Histórico
28 marzo 2012Jose David López

Milan: Emanuelson, el ‘tre-quartista’ deshonroso

El desequilibrio es el sumun, el punto diferencial, el factor decisivo y el que genera el espectáculo más existencial sobre el césped. Dentro de un fútbol que hace tiempo equilibró fuerzas con la mejoría en conceptos defensivos básicos desde clubes humildes, el aspecto que otorga desigualdad es un simple detalle, un ‘chispazo’ de genialidad y una gota de talento. Un instante efímero, explosivo, que derrocha gentileza en tierra de sombras y que augura centelleo ante la desidia. Ese momento pleno de lucidez impulsiva, adjudica protagonismo a aquellos que pueden cambiar el discurso soporífero y convertirlo en un reconfortante sainete. Escasean, son deseados al tiempo que destronados y sus peripecias tienen precios prohibitivos, muy a pesar de que on ellos los primeros recibir correciones y críticas por su anhelada libertad.

La Liga española los tacha de mediapuntas, el fútbol sudamericano venera a sus enganches y en Italia, el hermetismo de sus sistemas tácticos siempre quedaba a merced del diez rival. El factor imprevisible, el aporte especial, es el que ellos acostumbraron a llamar ‘tre-quartista’. Capacitados para asociarse por su gran calidad técnica, ponen su talento a servicio del pase destructor (suele ser el penúltimo) y aparecen por sorpresa desde segunda línea. Elegantes en conducción, sabios en la claridad de espacios y tremendamente eficaces detrás de dos puntas. Son una especie en extinción, torpedeada por las vertientes defensivas y obligados a superarse cada partido. Ese rol preciosista y fantasioso ha ido evolucionando, pero en Milan, equivocaron términos. Debilitan la mística, la tradición y el romanticismo de un lugar reservado a los cracks ya que en San Siro, ahora, esa obligación recae sobre el más deshonroso de los ‘tre-quartistas’, Urby Emanuelson.

El holandés, al que no me atrevo a intentar otorgar una demarcación concreta, llegó al Milan en enero de 2011. Sorprendió su contratación por la falta de argumentos de peso que explicaran su capacidad para aportar beneficios al proyecto de Massimiliano Allegri. Pero lo cierto es que su precio, apenas 1.5 millones de euros (porque terminaba contrato unos meses más tarde), fue la mejor noticia para encontrar hueco en una plantilla que no hubiera podido imaginar después de varias campañas sin brillantez especial en el Ajax, equipo donde creció (fue elegida promesa del año en Holanda en 2006) y se curtió (pertenece a la generación de Vertonghen o Van der Wiel).

El perfil que habíamos diseccionado era muy claro, pues lo catalogaba como un lateral zurdo de largo recorrido con fragilidad defensiva en partidos de máximo nivel, pero capacitado para aportar una opción más siempre factible en labores ofensivas. Esa facilidad para proponer hasta línea de fondo y tener propiedad a la hora de servir balones al área, le sirvió para ir ganando metros en la lectura táctica de sus entrenadores (tantas veces errónea de aprovechar a un carrilero de recorrido como volante). Perdió sorpresa y su nivel jamás recordó al de sus primeras exhibiciones junto a la línea de cal pero ya cuando terminaba sus días ajaccied, era más habitual verlo en posiciones de ataque.

Quizás por ello, la lectura mercantil de Milan con menos liquidez de las últimas décadas era ante todo comercial. Precio reducido, jugador apto para ser posteriormente vendido y tasado en un valor más alto del que iban a pagar. Si a ello le sumaban experiencia y un claro perfil polivalente, la opción podría tener algunas opciones y minutos en contextos concretos durante una campaña. Pero la sorpresa se oficializó cuando tras varios partidos actuando como extremo zurdo muy adelantado respecto a lo habitual (casi siendo sustituto de Robinho en el antiguo esquema milanista), Allegri le probó como nexo entre medular y delantera. Esa labor atribuida al jugador más talentoso, al clarividente, al fantasioso, recaía sobre los hombros de un comodín alternativo alejado del prototipo que durante años han gestado leyendas en el fútbol italiano. No era un Roberto Baggio, ni tampoco un Zola, Del Piero, Totti y ni siquiera un Pirlo adolescente o un símil del ‘enfermo Cassano’, sino que el sustituto a las mágicas imprevisibilidades determinadas por ese rol, se instalaban en un lateral reconvertido a extremo que acabó jugando entre líneas.

Ya había mostrado Allegri que su propuesta dista mucho de ese factor diferencial pues, antes de Emanuelson, ya había despreciado a Pirlo y su elegido en esas labores es Boateng. El ghanés es agresividad, ímpetu, energía y potencia, una nueva especie que rompe con el protocolo histórico pero que tiene lógica estructural como elemento clave de un estilo. El holandés por el contrario, no habla el mismo idioma, es un híbrido polifuncional, correcto, simple y de conceptos creativos nada desarrollados. No es excesivamente rápido ni físico, tampoco veloz ni potente, y desde luego sus botas no representan al más habilidoso de sus llegadores. Pero este Milan alejado de estereotipos tradicionales, de mentalidad infatigable pero ritmo pausado, se ha inventado también su propio ‘Plan B’ (Boateng es el A). Una reconversión con beneficios aún por acreditar y lejos del nivel exigido en un campeón. Un ‘tre-quartista’ deshonroso.

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