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Montpellier: Louis Nicollin, el presidente coleccionista

Han sido 96 minutos estresantes, de concentración, intensidad y un marcador ajustado hasta el final. Los jugadores se dan la mano agotados, felicitan a los goleadores y cogen aire mientras paulatinamente va descendiendo su ritmo cardiaco. “Enhorabuena, suerte para la próxima jornada. ¿Me cambias la camiseta?”. Un protocolo habitual al término de cada partido, que transmite calma, serenidad y sintonía positiva entre deportistas de élite. El abrazo emotivo, un breve diálogo y el intercambio de prendas sudadas, ha acompañado al fútbol desde hace décadas, aunque en escenarios concretos como el Stade de la Mosson, algunos jugadores tienen casi prohibida esta práctica por promesas previas a un personaje sin igual.

Porque el Montpellier puede tener la merecida etiqueta de equipo revelación del futbol europeo este 2012, puede haber encontrado al goleador de moda en Giroud, despertar inquietud con el crecimiento exponencial de Belhanda o mostrar su juventud futura con enganches vistosos como Ait-Fana o Cabellá, pero el verdadero protagonista del movimiento sureño es su máxima autoridad. Un coleccionista con la avidez de un empresario y las facilidades de un presidente futbolero, el mandatario más longevo y peculiar de la Ligue1: Louis Nicollin.

La práctica, que ha ido encontrando adeptos con una envidiable facilidad, es siempre idéntica. Nicollin espera al término del partido para abandonar su butaca de lujo en el estadio, va descendiendo escalones hasta llegar al camino de vestuarios y en el calabozo, donde todos los jugadores van tomando posiciones rumbo a las duchas, se cruza con aquél que ya había seleccionado previamente en su agenda. Es tal su fama en Francia y tan conocida su colección de camisetas, que no existe jugador que se haya negado hasta ahora pues, además, el presidente es simpático, directo y perseverante si hiciera falta. Unas risas, estrechez de manos y una más para la colección que, en constante crecimiento, suma ya más de 2.500 camisetas y se ha convertido en el museo de mayor nivel futbolístico del país.

Porque este empresario de la limpieza que tras triunfar en Montpellier, logró extender las escobas por toda Francia, Bélgica y Marruecos, tiene tiempo para patrocinar al Béziers Hérault (equipo de rugby local) y ser presidente de la Federación de rescate en situaciones extremas. Un personaje de apariencia voluminosa (pesa más de 130 kilos), de actitud volcánica con declaraciones altisonantes cada semana pero intocable como cabeza visible del Montpellier desde 1974. No se mordió la lengua para tachar de “mierdas” a unos hinchas de su equipo que lanzaron petardos al césped, asegurar que no quiere “hijos músicos, sino deportistas”, llamar “orejón” a Pedretti, increpar a Menez por sus peinados o a Wenger por “criticar a Francia cuando no se siente francés”. Por tanto, nunca se avergonzó de pedir camisetas, un hobby que junto a su cara polémica delante de un micrófono, le ha convertido en un personaje muy popular de Francia. Tanto, que hasta tiene un personaje de comic.

Lleva 20 años añadiendo colores, números y escudos a su gigantesca colección, una espectacular ventana al mundo del fútbol (también tiene una zona enorme dedicada al ciclismo, su otra pasión, donde tiene más de 1000 maillots y hasta motos usadas en el Tour de Francia). Renovó su casa, añadió un cobertizo y fue extendiéndolo hasta que incluso el ayuntamiento de Saint-Gabriel, en Marsillargues, le pidió abrir sus puertas a los curiosos. Y es que aquellos que rastrearon la zona y analizaron su contenido, la han valorado muy por encima de cualquier otro museo nacional y aseguran que el valor es incalculable.

“En general, los coleccionistas tienen una pasión exclusiva. Yo quiero tener camisetas de fútbol. Tengo más de 2.500 enmarcadas, acristaladas como obras de arte y mejor valorado que el Museo del deporte de París”. No le falta razón porque allí están Pelé, Beckenbauer, Cruyff, Maradona o leyendas nacionales como Kopa, Platini o Zidane. Muchos de ellos no pasaron jamás por su estadio ni por aquellos vestuarios de La Mosson, pero el coleccionista extendió hace tiempo sus extensiones. Ya amenaza con pagar 10.000 euros por dos camisetas de Puskas y Gento de los años 60 mientras no oculta que ha encontrado una camiseta de la selección francesa usada en el Mundial de Argentina 78 y una aún más especial, por ser de color verde en un partido donde los galos se enfrentaron a Hungría y usaron las de un club local, el Kimberley Athletic, por similitud de colores de ambos combinados. Y todos estos lujos futbolísticos, proyectados en un edificio de dos plantas que representa el epicentro más ‘fetiche’ del universo freak.

Uno de los showman que lo entrevistó abiertamente hace poco, Francois-Marie Banier, tachó a Nicollin de ser “hosco y malhumorado, un hombre sin educación que se burla de todo pero que no es malvado, sino que no se da cuenta de que en su posición, debe ser un ejemplo”. Mientras estudia sus defectos, sueña con un ‘doblete’ milagroso de su querido Montpellier rumbo a una Champions que llevaría a su estadio a los más grandes del momento. La excusa ideal para abrir una planta más, la tercera, en su envidiable museo, el paraíso de todo coleccionista.

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Comentarios (2)

Comentarios

JUAN | 29.05.2012 a las 13:14
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Estoy interesado en vender 5 camisetas antiguas Real Madrid, 2 del centenario, una de ellas firmada por Figo, Zidane y Raúl , una de HUMMEL de la liga 93,  otra de kelme con teka  y la otra de ADIDAS con teka azul, segunda equitación . Te interesaría?? Que colección mas espectacular .., un saludo.

Antonio Alcázar Ramos | 10.04.2014 a las 19:18
2

Poseo una camiseta de la cual solo se fabricaron dos (dado que son serigrafiadas de forma oficial por el club) por lo que me comento la persona que me la regaló es del año 94-95 del CP Mérida ; es la segunda equipación de color rojo y de mangas largas el numero 10 y el nombre de reyes(futbolista de la época). si le interesa esta joya ,única póngase en contacto conmigo. Su colección es una maravilla¡¡¡¡¡

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Un desarrollo de Pedro Puig