Histórico
18 mayo 2012Jose David López

Chelsea: Fernando Torres y su final definitiva

Correteaba incombustible en el lateral izquierdo, intentaba evitar las arrancadas y la profundidad de Dani Alves, pero evidenciaba su pobre potencial defensivo al quedar expuesto y sin argumentos para aguantar la presión mucho tiempo. Su rol era absolutamente circunstancial, pues la defensa de su mínima renta a favor se había convertido en un tesoro para el Chelsea, algo que llevaba tiempo amortizándo hasta el pitido final. Limando centímetros, segundos en cada acción y desfondándose ante cualquier intento enemigo, su único propósito había sido introducir minutos antes, aires renovados y un pulmón añadido hasta el veredicto final. Pero cuando más sufría, llegó el estallido. Con el Barcelona volcado, un intento de avance por banda derecha, lo dejó mal parado, perdió su posicionamiento y había generado un beneficio al rival, que sin embargo, falló en su pase.

Él, que había adelantado momentáneamente su posición al perder su lugar, quedó más adelantado que nadie respecto a la portería rival por lo que rápidamente le llegó una pelota en profundidad. Corrió como solía, encaró como en sus mejores días y dribló la salida del guardameta blaugrana para apostillar la eliminatoria a puerta vacía y haciendo explotar las previsiones en un Camp Nou que no daba crédito (1-2). Fueron doce minutos exactos. Desde que Fernando Torres saltaba al césped, sufría desubicado en el lateral, quedaba a merced de la suerte y desequilibraba la final en la mejor de sus tareas, la de marcar goles con espacios libres por delante. Un instante para la historia, para recuperar moral y para encontrarse con su mejor versión en una Champions donde aún quiere el premio final.

Recapitulando, la temporada de Torres ha sido un episodio constante de dudas acerca de sus capacidades, enfrentamientos personales contra su confianza y mensajes de apoyo pese a las muchas deficiencias mostradas. Tercera opción ofensiva a principios de curso, segunda conforme avanzaron los meses y primera durante aquél instante arrodillado a ojos de planeta Champions, la única competición capaz de darle el empujón definitivo que haga olvidar las penurias sufridas por otrora ‘The Kid’. Soportó con vaivenes (como quedarse fuera de la selección española), críticas y delirios, una irrepetible y dolorosa sequía de 24 partidos sin marcar, amortizando razones en todos aquellos que siempre cuestionaron los más de 60 millones de euros que invirtió en su momento Roman Abramovich como golpe de efecto para una nave, la Blue, que se le hundía por minutos.

Sus estadísticas muestran ahora, a final de curso, que sus 46 partidos disputados no se corresponden a los minutos reales que se deberían sumar, sino que evidencian que ha sido eterno suplente. Y sus goles, seis en Premier y once en total, quedan lejos por ejemplo, de los treinta y tres que acumuló en su primer curso en el Liverpool. Sin embargo, la reacción de final de curso llegó tras el cambio de entrenador, la salida de Villas-Boas y la mayor fe en sus posibilidades que encontró Di Matteo. No sólo encontró la senda del gol con un ‘doblete’ en FA Cup (ante Leicester) que le quitó presión, sino que fue determinante con una actuación extraordinaria en Champions ante el Benfica y certificó la finalísima para su Chelsea en la acción cumbre del año futbolístico hasta la fecha. En ese margen de dos meses, se recuperó para la causa a Fernando Torres, con ocho goles y un baño de cariño que llegan en un momento determinante.

Por ello, para El Niño (que ya no lo es tanto a sus 28 años), la final de Múnich se traduce en el examen final. Por pura lectura táctica e ideología en planteamientos, la ausencia de espacios, la casi prevista posesión de pelota favorable al Bayern y la titularidad de Didier Drogba, cuestionan su posible aportación. Sólo una sorpresa mayúscula, colocaría al madrileño en el once inicial por encima del marfileño (que está haciendo un final de campaña notable), por lo que el español deberá esperar su oportunidad nuevamente desde el banco, que seguramente abandonará en la segunda mitad. Tendrá posibilidades seguras porque tanto en caso de remontada en busca de gol como de recambio de última hora para dar airea al citado Drogba, Fernando Torres será necesario. Ya marcó el gol clave para ser campeones de Europa a nivel de selección (ante Alemania en 2008) y ahora quiere repetir a nivel de clubes. Pueden ser quince, diez o cinco, pero sean los minutos que sean, todos representan un bálsamo de gloria y, a la vez, un examen para el futuro de un delantero con ganas de volver a ser el protagonista absoluto.

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