabra, un convencido de la libertad que lee los partidos como pocos y ha blindado la cohesión de un grupo que basa su éxito en la simplicidad de las personas, la humildad de sus estrellas y la genialidad. Un grupo único de futbolistas que encuentran su madurez en una pareja de baile que sostiene el balance ofensivo y defensivo de nuestra selección: Xabi Alonso y su más genial escudero, Sergi Busquets. Y por todo ello, por el equipo que tenemos, por la forma en que tenemos el balón, quisiera concluir estas líneas dejando claro, que independientemente de la resolución final, prefiero tener detractores a seguidores que como las sombras nos siguieron en días de sol pero nos abandonaron en los días nublados sin recordar ni gozar un solo minuto de lo que hasta ese momento habíamos conseguido. Gracias Selección.

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