Histórico
17 mayo 2012David De la Peña

Bayern: Thomas Muller, el valor de la tranquilidad

Debo reconocer que yo era escéptico con Thomas Müller. En realidad, uno no debería ser escéptico cuando un joven e inexperto chico de la cantera pasa a tener el beneplácito de Louis Van Gaal., pero yo lo era. Y eso que su Ajax campeón de Europa tendrá reservado para siempre un lugar muy especial entre mis recuerdos futbolísticos. Allí Van Gaal ya hizo gala de su fenomenal talento para enriquecer su bloque a base de futbolistas formados en la academia del club, y de esta forma, los Seedorf, Davids o Kluivert, dieron los primeros pasos de sus fantásticas carreras bajo su mando. La llegada a Barcelona dejó un deseo que años más tarde, desde luego, no es una utopía: que el Barça conquistase una Champions League con un once formado solo por canteranos. Él se fue de la ciudad condal lejos de conseguir tal hito, pero, (gracias), dejó jugando por allí a un tal Xavi Hernández.

Cuando llegó al Bayern Múnich decidió que Müller, (que venía de marcar 15 goles con el filial del Bayern), debía ser uno de los futbolistas protagonista. Una primera temporada donde jugó 34 partidos (29 de ellos como titular) e hizo la nada despreciable cifra de 13 tantos como miembro continuo de la primera plantilla. Al final de esa temporada, Müller no solo iría al Mundial de Sudáfrica, sino que para Low fue pieza innegociable, y Müller respondió. Lo hizo hasta tal punto que acabó la cita como bota de oro gracias s sus 5 goles y 3 asistencias, (hecho, este de las asistencias, que le dio el galardón en detrimento de Villa), y con el premio de mejor jugador joven. Tremendos credenciales, pero no fueron los “flashes” y los números los que de golpe y porrazo, hicieron que olvidase mi escepticismo.

Müller me parecía un jugador inteligente para leer el sentido de la jugada, pero todo ese año en el Bayern me dio la sensación de quedarse corto para la exigencia que debería tener un club de ese calibre con sus hombres de ataque. Con ese pensamiento, comencé a ver los partidos de Alemania en el Mundial. Y recuerdo que hubo un hecho que ayudó a que comenzase a cambiar mi perspectiva sobre él. Alemania se enfrentaba a Argentina en los cuartos de final, y yo esperaba ansioso para disfrutar de un partido de tal magnitud. Cerveza, frutos secos, sofá, y un día de fútbol de esos que, quizá, pasase a la historia. ¿Por qué no? Era un Argentina – Alemania, y eran unos cuartos de final de un Mundial.

Estaba con amigos, esperando, charlando de fútbol, haciendo de seleccionador nacional y recordando batallas, cuando la televisión conectó y en el túnel de vestuarios aparecieron los protagonistas. En ese momento me desmarqué de la conversación y me centré en la tele. En citas de esa magnitud me gusta observar los gestos de los futbolistas, las sensaciones que transmiten. Y las caras eran las esperadas: Lahm concentradísimo, Klose con la mirada perdida, Schweinsteiger reflejando la palabra tensión en todo su auge, y, de repente, apareció Müller. El nivel de relajación me dejó sorprendido. Riéndose, bromeando con el niño al que le tocaba llevar de la mano, parecía confiado. Pero el clímax llegó en los himnos. Sonaba Das Deutschlandied y los futbolistas iban apareciendo. Lahm, Neuer y Friedrich cantaban, y la cámara llegó a Müller. La cara que tenía en ese momento es mejor verla que explicarla. A sus 20 años decidió que había que dedicarle a todo el planeta un guiño en plan: “Tranquilos, que esto está solucionado”.

Müller marcó en el minuto 3 y Alemania le ganó a Argentina 4-0, en un partido que sí, quedará en el recuerdo de los Mundiales. Yo no cambié mi perspectiva por el gol, ni por los gestos, ni por su fútbol, si no por una sensación que tuve. Es difícil de explicar como, en ocasiones, un pensamiento elaborado no tiene el peso suficiente, pero quizá sea porque ese pensamiento, no ha significado para ti un sentimiento de ningún tipo. Sin embargo, cuando a Thomas Müller le enseñaron la tarjeta amarilla, yo no lo decidí, pero inevitablemente pensé: “Bien”. Müller se perdería las semifinales, y si España, unas horas después, eliminaba a Paraguay, se enfrentaría con Alemania. En ese momento pensé: “Si me molesta que juegue contra mi, es que ese chico tiene algo especial”.

Desde entonces empecé a valorar el juego de Müller de otra manera. A esas buenas aptitudes para moverse en el césped, le sumé la sensación de que su mentalidad le haría decisivo en los momentos complicados, que tendría el don de la oportunidad, y lo más importante, de la competitividad. Creo que es buen momento para recordar esas sensaciones, porque Müller no atraviesa su mejor momento de estos últimos tres años. La tremenda realidad de Toni Kroos, sumada a la competencia directa que tiene con Arjen Robben por tener minutos en su mejor posición, hacen que no pueda gozar de continuidad en un rol determinado, y por lo tanto, en su fútbol. Y decía que es buen momento porque lo que está a la vuelta de la esquina es la final de la Champions League, el partido a nivel de clubes donde más se exige a nivel competitivo.

La estructura del Bayern con Müller en la mediapunta, hace que el equipo muchas veces viva en 4-2-4. Kroos hace el papel de hilo cuando juega en esa posición, cose al equipo, que puede establecerse en 4-3-3, y por tanto, al estar menos partido, conceder mucho menos. Veremos por lo tanto si Thomas Müller es titular en la gran final. Las bajas que tiene el Bayern hacen pensar que pueda existir la posibilidad de que Kroos actúe de mediocentro y veamos una versión ofensiva del Bayern, con Müller de inicio. Veremos, pero desde luego, si la Champions es el partido de clubes más exigente a nivel competitivo, jugarlo en tu campo y con la vitola de favorito, es el Súmmum de la exigencia. Ahí Müller es un activo, y sí, si es titular, dejaré de hablar con mi gente y volveré a fijarme en su cara, como aquella tarde de julio de 2010.

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