Histórico
26 mayo 2012Jose David López

Copa del Rey: Los Nombres de la Final

Podía ser la despedida más noble y entrañable de un técnico que pasará a la historia del Barcelona y del fútbol mundial (Pep Guardiola) o bien, el estreno de un analista metódico que aún es ‘novato’ en lides de títulos en Occidente (Marcelo Bielsa). Dos líneas en una cita fronteriza por sensaciones. Y sin tiempo para asimilar que lo que estaba en juego era la final de Copa de Rey (sin Rey y con pitos al himno como era previsible tras los constantes mensajes desde todos los frentes), el barcelonismo ya había decidido celebrar el fin de curso, temporada y época, en la ciudad que, de una u otra manera, forzó el cambio. Con veinticinco minutos asombrosos de intensidad, asociación, celeridad y pegada, el Barcelona pasó por encima de un Athletic que volvió a recordar la desidia y frialdad de la noche europea de Bucarest para perder en un suspiro sus ya ligeras opciones. Una despedida mayúscula con miles de detalles.

Pep Guardiola: No podía ser otra el protagonista. Sus últimos mensajes, sus últimos gestos, sus últimos abrazos y sus últimas celebraciones. Tres exactamente, que llevaron al técnico más vanagloriado de la historia del Barcelona a cerrar el círculo como de él y los suyos siempre se esperó. Ha llevado a su club a 14 de los 19 títulos en juego que disputó y a marcar 26 goles en esta Copa del Rey absolutamente dominada de principio a fin. Nadie marcaba tantos goles en el torneo desde la temporada 80-81. Un final de fiesta enorme, historico e irrepetible, pues el último show recordó al de las mejores tardes de Pep, que ahora pone broche, recibe elogios, grandes galardones y pone rumbo a un año sabático. Le espera New York, tranquilidad, distancia respecto al estrés de estos años y una carga lenta de energías para volver tarde o temprano.

Messi: No hay mejores registros que los que ha sumado el argentino en la historia de una campaña global. No sólo quiso despedir a su mentor con otra exhibición, sino que se mostró enérgico, enchufado, concentradísimo y con la claridad de ideas que le hace acreedor nuevamente de elogios multiplicados. 50 goles en Liga para llevarse la Bota de Oro, 14 más en Champions para ser máximo goleador y un total de 73 dianas (con el de esta noche ante Iraizoz) que corresponden a cuatro títulos y un sinfín de metas superadas y registros destrozados. También para Messi repercutirá la marcha de Guardiola, aunque los goles no necesitan estímulos desde el banquillo.

Pedro: Justo antes del partido, algunos comentaban que seguramente esta era la última oportunidad casi milagrosa del extremo canario para hacer cambiar de postura a Vicente del Bosque y ser convocado a la Eurocopa. Y es que pese a que el idilio de Pedro con las finales y los partidos determinantes, sigue vigente, antes del ‘doblete’ de este viernes las opciones eran mínimas. No duda de su potencial, jamás se ha escondido y siempre que sus molestias se lo han permitido, ha rendido por encima de lo esperado. El día de la marcha de Pep, el mismo que le hizo debutar y que lo convirtió en quien hoy es, Pedro fue protagonista mayúsculo. “Ojala esté en la Eurocopa”, dijo esperando la llamada.

Marcelo Bielsa: Cuando uno recibe tantas buenas palabras y es capaz de unificar a una masa exigente como la del Athletic Bilbao en solo unos meses, no caben dudas hacia la labor y el respeto auténtico que ya profesan los ideales de Marcelo Bielsa en La Catedral. Pero si por segunda vez en menos de un mes, eres claramente superado en una finalísima, de poco sirven los argumentos para mantener el equilibrio colectivo. En Bucarest, la noche de Europa League, la decepción fue notable y asumió la respomsabilidad. Pero ahora, la lección no había sido ni mucho menor asimilada. Nuevamente fríos, herméticos y reacios a comprender la intensidad del escenario que tenían delante, los chicos del ‘Loco’ perdieron la cabeza en los primeros minutos y cuando tuvieron opciones de meterse en el partido, la pegada fue nuevamente su gran déficit. Ahora quizás, a más de uno el décimo puesto liguero y no haber sumado títulos pese a disputar dos finales, puede saber a muy poco. Y es que como bien dice mi compañero Francisco Ortí, el ‘Bielsismo’ es un dogma dolorosamente acostumbrado a convivir con la derrota.

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