Con toda la pasión del fútbol inglés de antaño y en el mejor escenario posible, un humilde galés (Cardiff) se rompió el pecho para hacer historia ante el necesitado ‘gigante’ (Liverpool) y estuvo a un instante de lograrlo en una excitante final de Carling Cup. La heroicidad empezó cuando Mason otorgó alicientes a la finalísima, creando temor a los Reds hasta que Skrtel lo igualó. Obligados a dividir la equidad en la prórroga, Kuyt parecía encarrilar los escalones hacia el título pero en el último instante, Turner alargaba la agonía y daba esperanzas de tintes míticos.
En la tanda de penaltis, con muchos errores (3-2 final en diez lanzamientos), el guión quiso que Anthony Gerrard (primo de Steven Gerrard, que a su vez había errado su disparo), fuera el protagonista negativo y cerrara la sequía del Liverpool. Seis años sin ganar un título y una celebración que reflejaba la enorme necesidad del proyecto.



















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