Histórico
21 mayo 2012Jose David López

Montpellier: La identidad hacia la grandeza

La astrología y la medicina encuentran una curiosa relación de amor-odio en un personaje histórico que durante su vida decidió pronosticar los males de la humanidad y apuntar en rojo aquellos días claves en el desarrollo de la misma. El origen de todas sus profecías está en el sur de Francia, en la universidad más antigua del mundo y en las paredes donde se formaron muchos de los mejores matemáticos de la historia. Nostradamus, ese curioso médico provenzal judío que sigue creando pánico varios siglos después de su muerte, escribió de manera críptica y casi apocalíptica aquello que interpretaba de sus aprendizajes. Probablemente, si en vez de desastres y negatividad, sus lecturas hubieran pronosticado éxitos y días de gloria, este sería uno de ellos para la ciudad que le concedió ese dudoso ‘don’: Montpellier, orgullosa de su nuevo y flamente campeón de Ligue 1.

Un club que vivió toda una serie de interminables fusiones con equipos de la zona, de la región y hasta de la propia ciudad, pues ser el más fuerte era el único método de subsistencia allá por inicios del siglo pasado. Tanto, que incluso llegó a unirse a un club de rugby para acumular aficionados a su causa. Tras ganarse críticas de la opinión pública con un nuevo traslado obligado de estadio y hasta tres fusiones más en los años 50-60, el club se estabilizó tal y como hoy lo conocemos gracias a la mano de Louis Nicollin (un personaje sin igual) en 1974. Con un mando serio y sobrio al frente de la presidencia, los ascensos se acumularon y en tiempo record el Montpellier reunió a jugadores emblema como Laurent Blanc, Jean-Claude Lemoult, Roger Milla o Eric Cantona, con el que ganaron la Copa en 1990. Desde entonces, asentados en el Stade de la Mosson, el proyecto logró consolidarse con varias participaciones europeas y pese a que cayó nuevamente a un pasito de la Tercera División, hace cuatro años regresó para hacer progresar un proyecto que ahora es la envidia y el impacto del año en Europa.

El club no dudó y tars regresar hace tres años, y otorgó el reto de salvar a categoría a René Girard, un ex centrocampista del Burdeos de los 80 (compartiendo vestuario con Tigana o Girese en la selección) con mucha valentía y sacrificio por la profesión. El proyecto de Courbis seguía vivo en su cabeza y el club decidió mantener a la base que tan buen desempeño había ofrecido meses atrás. Lo que nadie esperaba es que en la jornada 22, tras ganar al Olympique de Marsella (2-0), La Paillade estuviera en segunda plaza, soñando con plaza de Champions y retando a los ‘gigantes’ del país. Así fue hasta el final, algo que se relanzó el pasado curso con mejores sensaciones aún al ser el equipo revelación. Esos sueños, los de poder aspirar a zona europea y retar a los gigantes de país, empezaron a hacerse efectivos con las premisas de siempre, con paciencia y con defensa de una identidad. Con bases más desarrolladas y bien estudiadas. Ahora, disfrutan el colofón histórico con un campeonato de Ligue 1 realmente milagroso que, además, le abre las puertas de la máxima competicion internacional.

Girard ha creado un equipo atrevido, joven, con mucha ambición y una defensa sólida sustentada en cimientos férreos. Dos premisas: El colectivo como elemento diferencial pues no hay estrellas sino un bloque compacto con muchos detalles atractivos, y chicos de su propia cantera que llegan al primer equipo y que están encontrando paso. Desde Olivier Giroud y sus registros para golear (21 tantos y máximo anotador del campeonato), a Belhanda (enganche que filtra asistencias de lujo por talento puro), pasando por Yanga Mbiga (central poderoso con gran físico y juventud), sin olvidar a Bedimo-Bocaly (dos carrileros de enorme profundidad), llegadores como Utaka o Camara, o la aportación de chicos de cantera como Stambouli-Ait Fana y, sobre todo, Remy Cabellá, ya preparado para sumir el mando en la próxima campaña. Con esa receta, paciencia, confianza y defensa de valores, el trabajo ha alcanzado su propia heroica, su milagro, su reto y su osadía, la que de un Montpellier modestísimo y creado desde la constancia, derrumbara los planes del millonario PSG.

Y es que más allá de sus propias cualidades, el hecho de que el Montpellier haya tenido que imponerse al nuevo millonario proyecto parisino, le otorga una mayor relevancia. Para prueba, un dato. El único fichaje por el que pagó este verano el cuadro sureño (contrató cuatro caras nuevas pero solo uno costó dinero), fue Bedimo, fichado del Lens para su lateral zurdo por solo 2 millones de euros. El PSG, contratando a Ancelotti en invierno para poner rostro mediático a su ambición, ya le paga al año casi 8 millones de euros y su contratación estrella, Pastore, costó nada menos que 40 millones. Es decir, mientras Montpellier gastó únicamente 2 millones de euros, el cuadro capitalino se reforzó con el argentino, Maxwell, Motta, Gameiro, Menez, Sirigu, Bisevac, Lugano o Alex, por un valor total de 100 millones de euros más fichas.

Una gesta absolutamente incomparable que ahora, volviendo al mundo real, tendrá casi imposible mantener a sus estrellas ante las llamadas de grandes clubes europeos. Una crudeza que superar con las mismas premisas y esa identidad que les ha colocado para siempre en la historia del fútbol. De ahí ya nunca saldrán.

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