Histórico
7 junio 2012Jesús Camacho

Alemania 1972: “Ramba-Zamba-Fußball”

A finales de los sesenta y comienzos de los setenta artistas y estudiantes alemanes se vieron identificados por un modelo, una nueva corriente de expresión que encontró su fuente de inspiración en un personaje y un equipo de fútbol que perdura en la memoria. Un equipo al que quizás el transitar del tiempo haya cubierto injustamente con el halo del olvido. Y en la infinitud del silencio que marcan los recuerdos postergados, nos topamos con la identificación que sentían muchos jóvenes de entonces por un nuevo modelo, que abogando por la creatividad y el talento, se rebeló ante el modelo tradicional y las viejas estructuras ancladas en el poder. Aquel personaje de planta imponente y cabello largo dorado, era un futbolista nacido en Mönchengladbach, que se sirvió y sirvió al Borussia MG para erigirse en icono de una nueva cultura del fútbol.

Su nombre Günter Netzer y junto a Hennes Weisweiler, su entrenador, fue tótem de una generación promotora del talento y constante defensora del fútbol de ataque. Una nueva cultura futbolística que por un momento osó discutir el implacable reinado del Bayern Münich. La historia de un equipo que se alzó con los campeonatos en 1970 y 1971, pero que sobretodo contribuyó a cimentar la época más gloriosa del fútbol alemán.  Una época en la que para una voz tan autorizada como la de Franz Beckenbauer: “El Bayern jugó de forma racional, y el Gladbach de manera hermosa”.

Y es que en cierta medida el Borussia fue la realización del espíritu de la época, la estelar aparición de este equipo junto a la imponente presencia del Bayern Münich redundó positivamente en la selección, en la que Helmut Schön, técnico más pragmático que Weisweiler, comprendió que no debía desaprovechar tal disyuntiva. Schön fue inteligente y supo amalgamar muy bien ambos bloques, dándole todas las libertades tácticas a Netzer: “Haz lo que quieras, no me importa” le dijo a un futbolista que calzaba un 47 de pie, pero atesoraba en su pierna izquierda la precisión y el misterio de la poesía. En la paradoja de su altura, en aquella apariencia de tanque alemán, residía la capacidad de un tipo capaz de dar pases a doscientos metros con una precisión de tiralíneas. Además su disparo era tremendamente notable, muy duro y envenenado. Si a ello sumamos que sus dotes de liderazgo eran muy destacadas, poco más queda por decir en referencia a la dimensión del futbolista del que hablamos. Dimensión que en el caso de Franz Beckenbauer no precisa de calificación ni descripción previa, pues el Kaiser era junto a Cruyff el futbolista más influyente de su generación. Se puede decir que en aquella selección del año 1972, Franz era la inteligencia y la elegancia, mientras Netzer aportaba la poesía, la creatividad.

Así con la presencia de futbolistas del Bayern como Maier, Breitner, Schwazenberk, Hoeness, la aportación del bloque Borussia MG, en el que destacaban Hacki Wimmer, Berti Vogts y Jupp Heynckes, más la del lateral del Werder Bremen, Hottges, y los extremos del Sttutgart y Kickers Offenbach Grabowski y Held, el seleccionador alemán construyó un equipo de ensueño. Un equipo que regaló a la historia del fútbol su primera exhibición un 29 de abril de 1972. Tarde en la que en el mítico estadio de Wembley los alemanes se sacaron la espina de la final perdida en idéntico escenario seis años atrás. Eran los cuartos de final del Campeonato de Europa y Alemania pasó por encima de una Inglaterra que aunque no contaba ya en sus filas con Bobby Charlton, si conservaba buena parte de la columna vertebral de los campeones del mundo más la aportación de una nueva ola representada en hombres como Martín Chivers, Colin Bell o Francis Lee.

Para la historia quedó aquel sábado de abril del año 72 en el que Netzer firmó su mejor actuación con la selección, una tarde primaveral en la que Alemania fue una apisonadora y venció por un incontestable 1-3. En el punto culminante de maduración de una idea Bild, acuñó el término “Ramba-Zamba-Fußball” para definir el maravilloso despliegue futbolístico de su selección. Beckenbauer se movía por todo el campo y Netzer, que era un interior constructor zurdo, se adueñó de la zona central. Ambos contaban con el respaldo, con la ayuda de Hacki Wimmer y Katsche Schwazenberk. Arropados por el trabajo sucio de estos dos futbolistas gozaron de libertad de acción, intercambiando constantemente posiciones. Aquel equipo se movía como un acordeón, picaba con una abeja con sus incisivos extremos y mataba a base de torpedos de Gerd Müller. Para Jupp Heynckes que vivió de primera mano aquel Campeonato de Europa “Los dos bloques se conjuntaron muy bien. Nuestro poder residió en la fusión de dos ideas, el cambio de ritmo del Borussia y la inteligencia de los bávaros.”

En el encuentro de vuelta Alemania mantuvo la ventaja, empató a cero, reservando su empuje definitivo para la fase final, celebrada en Bélgica. En primera instancia, en semifinales dieron buena cuenta de los anfitriones, los “Diablos Rojos” que habían eliminado a Italia, no pudieron con la sincronización perfecta de aquellos alemanes que se impusieron 2 a 1 con dos torpedos de Müller. Un futbolista que nos legó para la historia la mejor definición del remate, del gol: “Si lo piensas ya es demasiado tarde”.

Y en la final disputada en Bruselas un 18 de junio de 1972, el fútbol presenció la confrontación del equipo del pasado y el equipo del futuro, la vieja escuela soviética, fría, pragmática y conservadora, ante la explosión del “Ramba-Zamba-Fußball”, un equipo muy dinámico y tan creativo como demoledor. La interpretación fue quizás lo que más definió a aquel equipo, pues cada futbolista ofreció la mejor interpretación de su función, la de Beckenbauer como líbero inigualable, la de Wimmer, intachable como perro de presa en la medular, la de Netzer fantástica como creador, la de Müller demoledora como goleador…

La URSS no fue rival para una Alemania que les pasó por encima, Schön decidió cambiar los extremos con respecto a la exhibición de Wembley, dando la oportunidad a Jupp Heyckens, y a Erwin Kremers. Y la apuesta le salió bien, Netzer brilló como cerebro y el meta Rudakov tuvo que recoger hasta en tres ocasiones el balón de su portería. Gerd Muller anotó por partida doble y Wimmer firmó el tercer gol. Para muchos aquella fue la mejor versión de la historia de la selección alemana, un equipo que solo dos años después se consagró en la cima del mundo dejando en el camino a la inolvidable Naranja Mecánica. Pero la demoledora Alemania de 1974 era ya una versión diferente. Una versión en la que ya no había sitio para Netzer, pues Overath, que era un talento extraordinario dotado de motor, le había ganado el puesto por una nariz.

Netzer para el que el fútbol era pura creatividad, siempre fue reacio a correr, y para entonces ya había decidido que había dado lo mejor en aquel equipo de ensueño que nos mostró su  “Ramba-Zamba-Fußball” en el año 1972. Un fútbol que se quedó en aquella final de Bruselas, en la que los Maier, Beckenbauer, Höttges, Schwarzenbeck, Breitner, Hoeness, Netzer, Wimmer, Heynckes, Müller, Kremers  y compañía, alzaron con toda justicia la Eurocopa de Naciones.

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