Histórico
11 febrero 2012Jose David López

Manchester United: Sombras, presiones y De Gea

El abolengo, ese rango social que diferencia a los ‘elegidos’, se sustenta en bases muy bien estructuradas durante décadas. Un criterio intocable (jamás rendirse), gestado en torno a un líder eternamente respetado (Alex Ferguson), inmaculados héroes que traspasan las fronteras deportivas (Giggs-Charlton-Best) y una entereza perenne ante cualquier obstáculo (decenas de históricas remontadas lo atestiguan). Exigencias del caché, de una imagen internacional y de la constante presión resultadista de cada temporada. Aspectos que sólo pueden ser controlables con frialdad, mucha inteligencia y dosis de paciencia cotidiana. Ser el Manchester United es, ante todo, ser una identidad ganadora y la adaptación a estas bases, diferencia a un verdadero Red Devil de un profesional más dentro del universo Premier.

Formar parte del selectísimo grupo de ‘distinguidos’ de Old Trafford, es ardua e interminable tarea. Rendimiento y sensatez. Carácter y profesionalidad. Sacrificio y humildad. Una línea que endiosó durante años a grandes genios pero que fue capaz de destrozar a otros muchos, incapaces de superar las expectativas, de dignificar la camiseta que tanto les pesaba y de conservar aquella estrella que un día les sirvió para asaltar el sueño mancuniano. Referentes iconográficos de esta forma de expresar unos colores, pocos, bajo palos, únicamente dos. El ‘Gran Danés’ Peter Scmeichel y ‘Jolly Green’ Van Der Sar. El resto, una larga lista de fracasos y decepciones ante las que, desde hace meses y ante mirada dictatorial del fútbol más mediático del planeta, lucha David De Gea.

Alex Ferguson intentó convencer durante meses al portero holandés para que sus intenciones de retirada no fueran reales este verano, pero tras varios años cediendo a última hora, la decisión esta vez fue inflexible. Sin Van Der Sar, el United perdía una de sus piezas básicas, uno de sus jugadores más experimentados y sólo ganaba un serio problema, el de suplir su marcha con el guardameta ideal. Recordando que en el tramo de cinco años entre Schmeichel-Van Der Sar, la elección puso en evidencia todo el proyecto, no podían cometerse errores del pasado. Había que evitar que volvieran a surgir personajes de dudosa capacidad tras la sombra de Schmeichel (‘El gran danés’), como Taibi o Bosnich, singulares oportunidades como las concedidas a Ricardo, Carroll o Van der Gouw y, desde luego, no más costosas operaciones sin rentabilidad como Barthez o Howard.

La apuesta tiene esta vez acento madrileño, desprende juventud y representa el futuro de la selección española, argumentos de peso para comprometerse con David De Gea. Sin embargo, no han servido sus buenas actuaciones en el Atlético de Madrid ni los análisis más optimistas valorando su proyección, para serenar las opiniones del entorno del Manchester United. No es un dominador del juego con los pies (maniobras básicas en un equipo con un planteamiento de posesión continua sobre el rival). Muestra muchas dudas en los balones aéreos, sobre todo verticales, ante la falta de ayuda de sus centrales (acciones que forman parte del ADN británico). Y sobre todo, tiene tras de sí una larga sombra que espantar y con la que enfrentarse los próximos meses, la de un antecesor (Van Der Sar, que esta misma semana decía que De Gea debe adaptarse a jugar bajo la presión de este club) que dominaba todos los registros Premier, que tenía la frialdad por decreto y que cumpliendo las bases de la pirámide mancuniana, se había ganado el respeto mundial.

La pretemporada (que en su caso empezó más tarde debido a la Eurocopa Sub-21), alargó en exceso la oficialidad de su fichaje y cuando llegó a Estados Unidos para incorporarse a su nuevo vestuario, Alex Ferguson estaba en pruebas con el danés Lindegaard y con el polaco Tomasz Kuszczak. Ninguno demostró en los últimos tiempos ser una elección segura, por lo que De Gea siempre tuvo la primera plaza. Sólo sus contratiempos en acciones puntuales que generaron debate en torno a su capacidad, obligaron a Ferguson a tomar decisiones al efecto y el danés Lindegaard empezó a aparecer en las alineaciones hasta tal punto de haber disputado más minutos. Una táctica, la de dar minutos a ambos, que perjudicó a todos, incluyendo el equipo, que lleva meses sin un pilar estable bajo palos. Con De Gea siendo comparado por los medios más duros con Jim Leighton (escocés de los 80-90 que Ferguson trajo desde el Aberdeen y que generó muchas de las mayores sornas del fútbol inglés con sus calamidades), la ‘alternativa’ era primera opción hasta que hace unas semanas cayó lesionado para más de un mes. Una ‘desgracia’ que supuso incluso el debut del canterano Ben Amos en el peor momento del español (tras caer en Anfield con dudas suyas). De Gea, que incluso ha tenido problemas que le pueden obligar a operarse del ojo en verano, se recuperó pronto y esta pasada semana, en Stamford Bridge, volvió a demostrar sus aptitudes y cualidades ante un rival que le exigió en todo momento y ante el que pudo lucirse y tomar confianza.

Le ayudó la fe de Ferguson (siempre lo ha defendido ante los medios como portero en pleno desarrollo, en adaptación a la Premier y con grandes perspectivas de futuro), el empuje de un vestuario que ha salido a dar la cara por el español (sobre todo Owen), y la suerte de una lesión inoportuna en tu enemigo (Lindegaard sabe que ahora va a tener casi imposible recuperar sus opciones). Un calvario que el destino arregló. La sombra y la presión serán siempre gajes del oficio si te vistes de Red Devil.

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