Histórico
24 marzo 2012Jose David López

Inter: Lágrimas y tensión en ‘La Crisis de Meazza’

“¿Podrían ustedes ganar, por favor? De lo contrario, se burlarán de mí otra vez en la escuela”. Tan singular rogativa, aparecía hace unas semanas en las gradas de un Giuseppe Meazza medio vacío, que enloquecía su decepción ante lo que, otra vez, estaba sucediendo en el césped. El batallador Bolonia, asaltaba el epicentro neroazzurri para multiplicar las vergüenzas del Inter de Milan, mientras su afición seguía preguntándose sin reparos, si existía forma material de levantar al vestuario después de tantos vaivenes. La voz más inocente y humilde, la de Filippo, no encontró mejor manera de exponer sus sensaciones, las de un niño de sólo 9 años que, víctima de su corazón interista, buscaba piedad en sus ídolos para evitarse enésima ‘burla’ de sus compañeros milanistas.

El Inter acabó derrotado aquél viernes, ninguneado por un equipo que mostró sus carencias a base de identidad, carácter competitivo y un notable rigor defensivo. No necesitaba brillar en exceso, ni ofrecer su mejor versión o colgarse bajo el larguero. Se bastaba con repetir lo que habían encarrilado en las semanas previas aquellos que se cruzaron y maltrataron al Inter. Lo había aprovechado el Lecce, lo supo leer Palermo, lo destrozó la Roma, lo clonó el Novara, logró ‘pescar’ el Catania y como no, lo derrumbó el Nápoles. Siete jornadas consecutivas de Serie A donde el otrora campeón italiano, apenas fue capaz de sacar dos puntos producto de dos empates que, además, llegaron fruto del excesivo respeto de su rival en las alturas de la hombrada. El Olympique de Marsella se encargó de reiterarlo en el escenario europeo, mostrando al continente el momento negro de un Inter de Milan escandalosamente inseguro y torpedeado por la desidia.

Una conducta peligrosa y sin precedentes. Y es que jamás había sumado once derrotas en Serie A (acumuladas en la jornada 26) en estas instancias de campaña y sólo la horrorosa versión interista de 1946/47, donde terminaron el curso con 15 derrotas y una desastrosa décima plaza, puede compararse a la fragilidad actual. Cifras que, sobre todo en su estadio, nunca se habían constatado y que no sólo dependen de su pérdida de capacidad defensiva, sino de la falta de pegada de su ataque, que ha estado más de 500 minutos consecutivos sin lograr un gol. Y es que ahora mismo, el Inter sólo puede tener un balance de goles de +2, una irrisoria pero contundente cifra para destacar el pésimo momento institucional de un club sumido en un cúmulo de decisiones deportivas que han fracturado su confianza.

El punto de partida llega, como casi siempre, cuando se toca la gloria. La Champions obtenida hace dos campañas, con José Mourinho en el banquillo y una plantilla que logró rendir muy por encima de lo que la lógica indicaba, situó a los neroazzurri en la élite que tantos años les había estado esperando pero la renovación y el rejuvenecimiento de su vestuario no se llegó a producir. Con el portugués saliendo por la puerta grande ante lo que se le avecinaba, los despropósitos empezaron su inexorable camino hacia el suicidio deportivo de estos días. La falta de confianza y regularidad en un técnico avalado por su experiencia y títulos, Rafa Benítez, debilitó más que nunca el rol de quien ejerce de líder, ninguneado por su presidente. Los jugadores lograron su cometido tras una primera parte de campaña horrososa que, en parte, quedó cicatrizada con la recuperación resultadista de Leonardo. Pero el brasileño no era el adecuado para el cargo y, consciente de ello, dejó su lugar. Tras una interminable encuesta mundial y contactos con todo técnico de cierto renombre, Moratti colocó allí a Gasperini, que lejos de poder maniobrar soluciones, ejecutó un plan de fuga masiva con fisuras personales, deportivas e institucionales. Pese a buscar regularidad con Ranieri, esta no ha llegado y los latidos del Inter han sido cada vez más dispersos.

La decisión clave que mayores críticas levanta, radica en la estrella del equipo, un Wesley Sneijder alejado del prototipo de enganche creativo, lúcido y desequilibrante por talento puro que siempre fue. Esos galones, abanderados y defendidos en el éxito no tan lejano del equipo, han perdido su eficacia. No sólo se rumoreó en exceso la posibilidad de que el holandés dejara el club el pasado verano, sino que la opción de que se vaya a terminar marchando, es una realidad. Un aspecto clave, al menos en lo mental, que debilitó la pretemporada del oranje, que cuando volvió a encontrarse listo para liderar, se topó con los rocambolescos sistemas defensivos de su propio entrenador. Y es que si Gasperini lo sacó hasta del césped defendiendo que un enganche no tiene cabida en su concepción de fútbol, Ranieri ha seguido de vez en cuando esa estela, maltratando no sólo al Inter con una irremediable falta de ideas, sino al propio público que no puede disfrutar de su estandarte.

Sería un grave error querer ocultar que, además, el equipo ha sido debilitado sensiblemente en el mercado por propia iniciativa. La pérdida de Samuel Etoo no sólo respondía a un momento de necesidad financiera en Meazza, sino que reflejó a ojos del mundo que hasta el campeón italiano y europeo, cedía a los impulsos cuando las cifras lo mareaban de euros. Perder al camerunés era, irremediablemente, admitir la posibilidad de dar un paso atrás en tus intentos de mantenerte en la élite. Si le añadimos el retiro de un carácter poderoso como el de Materazzi sin sustituto de nivel o la venta de Motta como elemento indispensable de la medular táctica, la sensación de pesimismo empezaba a ser evidente en el proyecto más desequilibrado de los últimos años. Además, ninguno de los refuerzos llegados en las dos campañas anteriores, han logrado repercusión global reseñable, confeccionando un vestuario con jugadores internacionales, expertos y competitivos, pero alejados de su mejor momento moral y deportivo.

Muy atrás quedaron las mejores acciones decisivas de Julio César bajo palos, el otrora desequilibrante Maicon ha perdido su capacidad de carrilero, no existe fiabilidad en la pareja Samuel-Lucio (menos aún si aparece un depresivo Ranocchia), el empecinamiento en el físico-sacrificio de Stankovic-Cambiasso-Zanetti no facilita la imprevisibilidad sino el embotellamiento y la sequía ofensiva con Pazzini-Forlán-Zárate (quizás sólo se salva Diego milito), ha multiplicado los problemas. Ranieri no fue capaz de solventar las fisuras de Gasperini, sino que en un intento por encontrar la solidez y regularidad que ofrecen los resultados, ha generado un colectivo falto de energías, perdido en su depresión y hermanado con la inapetencia. Ritmo lento, nula capacidad para encontrar soluciones y gritos desde un vestuario aislado del primer nivel donde siempre se movió.

Hace dos viernes, en Verona, el primer paso hacia la liberación se consumó ‘in extremis’. Una victoria sufrida ante el Chievo, a falta de cinco minutos y tras un nuevo guión de inexpresividad futbolística, que al menos, rompe la dinámica más pobre del Inter en décadas. Ranieri lo expresó, muy a su pesar, con lágrimas. Tensión, nervios y necesidad que esbozaron un gesto inaudito en un técnico que, pese a su experiencia, multiplica canas diarias ante los disgustos acumulados en los últimos meses. “Los chicos lo merecen. Han trabajado mucho y lo están pasando mal”. Siete días después, se sumó el desastre de la eliminación Champions y un desastroso empate casero ante Atalanta. Vuelta al abismo y más problemas acumulados tras la negación de Forlán a saltar al césped.

Toca calma, imponer un sistema que asegure réditos en busca de salvar la campaña a corto plazo y soñar con aparecer entre los ‘elegidos’ en la próxima Champions League. Un reto para el que, quizás, ya sea demasiado tarde (así lo avanza incluso Moratti) pero nada que no pueda arreglarse en Meazza. Allí, el pequeño Filippo espera paciente pues, tras aquella pancarta que trascendió, fue invitado a conocer a los jugadores en un entrenamiento. Ahora porta una camiseta firmada por todos, con ‘su’ capitán Zanetti a la espalda y con las ideas claras para el futuro pues, ante todo, “puedo caminar con la cabeza bien alta, fui y seré siempre un fanático del Inter”.

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