Histórico
14 febrero 2012Jose David López

Leverkusen: La alternativa improductiva

Más de 31.000 millones de ingresos anuales, un beneficio neto progresivo pese a la crisis y considerado ya el principal gigante químico-farmacéutico del planeta. El crecimiento de la industria de la Cuenca del Rhur alemana, generó numerosas poblaciones menores en su entorno y Bayer, buscando exclusividad y una región con buenas infraestructuras encontró en Leverkusen (llamada así por el boticario Carl Leverkus, primer empresario de la comarca) el paraíso ideal para su expansión. En un siglo de vida oficial, sus argumentos empresariales no encuentran paliativos pero para mantener una imagen saludable, básico ante los ataques diarios, el deporte debía ser uno de sus aliados naturales.

Guillermo Hauschild, uno de los primeros trabajadores de Bayer, propuso a su dirección la idea de crear un equipo de fútbol en 1903, cuando el deporte rey empezaba a germinar en la zona. La empresa, formada entonces por sólo 170 empleados (hoy más de 110.000), atendió su propuesta de buen agrado y unos meses después, se aprobó su creación junto a otras actividades deportivas. Se eligieron los colores rojo y blanco por ser los naturales de la empresa pionera de Leverkus y el logo de Bayer, la famosa cruz, les acompañaba en el escudo del recién creado Bayer Leverkusen (tuvo tres nombres en sus primeros años). Vagabundeando por campeonatos regionales y nacionales de nivel inferior, no fue hasta finales de los 70 cuando su papel logró hacerse hueco entre los ‘gigantes’ futbolísticos, iniciando así un crecimiento constante desde entonces, que no encuentra premio en una constante de decepciones sin fin.

Leverkusen era simplemente el epicentro empresarial de una institución poderosa, con la receta mágica del conflictivo ácido acetilsalicílico y que agrupaba gran parte del positivismo económico del país más emergente. Sin embargo, el mundo supo de su existencia balompédica en la temporada mágica de su coronación europea, 1988. Por entonces, el técnico, Erich Ribbeck había logrado cierta regularidad y su proyecto, ya en el tercer año de vida, generaba ilusiones desbordadas, superando con asiduidad a sus principales rivales, Colonia (por cercanía) y Kickers Offenbach (tras un partido polémico y violento en 1980). Una campaña honrosa en zona europea, les metió en la extinta Copa de la UEFA, dejando atrás a clubes como Austria de Viena, Toulouse, Feyenoord, Barcelona, Werder Bremen y ganando al Espanyol en la mítica final de Sarriá. Dos goleadas por cada bando (3-0 y 0-3) y resolución desde el punto de penalti para situar en el mapa a aquél equipo con nombre de ‘aspirina’.

Aún hoy y pese a que desde entonces han sido capaces de ampliar su palmarés con una Copa de Alemania (1993) y rozar el cielo de la Champions League en una histórica final ante el Real Madrid (2002), aquellos mitos del 88 son semi-desconocidos. El brasileño Tita, Falko Gotz, el portero Volborn o los defensores Reinhardt, quedaron para el recuerdo de la ciudad, siendo el mito coreano Cha Bum-Kun el más reputado más de dos décadas después. El equipo ha sido capaz de dejar escapar dos Copas, cuatro Bundesligas desde el segundo escalón y arrastra la mística negativa de ‘Neverkusen’ tras su fatídico final de campaña en 2002 (donde rozó el triplete y quedó a un suspiro de la hazaña).

Pese a la solidez financiera de Bayer, que continúa al frente como principal activo del club en temas extra-deportivos, jamás entró en el juego del mercado de traspasos. Una estricta base que impone reglas para no invertir grandes sumas en mejorar su plantilla, les hace mantener una inmejorable salud económica. Evita, eso sí, que en el Bay Arena disfruten de los mejores cracks del momento. Por ahora, sin necesidad de vender y ampliando alternativas a su equipo con inteligencia sublime, la entidad ha logrado competir cara a cara con los grandes del país y hacerse un nombre respetable en el panorama europeo.

Ahora las estrellas son ejemplos de superación, de crecimiento personal y, desde luego, de adaptación a una personalidad propia. Sidnei Sam es uno de los extremos alemanes de mayor futuro por velocidad y desequilibrio, Schurrle fue la gran aparición el pasado año y ya es internacional germano por su talento puro, Berd Leno el portero revelación del momento en el país y en torno a ellos, comodines de enorme recorrido como Rolfes, Gonzalo Castro, Renato Augusto o Stefan Kiessling. Enorme pegada reflejada en sus grandes números goleadores temporada tras temporada y un estilo que apuesta por la contra y la velocidad en tres cuartos de campo, dan crédito al trabajo elaborado desde hace años, el mismo que nunca más volvió a levantar un título.

La leyenda de ‘Neverkusen’ se cierne nuevamente sobre ellos esta campaña, ya que el recién estrenado proyecto de Robin Dutt (técnico joven llegado desde el Friburgo, donde realizó una gran campaña el curso pasado) parece cuestión de tiempo que vea fin ante la flojísima imagen del equipo en la Bundesliga (sexto actualmente y sin opciones de pelear un título que rozó el pasado año) pese a tener la misma base que tuvo Heynckes a excepción del chileno Arturo Vidal, su gran pérdida. Pero el punto más débil del equipo es la defensa sin ninguna duda, porque no hay un líder, es una línea muy contemplativa, sin demasiada contundencia y expuesta ante los enemigos que tendrá delante. Una merma determinante. Además, aunan serios problemas con la estrella mediática de su equipo, un Ballack casi en el ostracismo, que saldrá este verano del club y donde ha sido criticado por su escasa aportación estos años incluso desde la propia directiva.

Ya era para ellos un buen premio volver a la máxima competición, más aún llegar a esta fase dejando atrás al Valencia en la fase de grupos, porque con los de Emery sí tenían una pelea más equilibrada y competida de la que podrán defender ante el Barcelona. Las bajas de Sam y Derdiyok por sendas lesiones, le hacen ser aún más imprevisible y débil como para enfrentarse con opciones ante un rival como el campeón de Europa y del mundo, claro favorito en la eliminatoria y con capacidad sobrada como para seguir perpetuando las sensaciones amargas del Leverkusen estos meses.

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