Histórico
1 mayo 2012Jose David López

Montpellier: Belhanda, perfecto engranaje magrebí

El plato, blanco inmaculado, había visto desaparecer la comida en cuestión de minutos. Compartirla  entre cinco hermanos significaba comer rápido, no masticar, no hablar y sólo concentrarse en la cuchara porque, de lo contrario, tocaría marcharse sin apenas haber probado bocado. Pero Younés Belhanda, el hermano más liviano, era puro nervio y conseguir sentarlo ante la mesa ya era una meta demasiado osada por lo que, la mayoría de las veces, acababa hambriento el día. No le importaba, pues su pelota, aquella que impulsaba con los pies por las calles de Avignon, su ciudad natal, representaba todo lo le preocupada de verdad. Hacía poco que sus abuelos, instalados en Marruecos para mantener inalterables los orígenes de la familia, le habían echo llegar un nuevo balón y ser la envidia del parque era suficiente para aislar al joven del resto de ocupaciones diarias.

Tan concentrado en aprovechar el regalo familiar estaba, que más allá de unirse al club del barrio, Racing Club Aramon, practicaba y entrenaba en solitario en los ratos libres que podía encontrar sin la tutela de su madre. Así le observó y le reclutó Jean-Christophe Gleyze, técnico del MJC Avignon, club con mayor poder en la ciudad y que tenía un centro para fomentar el estudio y las actividades culturales entre los chicos de la zona. Pero Younés, de gran capacidad técnica y habilidad con la pelota para ser un chico de tan corta edad, no entendía por qué su entrenador lo colocaba de líbero en su once inicial y se pasaba los días cabreado. Hace unos meses, ya como estrella saliente en Francia, el aún joven Belhanda recordó aquellas tardes partiendo desde la defensa y encontró respuesta a sus dudas: “Vio en mí algo diferente y a esas edades, nadie podía dar cierto sentido al juego. Por eso prefería que mi habilidad diera empaque e identidad al resto del equipo. Jean es más que un entrenador. Siempre me llevó a los entrenamientos, me devolvía a casa y sin él ni el MJC Avignon, nunca habría llegado aquí, citó.

Y es que hoy, con 22 años recién cumplidos, este internacional marroquí en honor a la pelota de su abuelo y a los esfuerzos de sus padres para lograr sentarlo junto a plato, está a punto de conseguir la primera Ligue 1 de la historia del modesto Montpellier. Llegó allí producto de la enorme progresión que con 14 años habían logrado desarrollar en él y, después de ser tanteado por Marsella, Lyon y St.Etienne, los tres gigantes históricos del país, decidió vincularse al Montpellier porque “era el único que tenía un equipo prácticamente formado por canteranos y gozaba de un centro de juveniles donde se valoraba mucho a los chicos como yo” y porque “era el más cercano a mi familia, algo que mis padres iban a valorar y que me iba a ayudar personalmente”.

En las categorías inferiores del Montpellier, Belhanda dio un pasito adelante en el terreno de juego y del líbero, lo empezamos a ver como mediocentro defensivo. En esa posición pasó cuatro años donde compartió desarrollo con canteranos que hoy, junto a él, dan identidad al primer equipo. Y es que si Younés partía desde la medular, Benjamin Stambouli, Abdelhamid El Kaoutari y Rémy Cabella lo escudaban y lo acabaron acompañando hasta los planes del hoy líder de la Ligue1. En 2008, su crecimiento propició que diera el paso al segundo equipo, ayudando al juvenil a ganar la prestigiosa Copa Gambardella.

Tal fue el éxito de aquella generación, que varios chicos encontraron su contrato profesional y en verano de 2009, Belhanda cumplía el sueño para tres temporadas. Aunque la mejor noticia acabo siendo la reacción inmediata de su entrenador, un René Girard que observó en él un talento especial para encontrar fisuras, para generar espacios y aprovechar las fisuras entre las defensas rivales. “Su deseo de conseguir la pelota en combinación y asociarse con una excelente técnica, significa que puede jugar por el centro o en las alas con categoría”, explicaba aquellos días su míster, el mismo que hoy se ha convertido en el personaje impactante del fútbol galo. Accedió a colocarlo de enganche y darle libertad que, tras un par de cursos de aprendizaje, ahora le han convertido, posiblemente, en el MVP de la Ligue 1.

Lo vemos apareciendo entre líneas con la capacidad para desequilibrar por talento, asociación o técnica individual, es capaz de definir con maestría desde segunda línea, genera pases con enorme inteligencia y crea espacios para sus atacantes por la simpleza de su mecanismo avanzado. Este curso, donde ha rubricado todas las expectativas puestas en él, le hemos disfrutado con una chilena desde la frontal en el Velodrome, desestabilizar las defensas con seis asistencias y masacrar por sorpresa con once goles, algunos de ellos en este tramo final de temporada que les acerca cada vez más al sueño de un título impensable. Será por Girard, por el killer Giroud, por los carrileros Bedimo-Bocaly y por el gran trabajo global de cantera, pero este Montpellier funciona y tiene magia cuando la pelota le cae al magrebí que no comía en el plato, sino que se alimentó de fútbol …

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