Histórico
9 febrero 2012Jose David López

Fulham: Dempsey, el ‘sherrif’ goleador

El reparto llega tarde y la comida estará fría, aunque no lo suficiente como para estropear el único ‘lujo’ semanal del pueblo. Las casas improvisadas, frágiles al viento y básicamente acondicionadas que el estado de Texas había financiado a los menos pudientes de Nacogdoches (pequeña localidad de apenas 30.000 habitantes y famosa por tener más de 10.000 años), se reunían en torno a un televisor en plena calle. Era ‘Super-Sunday’, momento en el que la atención se centraba únicamente en aquella pantalla y en los Dallas Cowboys, club más querido de una zona apasionada con la NFL. A menos de 3 horas en coche, todos se identificaban con los texanos, sobre todo el padre del pueblo, un pequeño líder que había sido estrella universitaria en la comarca y que ahora apodaban el ‘sheriff’.

Sin embargo, ni aquellas cervezas gratuitas ni la comida del asador, lograban atraer la atención de sus dos hijos (tampoco de su hija, para la que ahorraba cada céntimo en su carrera como tenista). Ambos, pasaban las horas disfrutando dos calles al norte. Otra pelota como instrumento, golpes con los pies y miradas críticas de todo aquél que pasaba junto a ellos. Ryan, el mayor, había inculcado sus conocimientos e inquietudes en su hermano menor, Clint, al que el ‘sherrif’ (que lo había llamado así por su amor al western de la época protagonizado por Clint Eastwood) pretendía arrastrar hacia sus debilidades por el fútbol americano, aunque sin suerte alguna. Tachados de ‘extraños’, los hermanos se las ingeniaban para ver fútbol en cualquier esquina. Una tarde veraniega de 1986, con el calor haciéndoles delirar, quedaron prendados de Maradona y Clint Dempsey, de sólo tres años, tenía un nuevo ídolo al que adorar. Allí, lanzaron una promesa, la de convertirse en futbolistas profesionales en Europa.

Precisamente en Dallas, aunque alejado del universo NFL y adentrándose en la MLS, Ryan Dempsey encontró en el extinto Burn (ahora FC Dallas) una prueba para iniciar su deseado sueño. Un par de entrenamientos semanales, sirvieron para hacerle hueco en divisiones inferiores pero Clint, siempre acompañando a su hermano, haciendo malabares y mostrando cualidades en una esquina del terreno de juego, llamó la atención de los entrenadores. Tanto, que lo animaron a unirse al grupo pese a su temprana edad. Sin embargo, los viajes y gastos que la humilde familia del ‘sheriff’ tenía que realizar, obligaron a apoyar a Ryan por ser el mayor y a Jennifer (la hija), que ya empezaba a dejarse notar con su raqueta  en torneos inferiores. Producto de aquellos problemas financieros, el pequeño Clint dejó de asistir a los entrenamientos y ceder su lugar hasta que los padres de varios de sus compañeros de Dallas, conscientes de las aptitudes del chico, pusieron dinero común para empujar a su familia y reactivar la ilusión en un Clint Dempsey que iba a devolver el favor a base de goles.

Tras crecer en categorías inferiores, ser capitán y elegido MVP del campeonato juvenil tejano (se comenta que en ese momento el Arsenal intentó llevárselo pero Clint rechazó), se marchó a seguir progresando en la Universidad de Furman. Dempsey, que ya había llorado cuando conoció de niño el positivo de su ídolo Maradona en el Mundial de USA 94 (dicen que incluso obligó a suspender un viaje que tenía programado para ver a los argentinos en directo), se convirtió en profesional a los 20 años, pero debutando lejos de su ciudad una vez que New England Revolution (equipo de Foxborough, en Massachusetts), lo contrató después de ofrecerle una beca que subvencionaba a toda su familia. Pero Jennifer, su hermana tenista, sufrió una aneurisma cerebral y falleció, con lo que el impacto debilitó enormemente sus aspiraciones, teniendo que frenar unos meses su progresión para reunir fuerzas junto a los suyos. Regresaron al remolque de la casa de sus abuelos en Nacogdoches, sacaron una pelota de futbol y con los mismos niños que antes le miraban de reojo y criticaban sus habilidades, ahora encontraron la calidez necesaria para salir adelante.

Logró adaptarse al primer equipo de New England y tras dos campañas que lo situaron como firme promesa estadounidense (42 goles) y ya internacional yankee, la llamada del Fulham lo iba a reclutar a finalmente a Londres. Pero su proyección tenía mucho margen de mejora. Tras 169 partidos con los de Craven Cottage, Dempsey se ha convertido poco a poco en el jugador más regular, de mayor desequilibrio, de mejores registros y que más impulso ha sido capaz de lograr anualmente para que el singular y simpático club de la capital, haya mantenido sus metas de seguir en la Premier League. Aporta llegada con potencia y gotas de calidad, siempre ha sabido explotar sus recursos en innumerables situaciones tácticas (puesto que puede actuar en banda, de segundo punta o como delantero referencia) y sus goles, nada menos que 42 en Premier y 52 en total, lo han colocado ya como la mayor gloria estadounidense que haya pasado por el fútbol inglés. Su testarazo hace unas semanas ante el Bolton, lo convirtió en el máximo goleador yankee en suelo británico (superando a Brian McBride) y hace apenas unos días también se consagró como el primer estadounidense en marcar un ‘hat´trick’. Todos estos datos lo confirman como jugador más internacional en un país donde ejemplos como él, exigen respeto y seguimiento mayúsculo por el fútbol.

Clint ha conseguido cumplir la promesa de los Dempsey, la de su hermano Ryan, pero sigue luchando por disfrutar de la fama que su hermana dejó a medio camino. Dentro del césped, con cada gol, siempre muestra dedicatoria a Jennifer, mirando al cielo y apuntando al infinito. Fuera, rapeando. Su ‘hobby oculto’ bajo el alias de ‘Deuce’, le sirvió para tener incursiones en el mundo de la música y hasta protagonizar un vídeo promocional de Nike en el que cantaba con ‘Big Hawk’ la canción ‘Don’t Tread’ (la del video). En ella, busca convertir al fútbol en un deporte callejero en los Estados Unidos, pero siempre en memoria de su hermana pues el video acaba con Dempsey colocando una flor en la tumba de Jennifer. Éxito y gloria desde las calles no asfaltadas de Nacogdoches, donde el ‘sherrif’, no para de marcar goles…

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