Histórico
6 mayo 2012David De la Peña

Juventus: Conte, el portador del ADN bianconero

Hace sólo una semanas, analizamos la figura y el valor de Antonio Conte en la renovación profunda de la Juventus esta temporada. Hoy, ya como campeón, recuperamos estas líneas para evidenciar que la propuesta era la acertada y que el Scudetto ya es turinés.

Cuando Antonio Conte se sentó por primera vez frente a los medios en la sala de prensa del Media Center de Vinovo , hace ya más de 10 meses, todo el mundo habló del regreso del hijo pródigo. A su lado, Giuseppe Marotta (director deportivo de la Juventus), comenzó su discurso de presentación indicando que al banquillo de la entidad llegaba un hombre de la casa, cuya implicación, conocimiento y amor por el club, estaban fuera de toda duda. Recordó as más de 400 ocasiones en las que vistió la zamarra bianconera y la cantidad de veces que lució el brazalete de capitán, erigiéndose en portador de los ideales de uno de los clubes más importantes de la historia del fútbol.  Después de dotar a su intervención de ese contenido sentimental e histórico, expuso como un importante argumento del fichaje, el buen fútbol que Conte venía de practicar en el Siena (al que consiguió ascender a la Serie A), De las palabras de Marotta se auguraba un proyecto que daba la sensación de tener un un contenido lleno de lógica y buen gusto.

Unos 300 días después, se puede confirmar que todo lo que se empezó a gestar aquella tarde de comienzos de verano, no eran palabras que se iba a llevar el viento. La Juve, tras haber pasado por un verdadero calvario, (peregrinando por los fríos y duros campos de la Serie B) da toda la sensación de tener en la actualidad un proyecto con una filosofía clara, fresca, y ganadora. El resultado es que después de que el equipo haya disputado 31 partidos oficiales, aun no conoce la derrota. A pesar de haber empatado muchas veces, (algo que le ha condenado a estar en este momento a 4 puntos del AC Milan, que lidera la tabla), deja la sensación de ir por el camino correcto. La convicción de querer mejorar es algo que va implícito en el ADN de los ganadores, y evidentemente a la Juventus le siguen quedando cosas por pulir, pero también son varios los elementos que están ya asentados y son causa de la felicidad bianconera.

Desde un punto de vista estructural, el hecho de ser el primer equipo italiano en tener un estadio en propiedad es uno de los grandes agitadores de la ilusión entre la parroquia juventina. El imponente Juventus Stadium alberga desde comienzos de esta temporada los partidos como local del equipo. Habiendo dejado atrás ya las polémicas por un supuesto uso de materiales inapropiados para su construcción, el nuevo feudo bianconero es ya, y a pesar de su corta historia, uno de los grandes templos del fútbol italiano. No hay ninguna duda de que en este momento no hay ningún estadio en toda Italia que respire el ambiente, la ilusión, y el aroma de fútbol que desprende el nuevo estadio de la Juventus. Tal es así, que la opinión generalizada es que la iniciativa tomada por el club de la FIAT, es el primer paso que deberían imitar el resto de clubes del Calcio para iniciar la reconstrucción de la que otrora fue la liga más poderosa del viejo continente.

Pero la estructura no solo depende de la infraestructura y creo que es menester analizar el rendimiento del primer equipo desde las mismas entrañas del club. Y es que la sensación es que la llegada de Conte ha lavado la cara incluso, al funcionamiento deportivo de los estratos más próximos al elenco profesional. Los resultados del equipo primavera son también maravillosos. En este momento el equipo que entrena Marco Baroni lidera el grupo A del Trofeo Giacinto Facchetti, con 4 puntos de ventaja sobre el segundo clasificado. Además, está disputando la final de la Coppa Primavera frente a la Roma (perdió el partido de ida el pasado 8 de marzo y deberá remontar), y recientemente, ha conseguido ganar la edición de este año de la prestigiosa Viareggio Cup, ganando en la final, precisamente, al equipo giallorosso. Pero quizá, la mejor noticia, no es que el equipo gane, si no que lo hace con unas pautas muy similares a las que Conte ha querido instaurar en el primer equipo.

Y es que, como comentábamos, la llegada del entrenador sureño ha sido decisiva en el funcionamiento deportivo. Las dos bases sobre las que se asentó el proyecto desde un primer momento (espíritu de superación y el gusto por el buen fútbol) han estado siempre presentes. En primer lugar, Conte ha pretendido que todos y cada uno de los componentes de la plantilla entendiesen lo que significaba vestir la maglia bianconera, hasta el punto de prescindir de Reto Ziegler, por ejemplo, por no verle del todo implicado (sin tener el equipo un recambio natural de garantías para el lateral izquierdo), o dejar de lado a uno de los que se presuponía iba a ser fichaje estrella de la temporada, Eljero Elía, declarando que el holandés estaba jugando poco porque en el césped solo quería jugadores que “se comieran la hierba”, y él no lo hacía. Estos fundamentos han dado como resultado un bloque muy unido, (incluso en alguna ocasión han sido 11 los italianos que han coincidido en el césped), que entiende perfectamente lo que es jugar en la Juventus. Esa ha sido una premisa. La otra: el buen trato de balón, el orden alrededor de la posesión, y un ritmo combinativo de muy bien nivel para lo que estamos acostumbrados en el Calcio actual.

Conseguidos los objetivos de establecer una identidad espiritual y una identidad futbolística, sería un error pensar que con estos dos fundamentos alcanza para explicar la impresionante racha de imbatibilidad del equipo. Y es que Conte, a pesar de haber dejado ver algunas lagunas en la dirección de campo durante momentos puntuales, ha demostrado ser flexible y tener mucha mano izquierda a la hora de elegir sus esquemas, dándole siempre el protagonismo a los futbolistas. Sirva como ejemplo que la idea inicial era “copiar” el exitoso 4-4-2 (para algunos 4-2-4) que utilizaba en Siena. Sin embargo, el descomunal rendimiento de Pirlo y la armonía que demostraron Marchisio-Vidal hicieron que no le temblase el pulso a la hora de utilizar un 4-3-3 con el que apenas había trabajado antes. La ausencia de Vucinic y el empleo generalizado de muchos equipos con la defensa de 3, le hizo pensar en un módulo con 3 centrales y dos carrileros que le permitió competir en un contexto diferente. Las últimas semanas, con Pirlo pesando otra vez en el juego, y Vucinic recuperando su mejor nivel, Conte ha decidido volver al 4-3-3. Inteligencia para elegir el escenario en base al momento presente de sus futbolistas.

Sin lugar a duda “el regreso del hijo pródigo” es un título absolutamente acorde con la realidad  que está viviendo Antonio Conte en su vuelta a casa. En primer lugar porque ha demostrado una gran versatilidad para manejar su grupo, que está siendo clave a la hora de conseguir resultados, y en segundo lugar porque ha conseguido que los motivos que llamaron la atención de los dirigentes para acometer su fichaje, hayan florecido punto por punto en los meses que lleva en el cargo. Así pues, no es casualidad la brutal racha de partidos sin perder que lleva la Vecchia Signora, y es que solo hace falta que la fórmula de la felicidad lleve los ingredientes en su justa medida. Y en el caso de esta nueva Juve: su nuevo estadio, su nuevo entrenador, y su nueva identidad, no pueden haber racionado mejor su mezcla.

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