Histórico
20 mayo 2012Jose David López

Champions: Los Nombres de la final

Toda finalísima tiene sus propios héroes, sus propios villanos y protagonistas que han pasado a la historia con risas o lágrimas. El Allianz fue cambiante, extremista y cruel, pues durante horas buscó coronar a uno de los suyos y generó un guión apropiado. Primero para que fuera Muller, con su testarazo a falta de unos minutos, después para Robben al colocarle ante la opción ideal desde los once metros, más tarde buscó alzar la figura de Neuer en los primeros disparos desde el punto de penalti y al final, el giro definitivo lo provocó el verdadero y único mito de la noche muniquesa, Didier Drogba. Estos fueron los nombres de la final.

Didier Drogba: Antes de que se iniciara la final, habíamos publicado nuestras propias sensaciones sobre el marfileño en un post donde reclamábamos un premio de dimensiones mundiales para él. La mala suerte siempre lo había perseguido pues Didier, pese a su grandeza y potencial, acumulaba despropósitos en finales con penaltis fallados en Copas de África, con una Champions ya perdida por el camino y sin opciones de poder levantar un título de primer orden. Pero Múnich volvió a ser su hábitat natural, su propia sabana donde correr hasta agotarse, pelear cada pelota, ejercer de islote que recepcionara los pelotazos de sus alarmados defensores y, pese a todo, tener tiempo de aguantar todo el partido en pie. No sólo eso, sino que cuando todo parecía perdido, a falta de dos minutos, un testarazo suyo evitaba la derrota Blue ‘in extremis’. Y aunque pudo convertirse nuevamente en el derrotado de la final cuando provocó un penalti absurdo sobre Ribery, el error de Robben cambió el discurso. En la tanda, el penalti decisivo era el suyo, el último, el que tantas veces le había jugado una mala pasada. Anoche no. Era su momento.

Roberto Di Matteo: El minimalismo de sus planteamientos lo ha llevado en tiempo record al mayor éxito posible a nivel de clubes en apenas tres meses. Los que pasaron desde que ocupara cargo de asistente de Villas-Boas, a que tomara el mando entre dudas sobre su potencial. No necesitaba fichajes mayúsculos como todos sus antecesores (nada menos que Mourinho, Hiddink o Ancelotti), porque sus doctrinas y su capacidad moral para levantar a su plantilla en momentos delicadísimos, fue capaz de impulsar la fuerza del bloque. Para quienes entienden el fútbol como un deporte de espectáculo donde buscar la portería rival, las críticas hacia el italiano no se han hecho esperar pero para quienes entendemos todos los formatos como lícitos para alcanzar el éxito final, la increíble defensa y el mecanismo ejercido por los Blues en apenas unas semanas de preparación, son envidiables. Nadie logró un éxito similar tan pronto.

Arjen Robben: Lo habíamos repetido hasta la saciedad, pero siempre parece que el final glorioso está cerca y la venganza que hiciera olvidar los malos días anteriores, estaba a punto de llegar. Sin embargo, Arjen Robben se empeña en sumar decepciones y desastres personales en una carrera que, en los tres últimos años, podría haber sumado un Mundial, dos Champions League y una Copa alemana. En Sudáfrica falló las dos ocasiones más claras de una final que él mismo hubiera decidido y que muy probablemente le hubiera supuesto ganar a posteriori el Balón de Oro. Ese mismo año, semanas antes, había visto como se le escapaba la Champions en el Bernabéu en su mejor campaña personal. Este curso, tras haber perdido hace una semana la Copa alemana, llegaba a la final con aires de venganza pero, otra vez, acabó siendo el protagonista gris. En la prórroga, con la gloria abierta ante sí, se atrevió otra vez a lanzar un penalti que hubiera significado el giro definitivo del partido pero que Cech atrapó. Tan debilitado quedó, que en la tanda final Heynckes admitió que el oranje no se atrevió ¿Otra vez, Arjen?

Mario Gómez: Un tipo potente, poderoso en el remate y en el mejor momento de su carrera de cara a puerta, siempre puede ser decisivo en los partidos donde los detalles dan títulos. Y con 41 goles este curso (el que más detrás de Messi y Cristiano en toda Europa), los focos no pararon de pensar que el de origen español sería quien diera la ‘puntilla’ a los londinenses. Lo buscó, se peleó, gritó y martirizó a todos los que estaban a su alrededor. Buenos movimientos, grandes ocasiones y un cúmulo de malas definiciones que recordaron al delantero dubitativo y sin fe de sus primeros meses en Baviera. Tuvo la final en sus pies en varias llegadas clarísimas que hubieran decidido la finalísima pero con sus errores fue muriendo el Bayern y creciendo el Chelsea.

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