Histórico
19 mayo 2012Jose David López

Bayern: La agradable ‘esclavitud’ del Allianz

“El cristianismo de un esclavo debe hacer de él un esclavo mejor y más eficiente. El cristianismo nunca ofreció una escapatoria del trabajo duro ni tampoco huir ante una situación difícil. El objetivo es capacitarlo para enfrentarse a esta situación como un hombre mejor”, (WB). Esa teórica enseñanza para los siervos, lo es también para los obreros de nuestros días y en esa línea, desarrollando ese laborioso trabajo ‘religioso’, se encuentra el líder (que no Dios), del Bayern de Múnich, Jupp Heynckes. El técnico alemán mantiene todos los frentes abiertos este curso en su proyecto muniqués. Luchando hasta el final en la Bundesliga que pretendía recuperar tras la reaparición del Dortmund el pasado curso, candidato fiable a un partido en la final de DFB Pokal (ante Dortmund el mes que viene) y semifinalista de una Champions donde, más que nunca, deberá saber luchar contra la presión con psicología avanzada.

Un condicionante de peso, conocido hace meses y que estimula en cantidades industriales en el entorno del único gigante del fútbol alemán. La UEFA decidió otorgar la final de la Champions 2012 al Allianz Arena de Múnich, un estadio cinco estrellas, moderno y de aspecto vanguardista. Un escenario que refleja fielmente el atractivo generado por la progresión del fútbol germano en los últimos años al tiempo que emana la grandeza de la competición con más refulgencia del planeta. Pero esa alegría e impulso organizativo, se convierte en presión, obligación y tensión hasta alcanzar la final. Una ‘obsesión’ peligrosa aunque con precedentes satisfactorios que convertirían esa ‘esclavitud psicológica’ en un agradable bálsamo pre-éxito. No es momento de botines, rebeldías o protestas, sino de motivaciones inteligentes. No se busca dinamita, sino levadura.

La versión más perniciosa analizaría la comprometida situación de Arjen Robben con su directiva, con la que comparteió declaraciones altisonantes por negarse a renovar su actual contrato mientras el mismísimo Beckenbauer lo tacha de “egoista”. También repasaría la falta de claridad en el joven Muller desde hace más de un año, la excesiva dependencia de Mario Gómez en ataque, las lesiones acumuladas por Schweinsteiger o la falta de centrales que solventen de una vez por todas el perenne problema defensivo que arrastran los bávaros en los últimos años. Añadiendo la crisis personal-deportiva-judicial del conflictivo Breno, el ostracismo de jugadores válidos como Olic, Pranjic o Petersen y el déficit de alternativas con una plantilla tan limitada y corta, encontraríamos alarmantes muestras de debilidad en el, pese a todo, ‘gigante’ alemán.

Por el contrario, la versión más positiva mostraría sus estadísticas de equipo más goleador y menos goleado de la Bundesliga, su solvencia en el grupo más valorado durante la primera fase de Champions (fue líder sólido) o la experiencia demostrada en un vestuario casi idéntico al que alcanzó la final continental hace sólo dos años. Valoraría el buen momento global que atraviesa Ribery, la confirmación de Tony Kroos como ese jugador poli-funcional en la medular y la incomparable pegada que no cesa en el último año y medio para su killer, Mario Gómez (39 goles en 41 partidos este curso).

Y han sido estas últimas las que han defendido el camino tortuoso y delicado que ha atravesado el equipo muniqués y que tendrá que seguir peleando en su reto del Allianz (será la primera vez que se dispute en ese estadio, y la cuarta en la ciudad de Múnich, tras las ediciones de 1978/79, 1992/93 y 1996/97 celebradas en el ya extinto Estadio Olímpico). Un recorrido, que pese a su `particular presión añadida, acabó felizmente en dos de las tres ocasiones en las que el equipo anfitrión disfrutaba de la finalísima en su propio estadio.

El Real Madrid de las ‘cinco copas’, consiguió su segundo entorchado en el Santiago Bernabéu en 1957, venciendo a la Fiorentina con goles de Di Stéfano y Gento (2-0), mientras el Inter repitió alegrías en 1965 tras alcanzar su tercer reinado continental consecutivo en Meazza ante el Benfica con un solitario tanto de Jair. El único ‘varapalo’ como organizador de una cita decisiva lo vivió la Roma, que en 1984 cayó en su Olímpico ante 70.000 tifosi contra un Liverpool donde brilló en la determinante tanda de penaltis, el ‘baile’ de Bruce Grobbelaar. Los giallorossi se convirtieron en el primer equipo en sufrir la celebración rival en su propio estadio y aún hoy guardan ese terrible recuerdo como algo exclusivo y sin precedentes.

Observando la fortaleza del Bayern como local en la Bundesliga (sólo ha perdido dos partidos ante Gladbach-Dortmund y el resto acumula victorias salvo un empate), así como en Champions (sólo ha caído tres veces en los últimos cuatro años), la ‘esclavitud’ puede ser el mejor aliciente para convertir la presión en garantías. Dinamita transformada en levadura.

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