Histórico
2 febrero 2012Jose David López

Serie A: La ‘picaresca’ del subsistir

El pícaro es un ser astuto, que roba para subsistir, habilidoso por naturaleza y en la mayoría de ocasiones repudiado por la sociedad. Este personaje no surgió de la nada, sino que una serie de condicionante de su entorno, generaron personas empobrecidas, miserables y marginados que carecen de recursos para mantenerse con vida. Un anti-héroe que critica a los grandes adinerados y que mostraba la otra cara de una sociedad tan humilde como contraria a los grandes titulares, a los que siempre encontraban un tono de ironía. Esa corriente que despertó un interés evidente en la literatura (sobre todo española) durante el Siglo de Oro y justo al final del Renacimiento, está hoy perfectamente reflejada en el fútbol italiano.

Frente a lo bucólico, lo grandioso, lo aventurero y lo exótico. No hay nada más realista que asumir su condición de ostracismo en el mundo y saber jactarse de ello, centrando su interés en la realidad más pura y cruda que toca vivir. Porque de los campeonatos europeos de mayor enjundia, el de mayor debilidad financiera actual es la Serie A y lejos de ocultarlo, no evita una mirada crítica y hasta pasiva hacia sus movimientos de mercado, fiel reflexión sobre la transformación de sus directivos. De pudientes y engalanados, a humildes y discretos. No hay grandes fichajes, movimientos de categoría mundial o traspasos a los que dedicar portadas, sino mucha pobreza y miles de ‘cábalas’ para salir del paso con parches en vez de soluciones. La ‘picaresca’ del subsistir.

Porque sólo la necesidad más sensata, la de no tener ni un solo euro que invertir ni uno que perder, exige máximo control en las finanzas y en la toma de decisiones. Y allí han surgido nuevos métodos y fórmulas de contratación de jugadores en los últimos tiempos. Nadie se salva. Desde el todopoderoso Milan (capaz de compartir derechos de jugadores tan valiosos para su plantilla como Boateng o tener aún deudas pendientes por fichajes caducos como Robinho), hasta la Juventus (que intenta contratar a precio de saldo a jugadores de gran nivel levantando ampollas y críticas entre los directivos de clubes extranjeros por sus pírricas cifras), pasando por clásicos animadores de la locura mercantil como Palermo o Genoa, aunque se podría citar con mayor acierto no a los clubes sino a los mandatarios Zamparini y Preziosi, auténticos expertos de la rufianería.

La Serie A y, por ende, el fútbol italiano al completo, siempre ha sido enjuiciada (aunque sea moralmente) por sus constantes y extraños traspasos en el mercado de refuerzos. Sólo en Italia se accede a ‘favores’ entre instituciones para conseguir serenar los ánimos de una afición enojada con la dinámica de su equipo o para interrumpir un momento tenso que sólo un refuerzo o cara nueva en la plantilla puede solventar. No es para nada pionera la idea de compartir los derechos de un jugador entre clubes para juguetear con su destino durante años, firmando contratos a dos bandas, obligando a un tercer interesado a comprar una parte proporcional y hasta al representante a reducir costes para conseguir que todos se pongan de acuerdo a tiempo.

Tampoco es nada original en Italia que un jugador de nivel, internacional, consagrado y de grandes registros, sea moneda de cambio. Sólo así se explica como algunos de los jugadores que más sorprenden en una campaña, ni siquiera esperen al final del curso para ser traspasados por una cantidad interesante. En la mayoría de casos ese jugador de moda ni tan siquiera dejará un euro en el club que defiende porque, en realidad, sus derechos pertenecen a otros implicados, lo que acrecienta la demanda de dinero entre los clubes y la necesidad de extiende. ‘Parches’ que no sanan heridas, sino que retrasan el daño esperando soluciones milagrosas que pocas veces logran consumarse felizmente. Es una forma de vida, entre penurias.

Pero esos ‘favores’ siguen dejando huella cuando hablamos de jugadores que, siendo importantes, cambian de club de similares objetivos. En cualquier otro país sería imposible que rivales y enemigos por objetivos comunes a final de curso, se ayuden mutuamente. Esas cábalas no permitirían que el Bayern cediera a un jugador al Dortmund, que el Real Madrid lograra a una ‘perla’ del Barcelona o que el Manchester United se hiciera con los servicios de un goleador del Liverpool. Mucho menos aún que las sumas de dinero sean pírricas y avergonzantes. Un fútbol empobrecido que un día dejó escapar su ‘Renacimiento’ para acabar con un palillo entre los dientes intentando ocultar la hambruna de su estómago. ¿Cosa è successo in Italia?

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