Histórico
23 mayo 2012David De la Peña

Boca Juniors: Falcioni, Riquelme y las cábalas tácticas

Boca Juniors se proclamó campeón del Apertura 2011. A pesar de hacerlo con 43 puntos, sin haber perdido un solo partido, y con el número más bajo de goles en contra en la historia de los torneos cortos (recibió tan solo 6 tantos), en ningún momento recibió grandes elogios. En aquel momento la opinión generalizada era que el fútbol argentino estaba en decadencia, y que los registros que batió el cuadro xeneize tenían que ver más con un campeonato devaluado, que con el buen hacer de los de Falcioni. Argumentos de todo tipo en defensa de esta idea, como por ejemplo el hecho de que Racing, el subcampeón, sumó únicamente 31 puntos, convirtiéndose en el segundo clasificado con peor puntuación de la historia, desde que en 1990 el torneo se dividiera en Apertura y Clausura.

A las cifras se unieron las críticas al juego. Boca era un equipo efectivo, sólido, pero en ningún momento dio muestras de tener un estilo dinámico y asociativo. Quizá el equipo que más se aproximaba a la idea de fútbol-espectáculo dentro de Argentina era Vélez Sarsfield (que hizo un torneo tremendamente irregular), y esto en un país que siempre se ha caracterizado por producir y producir futbolistas talentosos, provocaba cierta nostalgia entre el aficionado neutral por recuperar un fútbol más vistoso. Desde mi punto de vista la idea de Falcioni durante el torneo fue absolutamente lícita, el equipo se replegaba bien, era ordenado, e incluso sobrevivió a un tramo final en el que no pudo contar con su gran símbolo: Juan Román Riquelme. Pero es cierto que la imagen que dejaba Boca no presagiaba buenos augurios de cara a obtener éxitos en la Copa Libertadores.

De hecho, un debut absolutamente soporífero en Venezuela contra un débil Zamora disparó las alarmas. El cuadro argentino empató a 0, jugando a un ritmo lento y pesado. Y sin duda la exigencia a medida que fuese avanzando la competición iba a necesitar de un Boca que ofreciese más nivel con posesión. La propuesta de Falcioni, (que en principio parecía inamovible), era un 4-3-1-2. Una línea defensiva de cuatro hombres, con importancia en el recorrido de sus laterales para ofrecer superioridad en campo contrario. Un Somoza ejerciendo de mediocentro posicional, y dos interiores que por naturaleza estrechaban el módulo, como es el caso de Rivero y Erviti. Riquelme liberado por delante y dos puntas. En principio la pareja titular debía ser para Silva y Cvitanich en la competencia internacional, (el Tanque no puede jugar en el Torneo Clausura), dejando a Cvitanich la responsabilidad de descolgarse de la referencia para dar opciones en zonas exteriores o en tres cuartos de campo.

La estructura no invitaba al dinamismo. En primer lugar, porque Riquelme es la pausa, es su fútbol, y Román es el absoluto acaparador de las recepciones de este equipo. Y en segundo porque Erviti o Silva son futbolistas de escasa movilidad, poco capaces de estirar al rival a base de desmarques relativamente largos. Claro, esto hace que la pérdida en Boca sea gestionada de manera tremendamente eficaz, puesto que mantiene muchos futbolistas en sus zonas de partida, por lo que la vuelta es muy organizada. Por lo tanto, parecía claro que Falcioni prefería renunciar a una mayor producción ofensiva, con tal de tener al equipo siempre bien armado. Sin embargo, los dos últimos partidos del cuadro xeneize invitan a pensar que el técnico bonaerense ha añadido nuevos registros en su manual.

En primer lugar, merece análisis la propuesta durante el segundo tiempo del partido de cuartos de final de Copa Libertadores ante Fluminense. Falcioni decidió retirar en el descanso a Erbes (el sustituto de Somoza en el mediocentro), para dar entrada a Blandi (un nueve). El equipo, a partir de ese momento, se estableció en un 2-4-1-3 en fase de salida. Por supuesto, tengamos en cuenta que Flu estaba con un hombre menos, lo que hizo que Boca pudiese iniciar jugada con mayor comodidad. Los centrales quedaban en su posición, mientras que la siguiente recepción la formaban cuatro hombres: los dos laterales, más Rivero-Erviti. Es muy relevante darle la base de la jugada a Erviti y Rivero, puesto que por lo general no tienen esa relación con el juego. Su posición habitual hace que sus apariciones en esa zona sean intermitentes, pero que ambos tuvieran ese protagonismo dinamizó todo el juego. Erviti es un futbolista de gran manejo, capaz de filtrar balones sin que la línea de pase esté clara, y jugando en ese sitio, con tiempo para girar, le da buen ritmo a la circulación. Rivero es más dinámico, pero precisamente este hecho le hace un buen compañero de Erviti, puesto que sus desmarques, más largos, ofrecen una opción más profunda, ayudando a liberar al propio Erviti de cara a que sus recepciones sean más cómodas.

Por delante, Riquelme recibía con mayor ventaja, puesto que el balón que le llegaba era de mayor calidad, y porque, además, cuando él la tenía los laterales daban un paso adelante, ofreciéndole una opción lateral. El punto de partida de Cvitanich y Mouche hacía que Román pudiese activar el juego por dentro si alguno de ellos tiraba un apoyo, por fuera si los laterales ocupaban el espacio a sus espaldas, o incluso a un espacio que podrían ocupar los propios Mouche y Cvitanich en caso de que buscasen rupturas. Una grata sorpresa, puesto que el equipo acumuló opciones, fue ágil, y tan solo una actuación pobre de Blandi le privó de una mejor renta para viajar a Río, puesto que únicamente consiguió convertir un gol, y vencer por 1-0.

Podríamos pensar que la propuesta fue algo puntual por el hecho de que Fluminense jugaba con un hombre menos, pero lo cierto es que en su visita a Avellaneda el pasado fin de semana, Falcioni, con 0-0 en el marcador, volvió a realizar un movimiento ofensivo. El sistema de salida siguió siendo el 4-3-1-2, pero en la reanudación la entrada de Viatri (fantástica noticia, por cierto, después de su larga inactividad) por el lateral zurdo Insúa, provocó de nuevo una variante táctica. Con un doble ’9′ muy marcado, (porque es cierto que en momentos puntuales del partido ante Flu, Cvitanich y Blandi formaban esta variante), y dos hombres de banda con muchísima altura. Blandi y Viatri, dos fantásticos rematadores, armaban ese doble ’9′, (significativo que Boca acabase ganando 0-2, y que los tantos fuesen de ambos). Chávez partía abierto a derecha, mientras que Mouche lo hacía en izquierda, pero por la naturaleza de los futbolistas, ese 4-2-4 se transformaba en algo muy parecido al 2-4-1-3 que vimos ante Flu. si Chávez buscaba recepción interior y Mouche se anclaba en la última línea. Lógicamente, cambiar a Chávez por Riquelme te quita pausa e imaginación, pero te ofrece la posibilidad de tener una opción exterior más, de manera que el equipo es más ancho, y dos rematadores con facilidad para atacar centros laterales como Blandi y Viatri se ven enormemente beneficiados. El movimiento le volvió a funcionar a Boca, que como hemos comentado, acabó ganando el partido por 0-2 ante Racing.

Sin duda, el hecho de que hayamos visto en los dos últimos partidos del equipo estos cambios de Falcioni, hacen pensar que el técnico bonaerense ha aceptado sacrificar en algunos momentos la solidez de su transición defensiva, por hacer al equipo más rico en ataque. Sabemos perfectamente que Boca va a competir bien en Rio de Janeiro teniendo el marcador a favor, porque sin duda es la seña de identidad de este equipo, pero quizá podían surgir dudas en cuanto a su capacidad de reacción en el caso de que una eliminatoria se le ponga cuesta arriba. En mi caso, y después de ver los dos últimos partidos del equipo xeneize, esas dudas se han disipado, porque Boca ha demostrado recientemente tener recursos para cambiar el ritmo y atacar en distintos registros.

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