Histórico
7 enero 2012Jose David López

Sporting de Lisboa: El león asustadizo

Eterna oposición de dos voluntades u opiniones, pocas veces logra imponer su teoría, estira sus esperanzas en demasía y acaba languideciendo a la sombra de los gigantes. Es el mejor actor de reparto entre los guiones exitosos de sus oscarizados contrincantes, renueva expectativas con el sol veraniego para ir perdiéndolas contradictoriamente con el frío invernal y sólo muy de vez en cuando, grita más alto que sus ‘vecinos’. Romper el fuego del dragón del norte (Oporto) y el vuelo del águila limítrofe (Benfica) en un mismo intento anual, es una premisa tan frecuente como anómala para el león. Y es que en las últimas dos décadas, el Sporting de Lisboa sólo ha sido capaz de imponerse a sus temores en dos ocasiones, perdiendo una batalla que debilitó su identidad, otrora competitiva.

Mantiene la fuerza social suficiente (el José Alvalade sigue teniendo fe en los proyectos pese a los golpes recibidos), está obligado a renovarse temporalmente por la incapacidad natural del campeonato (al igual que ocurre con sus enemigos, debilitados por el potencial extranjero) y aún desafía los instintos del hábitat en cuanto la ocasión lo permite. En ese estatus oficioso de ‘tercero en discordia’, el Sporting de Lisboa ha sabido encontrar, pese a todo, un entorno afable para regenerarse y elegir el camino correcto sin presiones. Aprovechar la aparición de un joven inteligente en los banquillos como Domingos Paciencia (dispuesto a progresar arriesgando en un reto como el leonino), era la primera medida para intentar torpedear el razonamiento actual pues el León verdiblando ya se cansó de ser la alternativa. Ahora, quiere ser protagonista.

Y basta recordar el último gran año competitivo de los Verde-e-Brancos, el ‘triplete’ de 2002, para descifrar una de las bases de sus dificultades. El club inició poco antes un proceso de modernización dinámica para racionalizar sus recursos y optimizar sus finanzas para no hipotecar el futuro del club. Se aprobaron nuevos estatutos, nuevas bases y se convirtió en SAD incluso saliendo a bolsa justo cuando el nuevo José Alvalade estaba a punto de estrenarse. Aquella regularidad institucional sí encontró respuesta inmediata en la plantilla, que en aquél equipo tri-campeón contaba con un killer como Mario Jardel que acabó siendo Bota de Oro (adquirido por 5 millones al Galatasaray) y siete internacional (Nelson, Beto, Rui Jorge, Hugo Viana, Paulo Bento, Joao Pinto y Pedro Barbosa), que lo convirtieron en el club que más aportó a la selección lusa en el Mundial de ese verano. Pero sobre todo, se inauguró la nueva academia del club, un escalón absolutamente determinante para la considerada como mejor cantera del país. Su importancia es tan vital, que esa misma temporada habían ascendido al primer equipo chicos tales como Cristiano Ronaldo, Ricardo Quaresma o Carlos Martins.

Pero ni los tres citados ni otros ejemplos de carácter vital, tuvieron la necesaria proyección en el imponente José Alvalade, que no pudo mantener la línea victoriosa y empezó a contar por decenas los fichajes que llegaban sin cesar a sus pasillos. Desde ese año 2003 hasta hoy, sin haber transcurrido aún una década, el Sporting de Lisboa ha contratado-ascendido 216 jugadores y salvo excepciones puntuales en varios canteranos (Veloso, Djaló, Rui Patricio o Moutinho) que dieron un respiro en sensaciones (que no en resultados), los fracasos mercantiles han sido estrepitosos. Renovación constante de vestuario, caras nuevas, sistemas tácticos, entrenadores desquiciados (sólo un par de campañas con Paulo Bento parecieron atisbar nuevos aires reales) y un global ‘podrido’, que empequeñeció a los sportinguistas hasta llevarlos al papel de reparto del que ahora pretenden evadirse.

Este verano la apuesta volvía a ser novedosa, pero con mayores perspectivas de futuro a medio plazo y con la sobriedad que aseguraba un entrenador de ideales contrastados. Domingos Paciencia (sólo ensombrecido por la larga alfombra roja de Villas-Boas también en el fútbol portugués), daba un paso adelante en una carrera bien fundamentada, sin prisas y con la solidez de quien conoce a la perfección los límites de su hábitat. Tras alcanzar posiciones impensables con el Sporting de Braga, colocarlo en Champions y situarlo en la final de la Europa League, entendió que sus retos en ‘Los Guerreros do Minho’ habían tocado cima. La necesidad imperiosa por recuperar la identidad del ‘León sportinguista’, le pareció la ambición más atractiva a la que dedicarse. Con apenas media campaña en su haber, ha otorgado estabilidad integral al club y ha traspasado esas impresiones a lo deportivo, manteniendo la pugna liguera con sus históricos rivales (Oporto-Benfica), como hacía tiempo no lograba y aun vivo en Europa.

Todo el atrevimiento de sus primeros meses en Braga, reproducídos fielmente en Lisboa pues ‘su’ Sporting es alegre, de conceptos atractivos y personalidad sólida, aunque absolutamente mudable. A domicilio vuelve a mostrar su fragilidad a planteamientos desequilibrantes, prefiere armarse defensivamente y reflejar esa perfecta analogía respecto a sus últimos años dubitativos. Más allá de lesiones puntuales que han impedido que algunos de sus jugadores más interesantes hayan encontrado momentos de lucidez (Jefren, Matías Fernández, Alberto Rodríguez o Izmailov), sí están respondiendo positivamente los que ya forman su columna vertebral: Rui Patricio en portería, el incombustible Joao Pereira, Stijn Schaars en la medular organizativa (el jugador más importante), Capel como elemento desequilibrante y Ricky van Wolfswinkel como goleador (suma siete dianas ligueras). Ellos y las aportaciones de Carriço, Insúa o Elías, otorgan una nueva esperanza en un club que, pese a todo, sigue siendo una acumulación anual de mutaciones e improvisaciones en busca de la fórmula salvavidas. Esa, que de nuevo este sábado ante el Oporto, les confiera una primicia para dejar de ser, al menos durante unas horas, el león asustadizo.

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