Histórico
20 febrero 2012Jose David López

CSKA Moscú: Improvisación sin base

El formato se actualizó, los participantes se regularon y el dinero, aunque muy poco a poco, fue fortaleciendo las bases de un proyecto que ahora, casi dos décadas después, muestra la progresión deseada. La Premier League Rusa se convirtió en ese campeonato secundario pero atractivo cuando se profesionalizó en 1992, arrastrando a su fútbol los efectos de la desaparición de la URSS. Porque el fin del primer estado comunista, descompuso sus bases futbolísticas y a pesar de no haber llegado a la cima jamás, el respeto que emanaban los estilosos jugadores soviéticos, sí había logrado invadir nuestros pensamientos más románticos.

Pero tras disolverse el arcaico torneo previo, las nuevas bases gestaron un único club poderoso (sin los clubes ucranianos ni bielorrusos), que leyó mejor que nadie las nuevas intenciones y estructuró su cantera conforme al momento, el Spartak de Moscú de los georgianos, ucranianos o uzbecos. Con el nuevo siglo, subió el precio del barril del petróleo y el Kremlin era heredado por Boris Yeltsin, con lo que Rusia renació en torno al dinero de unos cuantos avispados inversores que pasaron a ser millonarios en tiempo record. Su fútbol, como movimiento ideal de los oligarcas para constatar sus fortunas, se aprovechó de ello y ese ‘renacer’ llegó con celeridad al CSKA de Moscú gracias a Sibneft (líder energético en manos de Roman Abramovich). Los réditos, inmediatos, tres Ligas y una Copa de la UEFA (2005) que confirmaba el poderío de la nueva madre Rusia.

Aquella noche lisboeta fue el aviso definitivo del regreso a la élite de una serie de clubes que reflejan esa progresión y que siguen trabajando para recortar las distancias respecto a los grandes clubes europeos. Aunque las ventas han empezado a destrozar sus planes (algo que controlaban mejor en los últimos años debido a las altas fichas de sus mejores jugadores), los negocios extra-deportivos dan más poderío financiero a clubes-empresas financiados como marionetas por sus jefes, auténticos emperadores del petróleo, electricidad o metalurgia.

El equipo moscovita, pese a todo, ha cambiado drásticamente su proyecto deportivo en los últimos años. El éxito llegó de la mano de su último gran mito, el técnico más idolatrado y querido, Valery Gazzaev. Desde entonces, la falta de talante y jerarquía es la dinámica que no lograron soportar Zico o Juande Ramos, cuyo paso efímero reflejó así mismo la poca paciencia existente ya en un club que debe ganar bajo cualquier concepto el título nacional. Su improvisado sustituto, el ruso Leonid Slutskiy (Viktor Onopko como segundo entrenador) siguió en un cargo que mantiene hace dos años y medio. Aunque su plantilla tiene una base pre-estabecida hace años que actúa como raíz vital perenne, es cierto que sus iconos han ido dejando hueco a ‘experimentos’ extranjeros que no siempre han tenido éxito y que aún hoy esperan explotar.

Los brasileños referencia en los éxitos de principios de siglo (Daniel Carvalho, Vágner Love o Dudú), emigraron poco a poco en cesiones y ventas por la puerta de atrás, siendo Jo el que más dinero dejó en las arcas de un CSKA que ahora prefiere apostar por la cantera y por cracks de campeonato menores como demuestran los últimos en ir llegando al grupo. Desde aciertos que esperan salir del frío moscovita cuanto antes como Keisuke Honda o Doumbia, hasta imprevisibles como Mark González o fracasos como Necid o Tosic. El parón invernal de su campeonato (este año mucho más largo debido a la adaptación al calendario occidental que están llevando a cabo de cara a la próxima campaña), ha provocado más cambios como la importante salida de uno de sus iconos, Vagner Love. En su lugar, la apuesta vuelve a ser la de intentar ser trampolín a jóvenes que aporten y exploten en un entorno poco hostil pero de buenas nóminas y nivel accesible. Entran en esa lista el sueco Wernbloom (centrocampista adaptable a banda diestra), el potente Musa para su delantera y los proyectos experimentales de Ing-Sung Kim (interior) o Ricardo Jesús (delantero).

Los Koni tienen, pese a todo, dos bazas a su favor en el partido de ida en Moscú. La primera habla de frío, de grados bajo cero. La segunda tiene más protagonismo deportivo porque no podemos ignorar que la superficie del estadio Luzhnikí es de césped artificial, algo que no suele gustar a los futbolistas en las primeras tomas de contacto aunque tampoco es lo habitual para este CSKa que en su campeonato no juega en este escenario. Slutskiy intentará recuperar la mejor cara del CSKA. Un conjunto con buenos aportes ofensivos, muy débil en defensa, solo atrevido en ataque cuando es capaz de asociarse con su enganche para lanzar la velocidad de sus potentes delanteros y con una falta de ritmo competitivo evidente después de haber estado en España preparando la segunda vuelta de la Premier Rusa y esta eliminatoria.

Dzagoev aporta la magia, el temple, la finalización con calidad y el talento, algo que en idénticas cantidades pero con el problema de haber estado lesionado varios meses, debería continuar el japonés Honda (su estrella internacional y jugador más cotizado en el mercado). La explosividad y potencial enérgico de sus delanteros, el recién llegado Musa y sobre todo el costamarfileño Doumbia como killer del equipo, son otra de sus puntos fuertes, aunque en demasiadas ocasiones pasan desapercibidos ante la nula capacidad de conexión entre líneas para administrarles ocasiones.

Su gran debilidad, algo que perdura durante años y para lo que no parecen tener intenciones de buscar remedio pese al dinero acumulado en sus arcas, es su extrema fragilidad defensiva. La posible aparición del internacional Akinfeev bajo palos tras una larguísima lesión, sería su única noticia positiva (de lo contrario jugaría Chepchugov). Los dubitativos hermanos Berezoutski y el intocable Ignashevich (casi siempre juegan en línea de tres), han dejado un cúmulo de errores pese a ser fijos en los esquemas desde hace casi una década también a nivel de selección. Lentitud y muy cuestionable ante clubes de primer potencial. Una medular con dos trabajadores guardando posición y destruyendo al rival es lo habitual, siendo ese rol para Mamaev y Aldonin, que parecen haber ganado la plaza a Semberas y Rahimic. El recientemente contratado Wernbloom, podría tener protagonismo en esas labores aunque puede adaptarse a banda diestra con su capacidad de trabajo.

Pese a haber sido capaz de desmontar el Camp Nou en una desastrosa noche culé en 1992 y sorprender al mejor Sevilla europeo de a historia hace solo un año y medio, el Real Madrid es claro favorito de cara a cuartos de final. Un rival accesible, falto de nivel competitivo, sin actividad de exigencia en las últimas semanas y con cambio de jugadores en alguna posición determinante. Los Koni saben que el ‘milagro’ sería incomparable…

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