Histórico
2 mayo 2012Jose David López

Manchester United: El bloqueo aéreo de De Gea

La fortaleza física, el carácter firme y el rol de liderazgo, son cuestiones adheridas a todos los porteros de la Premier League. Quienes logran mezclar de manera provechosa esas tres premisas básicas, encontrarán estabilidad eterna entre palos del fútbol inglés. Una combinación tan arcaica en sus teorías como práctica en la realidad, ajustándose fielmente a lo que demanda un estilo que aún hoy prioriza las intenciones directas, metódicas y físicas por encima de estilismos y proyecciones tácticas avanzadas. Y en esa tesitura, todo aquél principiante que aterriza en el universo británico, debe moldear rápidamente su entrenamiento y preparación para mejorar y dominar los balones aéreos. Ahí, radica el principal problema y angustia de muchos ‘novatos extranjeros’, algo que hoy convierte a David De Gea en el errante número uno del cielo Premier.

Liviano en su corpulencia pese a una altura más que imponente (1.92), el portero español no ha tenido una fácil adaptación al fútbol inglés. Más allá de tener que hacer olvidar la figura de uno de los mejores porteros de la historia (Van Der Sar) y de superar aquellas variantes del juego inglés que su predecesor dominaba sin problemas, la figura del portero madrileño necesitaba una rápida intervención del Manchester United. Nutricionista especializado en búsqueda de masa corporal, estrictos sistemas de entrenamiento y horas de intenso trabajo de gimnasio con ejercicios anclados a conseguir multiplicar sus espaldas y fortaleza física en tiempo record. En unos meses, los avances han sido notorios pero aún alejados de lo que el club necesita para solventar el principal problema de su joven guardameta, la eficacia para contrarrestar la fuerza enemiga en acciones concretas por alto.

Porque De Gea es un especialista en acciones de reflejos, de agilidad, en salida por bajo y hasta en bloqueos de larga distancia, pero adolece de seguridad cuando el cielo le coloca frente a corpulentos rematadores. Este tipo de dudas, también multiplicadas por la ausencia de contundencia en la zaga de un Manchester United con el mayor déficit defensivo de los últimos tiempos (mucho tiene que ver la lesión de Vidic y la obligación de alinear a jugadores menos experimentados y en fase de prueba competitiva como Evans-Smalling), ha sido una de las jugadas en las que los Red Devils han demostrado carencias alarmantes este curso hasta el punto que, conscientes de ello, los rivales han explotado una vez tras otra esa acción puntual.

Sir ir más lejos, esta falta de seguridad propició que a principios de campaña David de Gea ni siquiera fuera titular fijo en los planes de Ferguson, que dio cierta continuidad también al danés Anders Lindegaard. La lesión del escandinavo facilitó el crecimiento del español bajo palos y su ganancia moral para mejorar notablemente pero nunca ha solucionado del todo sus problemas por alto. Tanto, que cuando a principios de campaña se ajusticiaba cada uno de sus grotescos errores, la excusa ideal para criticar al ex atlético consistía en enumerar cada uno de los goles que, por falta de decisión en este tipo de balones aéreos, había acabado encajando gol el Manchester United. Por desgracia del joven y de Old Trafford, eran demasiados.

El Liverpool, en el clásico inglés en cuartos de Carling allá por enero, devolvió esas sensaciones dubitativas al portero de la ‘rojita’ y, lo peor para el mancuniano, es que mostró una vez más el mecanismo perfecto que podrían llevar a cabo todos aquellos clubes que quisieran cuestionar el poder defensivo del campeón en esas acciones. Agger marcó en la primera mitad en un saque de esquina inquietante donde De Gea, oculto entre la ‘pantalla’ estudiada de los Reds, apenas pudo interceder ante el testarazo. Una operación que Dalglish explotó en cada jugada aérea pues el madrileño era incapaz de sobreponerse a los centímetros de sus enemigos, más robustos y con una estudiada propuesta para intimidarlo, provocar su nerviosismo y aprovechar sus temores.

Desde entonces, cada partido ha dejado alguna duda al respecto, algún desliz que recordaba que esa obsesiva ‘merma’ no había desaparecido y el lunes, en el Etihad, en el partido clave del curso, volvió a aparecer. Saque de esquina perfecto al corazón del área, ‘pantalla’ inteligente de un Tévez que ejerce de intimidador para incomodar, impedimentos del portero que siempre queda a merced y mezcla crítica con un enorme fallo en la marca. Todo ello provocó no sólo que Kompany cabeceara a placer y que el Manchester United tenga el título casi perdido, sino que de nuevo, David de Gea renueve temores de un cielo, el de la Premier, que seguirá siendo su asignatura pendiente.

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