Histórico
2 febrero 2012Daniel Cana

Valencia – Barcelona: La Copa invita a la táctica

El partido de Liga en Mestalla y la vuelta de cuartos de final frente al Real Madrid en el Camp Nou condicionaron la puesta en escena del FC Barcelona en la semifinal copera. Al más puro estilo cruyffista, con la misma intuición y seguramente con más análisis, Guardiola decidió que en lugar de tener que elegir la posición de Dani Alves, más o menos adelantado, directamente se quedaría en el banquillo. Recordando el daño que le hicieron Mathieu y Jordi Alba en el enfrentamiento liguero, el entrenador azulgrana envió a Puyol al lateral derecho, como en los últimos minutos del partido contra el Madrid, y mantuvo la defensa de cuatro.

Sin Xavi, obligado a descansar, y con la mimética presión adelantada que ambos equipos se imponían de forma recíproca, el juego quedó encorsetado en apenas cuarenta metros de castigado césped. En el Valencia dirigía Banega; en el Barça Busquets y Fábregas buscaban a Messi hasta que el argentino se retrasó tanto que ya no hizo falta. Cesc, como interior convencional, encontró esta vez sí la pausa y el liderazgo ante la ausencia de sus acompañantes más ilustres. Demostró que puede y sabe hacerlo, y que roza lo ridículo pretender reducirle a un mero llegador con remate.

Pese a todos los planes, una furiosa acometida de Puyol en una presión en medio campo, tan voluntariosa como innecesaria, permitió por primera y casi única vez el avance de Mathieu por izquierda, dando el pase a Jonas para el 1-0. El capitán barcelonista, imperial todo el partido, empató tras un saque de esquina poco después y consiguió con ese gol serenar a su equipo y administrarle confianza. Pese a muchas más pérdidas de balón de las habituales, el exceso, de nuevo, de faltas en contra, más cerca de treinta que de veinte, la imprecisión en los metros finales, penalti fallado incluido, y los titubeos de Piqué (solo a la hora de defender, ya que jugó bien la pelota), el Barcelona fue mejor. Si el equipo soporta una exigencia desmesurada, en las espaldas de Messi incluso se multiplica. No acertó Leo, sobre todo en el regate, ni siquiera desde los once metros, pero el caudal más limpio de fútbol barcelonista siempre nació de sus botas.

El Valencia compitió con solvencia pero una vez desactivada su idea habitual de ataque vertical en pocos pases, una vez cargados de tarjetas sus centrocampistas, se quedó sin plan B, pensando quizá en lo bien que hubiera ido el partido con Pinto expulsado.

La Copa del Rey exige mucho. El trayecto es empedrado y desapacible en invierno para disfrutar la Final en primavera. Los dos equipos se lo jugarán la semana que viene. El marcador es corto para el Barça y no definitivo para el Valencia. Lo mejor, que no les permite contemporizar, ya solo quedará uno.

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