Histórico
26 marzo 2012Jose David López

Milan: Ibrahimovic y el elixir del jabalí

Dobles sesiones de trabajo, un entorno alejado de la presión y arropado por el contexto donde en su adolescencia de sintió querido. Las tareas de Rickard Dahan, fisioterapeuta de la selección sueca, buscaban poner a punto el abductor dañado de Zlatan Ibrahimovic, que no había comenzado la temporada nada bien y que acumulaba problemas físicos con la misma facilidad que polémicas extradeportivas. Autorizado por el Milan, que buscaba aislarlo y esconderlo ante los focos de la crítica, no dudó ni un segundo a la hora de explicar sus sensaciones amargas justo cuando alcanzaba la treintena: “He comenzado a sentirme mayor para jugar al fútbol. El tiempo pasa muy rápido y ya pienso en la retirada. Una vez que me retire, comenzaré a disfrutar de la vida, aunque aún seguiré jugando al fútbol durante dos años más“.

Una sinceridad que siempre lo ha acompañado pero que jamás había cuestionado su propia capacidad, entrega o desempeño en el césped. Aparentemente cansado del rol secundario que había tomado el fútbol italiano en Europa, de la incapacidad para sobreponerse a sus problemas físicos y asqueado de la asfixiante vida profesional, el sueco sólo iba a poder restablecerse afinando su puntería y con el cargador repleto de munición. Esta vez no se trataba de encontrar la red, sino sorprender a los alces. Zlatan se escapó de cacería por los bosques suecos en plena fase de recuperación. Su problema no estaba en las piernas, tampoco en su baja forma, sino en la mentalidad ganadora que siempre lo acompañó. Ese rencuentro moral, esa reacción de orgullo de nuevo en su mirada, se lo debe al jabalí que degustó esa misma noche junto a sus compañeros de selección. Él mismo lo había abatido, disfrutó de su ‘pieza’ y desde entonces, nadie ha sido capaz de frenarlo.

Atrás quedó su rechazo a vestir la camiseta de la selección sueca (aunque es probable que tras la Eurocopa repita), sus críticas a los planteamientos de Massimiliano Allegri a principios de campaña (con el que tuvo varios roces) y hasta algún desaire con compañeros de vestuario (es sabido que Gattuso ha tenido que intermediar en alguna ocasión para evitar problemas mayores). Ibrahimovic necesita sentirse diferente, distintos, especial y querido por aquellos que, pese a todo, no lo entenderán jamás. Si lo encuentra, si obtiene el entorno adecuado y el hábitat que le haga sentirse estrella, Ibrahimovic no frenará hasta responder como de él se espera y este curso, ya el mejor de su carrera deportiva, quiere cerrarlo no sólo con sus mejores registros personales, sino con títulos que eleven su figura entre los más grandes del planeta.

Veintinueve goles en lo que llevamos de temporada (sumando todas las competiciones), reflejan el potencial, la progresión y la determinación del sueco, incomparable líder de un Milan donde todos lo empujan hacia su supremacía. Zlatan ha podido criticar públicamente a una leyenda del club como Arrigo Sacchi (cada vez que el italiano habla de él, suele ser con afirmaciones negativas que encuentra la rápida respuesta chulesca del escandinavo), ha sido sancionado en Serie A por agresión a un rival (un manotazo a Aronica) y hasta ha levantado la voz contra su equipo cuando el Arsenal estuvo cerca de remontarles en cuartos de Champions. Y siempre, en cada una de sus intervenciones, el club mantiene la misma conducta, la de la permisividad y libertad hacia todo lo que decida hacer su estrella. Es más, hasta se prefiere que tenga esa dinámica de cabreo constante.

Se sabe respetado, líder e icono del actual Milan, que tiene en su mano sumar un nuevo Scudetto y mantener el podio del fútbol italiano. Con más goles que nunca en su haber a estas alturas de campaña (está a solo tres goles de superar su mejor marca en Serie A), doce asistencias acumuladas (que inspiran el crecimiento de acompañantes como Nocerino, Boateng o El Shaarawy) y especialmente motivado por haber llegado en plenas facultades al tramo final de curso, Ibrahimovic sabe que es su momento para situarse en la historia. Es la quince de Zlatan, de su clase, elegancia y talento. “Me encuentro muy bien, feliz y completo. Creo que esta es mi mejor temporada”.

Tumbar al Barcelona sería rebelarse ante los que cuestionan su protagonismo en partidos clave, silenciar a quienes dudaron de su capacidad como azulgrana y situarse un poco más cerca de esa Champions que le diera opciones de Balón de Oro. Un reto eterno para el que se le acaban las oportunidades. Una de las últimas balas ya está cargada aunque ahora, su jabalí se llama Barcelona. No hay mejor elixir.

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