Histórico
12 marzo 2012Jesús Camacho

Boca Juniors: Krasouski, cuando La Bombonera tiembla

En la década de los setenta y ochenta, Ariel Krasouski, un futbolista de mitad de cancha, de fuerza, trabajo, entrega y temperamento, uno de aquellos cinco defensivos pero eficaces al cien por cien, dejó su proletario sello en Uruguay y Argentina. Dejando especialmente un grato e imborrable recuerdo en Boca Juniors, donde salió campeón Metropolitano en 1981, junto a un joven y genial futbolista llamado Diego Maradona. Nacido un 31 de mayo de 1958 en San José (Uruguay), comenzó a jugar al fútbol en 1967 en las filas del Génova Baby Fútbol, un club fundado por él y sus compañeros de correrías por las calles de San José. El Central San José de Baby Fútbol, dio continuidad kilométrica a su carrera incansable y completó su formación defensiva. Pasó por varias de sus secciones e integró  tanto la selección juvenil como la mayor de San José, con la que fue campeón del Sur y del Interior en 1976. Con Central San José conoció el fútbol profesional y fue en dos ocasiones campeón, en 1973 y 1974.

A finales del 75 se marchó a Montevideo Wanderers, club en el que creció tanto a nivel personal como profesional. Allí se consagró en la Primera y se ganó la internacionalidad absoluta con su país, aunque antes llegó a ser Campeón de América Juvenil en 1977. Debutó con la absoluta de Uruguay el 11 de julio de 1979, casaca celeste con la que se coronó campeón de la Copa de Oro y el Mundialito en 1980. Jugó su último partido como internacional el 13 de septiembre de 1981. En 1981 se marchó a Argentina para jugar en Boca Juniors, club al que llegó con la complicada misión de hacer olvidar al legendario medio defensivo Suñé. Debutó en la primera de Boca en 1981 ante Unión Santa Fe y lo cierto es que Krasouski que se conformaba con integrar aquel gran plantel con el que se encontró, se afianzó en la titularidad. Su rendimiento fue más que aceptable, aportó a la mitad de la cancha de Boca, trabajo, carácter y efectividad. Con los citados atributos el oriental no tardó en ganarse el cariño de los aficionados de Boca. Pese a ser un jugador más defensivo que ofensivo, hizo más de cinco goles por campeonato desde la posición de volante central.

Además Ariel  Krasouski fue testigo privilegiado de la consagración de un genio como Diego Maradona, con el que compartió leyenda y logró el histórico título del Campeonato Metropolitano del 81. Boca tenía un muy buen equipo, formaba habitualmente con:  Gatti, Pernía, Ruggeri, Mouzo y Córdoba; Benítez, Krasouski,  Maradona; Escudero, Brindisi y Perotti. Además de contar con futbolistas como Pancho Sá, Bordón, Ribolzi, Trobbiani, Alvez, Mastrangelo, Morete, Outes y Mario Zanabria entre otros.

Vivió momentos inolvidables en aquella campaña, como el inolvidable primer clásico del 81, el del famoso duelo de Maradona-Kempes. River tenía un señor equipo. Jugaban Fillol, Tarantini, Pasarella, Kempes, Ramón Díaz, Gallego, Jotajota López, Alonso. Fue la noche en la que “el Pelusa” sentó a Fillol y como dicen en Argentina se metió en el arco con la pelota. Boca venció tres a cero. Ariel permaneció en Boca como titular varios campeonatos, y aunque no era un crack, pertenece a un tiempo imborrable de la historia de Boca. Su eficiencia y su condición de jugador de equipo suplieron cualquier otro tipo de carencias, y a su bagaje sentimental corresponde una de las más bellas descripciones de La Bombonera. Y es que lo vivido por Krasouski con la camiseta de Boca, difícilmente podrá olvidarlo, es por ello que merece mucho la pena conocer los sinceros sentimientos de un tipo duro que aflora emoción al borde de sus recuerdos:

“Cuando entré a La Bombonera la cancha se me movía y las piernas se me aflojaron de una manera que me asustó. Era un partido contra Unión de Santa Fe. Yo hacía mi debut con la camiseta de Boca. No es un partido clásico ni mucho menos, pero las entradas estaban agotadas cuatro días antes. Me acuerdo que entré a la cancha, corriendo para calentar y sentí como que vibraba el piso. Lo que pensé en ese momento fue que las piernas se me estaban aflojando por el nerviosismo antes del partido, el día del debut. Pero yo no tenía antecedentes de ponerme nervioso al entrar a una cancha. Siempre fui un tipo muy tranquilo que no sentía el nerviosismo lógico que siente un jugador, que antes del partido está temeroso y adentro de la cancha, jugando, pierde el miedo. No había sido nunca mi caso, así que me llamó la atención. “¿Por qué me tiemblan las piernas, si yo jugué en la Copa de Oro con ochenta mil personas, representando a mi país, jugando la final contra Brasil y no me pasó esto? ¿Por qué me pasa esto acá, contra Unión de Santa Fe que tenemos todas las de ganar?” Pero no era yo ¿sabés?, era el piso. De verdad se movía el piso”.

“Con el tiempo supe que no me pasaba a mí, que nos pasa a todos los jugadores cuando está La Bombonera repleta y cantan todos los hinchas a la misma vez y están saltando todos juntos en un mismo momento, porque queda tan encerrado el espacio del estadio, que es como una caja, con sus tribunas empinadas y los tablones. Y cuando es tanto el griterío y es tanto todo lo que la gente trasmite hacia la cancha, La Bombonera late. Es como dicen los carteles. “La Bombonera no tiembla. Late”. Es verdad. Y el piso se mueve; hay una vibración real del piso. Es verdad eso”.

En 1986 se marchó a San Lorenzo donde cuajó una buena campaña con catorce partidos sin conocer la derrota. Compartió equipo con Chillavert recién llegado de Paraguay, Bica, Malvárez, Saavedra, Alexis Noble, Inzúa, Rinaldi, Perazzo, Jorge García, Iguaín, pero River fue mucho River, aquel de Francescoli, de Morresi, Gallego, Ruggeri, del Tano Gutiérrez. Tras su paso por San Lorenzo regresó a Boca, club en el que jugó dos años más para inmediatamente después enfilar el tramo final de su carrera en las filas de Estudiantes de Río Cuarto, Liverpool de Uruguay, Rentistas, River de Uruguay, Basáñez y Fénix, club en el que en 1994 y a los 36 años colgaba las botas uno de aquellos tipos duros que desde el sacrificio y la entrega se ganó un lugar en la historia del fútbol xeneize, aquella que jamás podrá olvidar su imborrable descripción de un partido en La Bombonera.

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