Histórico
31 mayo 2012Jose David López

Mitos, fidelidad y Segunda División

No lo hicieron George Best o Bobby Charlton cuando el Manchester United se fue a Segunda División en 1974 (cierto que ambos ya estaban en un punto cercano al retiro o con la cabeza en otras cuestiones), tampoco estuvieron dispuesto a ello Kewell o Viduka en el más reciente caos del Leeds United y a pesar de la grandeza de Vieira, Ibrahimovic o Cannavaro, también se negaron al ‘infierno’ con la Juventus. Todos ellos no soportaban la idea de tener que jugar en la Segunda División tras el descenso de sus clubes, dejando a un lado cuestiones sentimentales y centrándose fríamente en sus carreras que siguieron su camino mientras el club languidecía en escalones inferiores.

Sin embargo, esos malos momentos en la historia de los clubes que no deberían pensar en descensos ni problemas de categoría, han reflejado la grandeza de otros profesionales, que decidieron seguir su camino allá donde fuera sus colores. Una pérdida de categoría en un año nefasto donde absolutamente nadie esperaba esa resolución o una serie de ilegalidades de los directivos que mandan al ‘pozo’ las esperanzas de aficionados y jugadores, fueron el detonante habitual. Porque los ‘gigantes’ no siempre lo fueron, pero mostraron la grandeza de la fidelidad en el fútbol.

Pavel Nedved: Icono histórico del fútbol checo y quizás el mejor jugador de su historia, el ‘León de Praga’ había demostrado potencial desde muy pequeño en las calles de la bohemia capital checa, donde empezó a ganarse el sueldo en Dukla y Sparta. Su escenario ideal fue la Eurocopa 1996, cuando su selección fue protagonista al alcanza la final y sus rubias melenas llamaron la atención de toda Europa. La Lazio lo contrató, le mostró el camino del primer nivel y le hizo progresar paulatinamente. Cuando la Juventus lo fichó en 2001 a cambio de 42 millones de euros, lo escoró a la izquierda en los planes de Lippi y empezó a forjarse una estrella mundial. Su mejor año fue el 2003, cuando sus grandes registros y nivel de juego, le catapultaron a la historia como Balón de Oro. Esa Vecchia era imparable y seguía acumulando títulos hasta que el escándalo del Moggigatte (Calciopoli) destrozó el proyecto, difuminó sus estrellas y situó al club más laureado del país en Serie B. Pese a la fuga de estrellas como Vieira, Cannavaro o Ibrahimovic, otros como Del Piero o el propio Nedved, siguieron en el escalón secundario, priorizando la institución. Allí disputaría 33 partidos y anotó once goles, que sirvieron para arrollar rivales hasta regresar un año después. Siguió aportando hasta que el 1 de junio de 2009 decidió retirarse. Pese a que recibió muchísimas ofertas millonarias para seguir en campeonatos inferiores, decidió pasar página y hoy, sigue vinculado al club en su dirección.

Juan Carlos Valerón: El canario más famoso del fútbol (con permiso de Silva), tiene tanto talento y capacidad de desequilibrio por esencia pura, como facilidad para generarse problemas con los descensos. Más allá de que desde siempre tuviera esa filosofía en mente viniendo de un club ascensor-descenso como UD Las Palmas, se topó con días negros en el Atlético de Madrid. Apenas llevaba dos años como rojiblanco cuando los del Calderón perdían la categoría, algo que pese al enorme compromiso de Valerón, no le llevó al segundo escalón. Ese mismo verano el Deportivo de la Coruña lo adquirió porque el canario aseguraba que su rol en el Manzanares no había sido defendió por la directiva (pese a que el año del descenso jugó 34 partidos). Pero el corazón deportivista lo atrapó desde el primer día, siendo estelar su participación en los primeros años, donde ganó dos Supercopas y una Copa del Rey. Cuando el Deportivo se vino abajo y el proyecto topó con el descenso, el ‘mago’ ya era un coruñés más y junto a su edad, decidió que lo mejor era seguir pese a tener al equipo en Segunda. Ahora, jugando nuevamente muchos minutos, lo ha colocado de nuevo donde debía, en Primera. Un genio y un mito en Riazor.

Marcos Senna: Se cansó ganar títulos en Corinthians y casi pudo llegar a la historia con aquél Sao Caetano que llegó a la final de la Libertadores 2002 (perdió ante Olimpia) pero pese a todo ello, cuando Marcos Senna llegó a España era un mediocentro sin demasiado cartel mundial. El Villarreal lo había logrado convencer para su proyecto, recién asentado en Primera división y con perspectivas de crecimiento inmediato, por lo que no tardó en comprometerse y en mostrar su dedicación plena en un rol que hizo suyo tras dos años, puesto que sus dos primeras campañas transcurrieron entre lesiones. Tan mal fue su puesta en escena, que incluso el club intentó darle la baja federativa debido a sus lesiones de larga duración. Todo cambió desde 2003, cuando tras ganar la Intertoto, el club amarillo empezó a ganarse el respeto con un estilo ambicioso y una propuesta asociativa que enamoraba.

Poderío físico, capacidad para congelar la pelota, organizarla al ritmo adecuado y poner equilibrio. Esas cualidades gustaron tanto, que incluso la selección española decidió llamar a sus puertas y hacerlo internacional para convertirlo en campeón de la Euro 2008 tras un campeonato absolutamente espectacular de garra y clarividencia. Pese a que su nivel desde entonces se redujo, el Villarreal seguía en competiciones europeas y siendo referentes pero este 2012 ha sido negativo hasta alcanzar el caos del descenso. Hace unos días, Senna aseguraba que pese a todo, él seguiría en la entidad y que el ‘Submarino’ es de Primera y allí lo dejará.

Mauro Tassotti: En España siempre nos quedará el recuerdo de un codazo sobre Luis Enrique que nos privó de seguir progresando en el Mundial USA 94, pero más allá de aquél roce histórico, Mauro Tassotti es leyenda en el Milan. Y es que a pesar de que llegó desde la Lazio a San Siro ya en Serie B (cuando el presidente del club rossonero, Colombo, estuvo involucrado en el Totonero y se mandó al club al segundo nivel), ascendió un año después y vio como, en su tercera campaña, de nuevo el Milan descendía. Pues fue en esa campaña, cuando Tassotti ya era un defensor reputado, cuando a pesar de las ofertas decidió quedarse en la entidad de la que estaba enamorado. Tanto era su poder y liderazgo, que como capitán caracterial, guio nuevamente al primer escalón a un cuadro lombardo que jamás ha vuelto a toparse con esos problemas. El resto, Tres Champions, Dos Intercontinentales, cinco Scudettos… historia viva milanista con 427 partidos y 17 temporadas en sus espaldas. Aquella acción mundialista con sangre incluida, le costó la sanción ejemplar de 7 partidos que le impidieron jugar más con la azurra y que le fueron dejando a un lado hasta su retiro en 1997. Sin embargo, aún hoy es segundo entrenador y asistente de Massimiliano Allegri, con mucho peso en el plano deportivo como ya tuviera en su día en el mismo rol con Carlo Ancelotti.

Fabien Barthez: Tenía sólo 19 años cuando el Toulouse lo colocó en el primer nivel del fútbol galo y tal fue su impacto, que en solo dos campañas el gigante galo del Olympique de Marsella, lo compró para su proyecto e busca de retos europeos. Nada pudo salir mejor en su primer año en el Velodrome, donde ganó la Ligue 1 y la Champions League (mítica final ante el Milan) con apenas 21 años. Aquellas gestas lo convertían en el portero más joven de la historia en lograr ese título continental (después se lo arrebató Iker Casillas). Pero la grandeza de Fabien no se demostró únicamente en los momentos de máxima alegría y cuando las metas habían alcanzado su punto más alto, sino que meses después, cuando se empezó a penalizar al club por amaño de partidos y se consumó el descenso, pocos dieron la cara.

Aquél conjunto de estrellas se difuminó, todos tomaron caminos distintos en busca del éxito pero pocos, entre ellos Barthez, se quedaron en Ligue 2 para intentar ayudar a la institución. Ya tenía ofertas de primer nivel, ya había llamado la atención de gigantes europeos pero el meta, curiosamente desde ese año internacional francés, decidió seguir en el ‘infierno’. Tras el ascenso un año más tarde, ya con su meta cumplida, decidió firmar por el Mónaco para después, convertirse en uno de los porteros más famosos de la historia con un Mundial (otra final), una Eurocopa y tres campeonatos ligueros en varios países, en su currículum.

Billy Liddell: Quizás no sea tan conocido como muchos otros, pero su caso data de muchos años atrás. En Inglaterra, el compromiso a los colores y a las tradiciones, parece ser mucho más fuerte entre jugadores y club pero algunas estrellas mundiales jamás tuvieron el compromiso de jugar en segunda división pese a descensos dramáticos. No fue el caso de Billy Liddell, conocido en el entorno del Liverpool como Liddellpool. Era todo lo que un deportista profesional debe ser para los hinchas. Talentoso, siempre sólido, de garantías y una fuerte inspiración para toda una generación de jóvenes que lo veían en el césped como el héroe que deseaban seguir. Pocos jugadores gozan del respeto de ser conocido por su nombre de ‘pila’. Billy (Liddell), es uno de ellos. Se hizo un nombre como lateral izquierdo, por su estupendo manejo en corto, una envidiable velocidad y sobre todo, potencia de disparo. Nunca ganó grandes sumas de dinero e incluso pese a ser estrella, combinó su carrera futbolística con una vida como contador y tesorero de una Universidad de Liverpool.

Cuando los Reds descendieron con un equipo veterano que no había tenido la renovación necesaria, Billy tuvo ofertas de los mejores clubes ingleses y del mundo, pero no era su mentalidad abandonar y huir, sino luchar por sus ideales. Lo intentó, lo sudó y lo buscó hasta que la edad le pudo y jamás logró colocar de nuevo a Anfield en la Primera división. Con 39 años, en 1961, dijo adiós el que para muchos es el mejor jugador de la historia del Liverpool.

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