Histórico
17 marzo 2012Jose David López

Hertha: Los mil nombres del incombustible Rehhagel

Es ordenado y maniático, caracterial pero sensible y, sobre todo, rígido en su concepto de vida. Odia las nuevas tecnologías, desaprueba el vanguardismo reinante en la sociedad y no soporta que las generaciones venideras quieran encontrar su hueco en el mundo sin haber sudado sangre por ello. Es la palabra de la sabiduría, de la experiencia y de la determinación, pero también del arcaísmo, los estereotipos clásicos y la conservación de ideas explotadas. Esas cualidades-limitaciones, dependen más que nunca de su trayectoria, a la que sigue aferrándose muy a pesar de llevar años olvidado por un fútbol que tanto le debe. Es la única persona que como jugador y entrenador, ha participado en más de 1000 partidos de Bundesliga. El que más victorias conserva, el que más derrotas tiene en su haber y el que más empates ostenta. Sus equipos han marcador y concedido más goles que los de cualquier otro entrenador. Pero él, es Otto Rehhagel.

Cuando se le introduce en una corriente de fútbol defensivo, aislado de asociación creativa o celeridad en el despliegue ofensivo, siempre acaba mostrando su extrema perspectiva de la situación. Analiza los porqués, define sus ideas y empuja a quien quiera echar por la borda sus estadísticas: “No nací ayer. Siempre me hacen preguntas tramposas sobre la forma defensiva de jugar de mis equipos. Pero si atacamos, de todas formas perdemos. No hay ni un 1% de garantías de que atacando, tengamos la victoria más cerca”. Obsesionado por defender y hermanado con la táctica, Rehhagel acumula críticos y enemigos a montones pero, aun así, está considerado uno de los mejores técnicos de la historia. Ha dejado huella e identidad por donde pasó, al igual que una lista de sobrenombres tan larga como sus charlas de pizarra.

Y es que en una vida que empezó a unirse al fútbol con sólo 9 años en el modesto TuS Helene de su Essen natal, el recorrido acumula ya nada menos que 64 años. Doce clubes, una selección nacional, una selección juvenil y hasta una breve etapa como asistente. Más de seis décadas de nexo con la pelota y una butaca de banquillo que empezó a ocupar a principios de los 70. En el mítico y casi olvidado Kickers Offenbach, recibió el primero de sus muchos apodos tras encajar un correctivo histórico (12-0) a manos del Borussia Dortmund. Aquella goleada de escándalo, provocó que los diarios deportivos del día siguiente abrieran con un enigmático Otto Torhagel (“Tor” significa gol en alemán y “Hagel” se refiere a una tormenta de granizo).

Después de varios cargos de corta estancia en Arminia Bielefeld y hasta Borussia Dortmund, transformó por completo el que ha sido el club de su vida, el Werder Bremen. Durante catorce largos años (1981-1995), Rehhagel restructuró el concepto del equipo hanseático, al que con un ritmo rápido y una defensa poderosa, estableció entre los mejores del país. Desgraciadamente, su facilidad para perder finales en DFB Pokal, generaron la sorna de sus enemigos, que lo catalogaron de Otto II (Otto siempre es segundo) o Vizeadmiral (Vicealmirante). Pronto se encargó de romper ese maleficio, sumando dos títulos de Bundesliga, DFB Pokal y Recopa para un Bremen que brillaba por su rápida aceleración ofensiva con Rudi Völler, Karlheinz Riedle, Dieter Eilts, Marco Bode, Mario Basler o Andreas Herzog. Pero sobre todo, destacaba por su fortaleza y solidez defensiva ya que con sólo 22 goles encajados, esa generación del 88 es el equipo menos goleado en la historia de la Bundesliga (hasta 2008, con 21 goles del Bayern).

Su fugaz aparición en el Bayern de Múnich, que no llegó a un año tras intensas polémicas con las estrellas bávaras, le sirvió para ser reconocido eternamente en Múnich como Otto der böse (Otto el antipático), debido a los roces caracteriales que tuvo con Klinsmann. Al llegar a Kaiserslautern, se encontró un equipo dispuesto a regresar a la élite de una Bundesliga que lo había empujado al segundo escalón. No se contentó con ascenderlo rápidamente, sino que en una campaña histórica dentro del fútbol mundial y que destrozó las barreras germanas, ganó la Bundesliga el mismo año de su re-estreno entre los grandes. Brillante en ataque y equilibrado en su sistema defensivo, el FCK se convirtió en el primer club que logra el triunfo llegando desde el segundo nivel. Pese a que abandonó su trono abatido por sus detractores, en el Fritz Walter hay dos genios, elq ue aporta el nombre y el que aportó el milagro, más conocido como Otto der einzigartigen (Otto el inigualable).

Sin embargo, para corroborar definitivamente su capacidad para desarrollar milagros y generar esperanzas en el abismo, Rehhagel necesitaba encumbrar su memoria a la de un título internacional. Sin opciones de dirigir a su Alemania querida, sí ideró la que aún hoy está considerada como mayor sorpresa en la historia del fútbol de selecciones. Grecia, minúsculo en potencialidades y ajeno a competitividad desde sus inicios, fue catapultada al podio europeo por la máxima optimización de sus recursos. Estrechando líneas, ignorando la pelota y radicalizando sus jugadas de ataque hasta la extenuación, aprovechó el buen momento de forma de algunos jugadores helenos, para quemar etapa, ganar en confianza y situar su concepto futbolistico en la cúspide ante los gigantes continentales. Tal osadía sin precedentes, la Eurocopa 2004, exigía un último apodo superior, un sobrenombre para los anales que identificara al técnico con el país al que hizo sonreir (King Otto, en referencia al Rey Otto de Grecia en el Siglo XVII).

Ahora, diezmado por su década alejado de la exigencia de un trabajo diario en el banco y buscando restablecer sus ideales en un fútbol alemán completamente transformado desde sus días de gloria, el Hertha de Berlín busca el enésimo milagro. Rozando el descenso, en plena caída libre y con la presión de la capital más bella de Europa sin fútbol de primer nivel, la única meta para Otto será evitar el caos y mantener el tipo. Sabemos cuales serán sus directrices y también sus estridencias pero sólo nos falta conocer su nuevo apodo en suelo capitalino…

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